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Adela Navarro Bello

Observados

En los próximos meses, los gobernantes electos comenzarán a proporcionar, de manera oficial y no tanto, los nombres de quienes serán sus principales colaboradores en los gobiernos que iniciarán en el tercer trimestre de este 2007.

No será cosa fácil. En manos de quién quedarán los bajacalifornianos es un asunto que preocupa y mucho, luego de transcurridas las elecciones. Una cosa es el voto ciudadano que se proporcionó, se contabilizó y se validó, y otra, muy distinta, los nombramientos que los electos hagan para entregarles oficina, proyectos y sobre todo, presupuesto.

Quizá los cinco Alcaldes electos y el Gobernador ganador, deberían considerar al momento de otorgar sus nombramientos, que el Gobierno no les pertenece y mucho menos el dinero de la población. Que están ahí para administrar en un tiempo determinado y en un espacio específico. También considerar que la calidad de sus funcionarios será el reflejo de su personalidad en la administración pública.

Es hasta cierto punto delicado ver por ejemplo, a los orquestadores de la campaña de Jorge Ramos, sentados con los funcionarios que fueron en la administración de Jesús González Reyes. El mismo que “entregó” el Ayuntamiento a Jorge Hank después de su polémica Presidencia Municipal, y sobre quien pesan no pocos señalamientos y presunciones de corrupción, intereses en muchos negocios desarrollados a la sombra del Ayuntamiento y un no muy buen equipo.

Aun cuando Ramos ha dicho que las riendas de su gobierno las llevará él, nombrar a funcionarios del trienio de González como propios, será signo de que el PAN no entendió ni la derrota del 2004, ni la segunda y probablemente última oportunidad que se le dio al instituto y a su candidato en Tijuana.

José Guadalupe Osuna Millán, más conservador en su hablar, adelantó la probabilidad de que varios funcionarios del Gobierno de Eugenio Elorduy repitan en su posición. Obviamente no se refirió al Procurador Antonio Martínez Luna, de quien muchos, extraños y no tanto, incluido él, están esperando que abandone la posición en la que después de seis años, no pudo controlar la inseguridad y mucho menos, avanzar en la procuración de justicia para los bajacalifornianos.

Sobre el dicho de Osuna en relación a algunos de los actuales funcionarios, también pesaría la presunción de una perpetuación en el poder por parte de los elorduyistas. Todos los funcionarios de Don Eugenio lo son, dado que no es fácil trabajar con este hombre que bien a bien no ha resaltado ni de cerca como el mejor Gobernador que Baja California haya tenido.

Incluir en un nuevo gobierno a funcionarios del inmediato anterior, se percibe como un pago de favor a quienes desde esa cúpula ayudaron en la campaña cuando la Ley lo sanciona. Osuna Millán y Ramos Hernández no pueden ni deben caer en el error de convertirse en títeres de gobiernos pasados, y mucho menos, fallarle a la ciudadanía otorgando cargos a colaboradores que, está documentado, no son los adecuados.

Hugo Torres Chabert tendrá un serio problema en Rosarito. No será fácil darle trabajo a tanto priísta derrotado el 5 de agosto. Sobre todo, porque si perdieron (ciertamente por el efecto Hank) también algo tuvo que ver las malas decisiones administrativas que tomaron en Tijuana. Pero siendo Hugo el único triunfador, las cuotas de campaña deberán facturarse en el Ayuntamiento de Rosarito.

Rodolfo Valdez es punto y aparte. Panista hasta el extremo, con ideas sólidas de lo que debe ser un gobierno, no compartirá el poder. Claro que esto tampoco es sinónimo de un buen gobierno, pero un hecho será que Valdez Gutiérrez no se pondrá a las órdenes de nadie.

La Ensenada de Pablo Alejo López Núñez tiene tantos problemas con todos los partidos y todos los presupuestos, que lo difícil será hacer un buen gobierno. Limitado por propios y extraños, el gobierno del Puerto es sin duda el más difícil. En iguales circunstancias se encuentra Luis Donaldo Peñalosa en Tecate: Sin dinero, sin estructura y con muchos problemas de solvencia. “Pueblo chico, infierno grande”.

Los seis gobernantes electos pues, serán harto observados en los meses siguientes y durante sus respectivas administraciones. Esta oportunidad que se les ha dado, por última vez a los panistas, por primera vez a los priístas en Rosarito, no será un asunto para olvidar.

Luego de la tempestad de la campaña política, la grilla electoral y las impugnaciones de quienes no saben perder, los gobernantes electos están obligados a ponerse a trabajar en el bien de la administración pública del estado. De lo contrario, no tendrán un tranquilo periodo.

Muy observados serán.


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