Bloc Party
“A Weekend in the City” es un álbum oscuro, etéreo, ecléctico y difícil de digerir, pero no carente de energía
Rodolfo del Ángel Morales
Al principio de su carrera, a Bloc Party se le emparentó con los escoceses Franz Ferdinand, en ese denodado afán de la prensa británica por buscar de inmediato reemplazo a quien todavía no está muerto.
Pero los londinenses se desmarcaron con prontitud, demostrando en su debut, “Silent Alarm” (V2, 2005), que poseían un estilo propio que no necesitaba de referentes para alcanzar el éxito. Y lo consiguieron, obteniendo grandes críticas y alcanzando los primeros puestos en las listas de su país. Con temas tan incontestables como “Like Eating Glass”, “Helicopter” o “Banquet”, muy mal se tenían que dar las cosas para que no fuera así.
Haciendo de lado cualquier conclusión, durante todo este año Bloc Party se las ingenió para dar de qué hablar con ese disco. No habría segunda parte de “Silent Alarm”, ya que las coordenadas de “A Weekend in the City” no se asemejan en lo más mínimo a las del premiado disco blanco. Los tintes de diversión y desenfreno incluidos en su predecesor, han sido cambiados por líricas sumamente agudas y amargas. Aquí denota que el exceso de glamour y desenfrenos vividos en las giras anteriores, los hizo entrar en conciencia -densa-.
En esta producción hay una amplitud de horizontes mucho más detallada y que puede no ser reconocida en la inicial “Song for Clay”, portante de una energía épica que rememora bastante a unos entusiastas Muse en los tiempos de “Origin of Symmetry”, sin llegar a ser una mala fotocopia, pero es imposible no hacer un paralelo con el trío de “Mr. Bellamy”.
Las primeras distinciones acerca de esta evolución señalada anteriormente, comienzan a situarse en “Hunting for Witches”, y es a partir de este corte donde se agudizan notorios cambios en este Bloc Party versión 2007. En este pasaje, Kele Okereke parece tomarse más a pecho que nunca su condición de inmigrante de segunda generación (nigeriano) con un puñado de frases esquizofrénicas, como “Im sitting in a roof of the house with a shotgun”, aluden el macabro entorno que rodea Londres desde los atentados del 7/7 y toda la xenofobia hacia cualquier foráneo.
“A Weekend in the City” es un disco oscuro, etéreo, ecléctico y difícil de digerir, pero al menos es un cambio más que refrescante, que esfumó hasta la más mínima huella de alegría y despreocupación evidenciados en “Silent Alarm”. Un espejo lírico y amargo que adentra un poco en la realidad de la ciudad más cosmopolita del viejo continente. Bloc Party sube con creces sus bonos con este trabajo. Tal vez no se le haga justicia de manera inmediata, pero bien les podría suceder lo que a sus coterráneos de Blur y se transformen en una agrupación de culto con recelo en sus fanáticos, para no ser “carbonizados” por la gran industria del entretenimiento.
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