¿Qué “jáis”?
Contrariedadez | Raúl Paredes y Hernández
Si alguien es capaz de informarme de dónde viene este vocablo, “no me daré por mal servido…” Sonó a “sugerencia” de funcionario (pero de los de hace mucho…)
No, no lo tome a mal; le quedaré profundamente agradecido pues no tengo la más mínima idea de dónde sale.
Desde que éramos chicos la usábamos con múltiples interpretaciones. Lo mismo era para “echarnos una brava”, que para “arrojarle los perros” a alguna muchachona o, como es el caso de hoy, que el interlocutor nos sacara de duda sobre que pretendía con alguna acción o dicho que no habíamos entendido bien a bien.
–¿Qué jáis?, le preguntábamos…
El caso es que con tal pregunta, obteníamos la respuesta, aunque en muchas ocasiones era el trenzarnos a puñetazos “a la salida…”. En nuestro caso la respuesta era: “nos vemos en el monumento…” y la reyerta tenía lugar en el monumento a la Revolución, pues la escuela, en la Ciudad de México, se hallaba por el rumbo.
¿Pleitos famosos? El de Villa con José Kamel. Otro, el de Pérez Lemus, a quien apodábamos El Pistolero (imagínese cómo andaba la cosa), con otros dos, a quienes hizo correr. Hubo varios pleitos con “Bonifacio (sin apellido)” como protagonista, pero con él no llegábamos al monumento pues todo era gritarle –¡ciego! – que se quitaba tamaños lentes y ahí mismo “le surtía” a quien estuviera cerca.
Bueno, mientras encuentro la procedencia del jáis, tengo que aclarar a más de uno de mis lectores el porqué de mi insistencia en tratar, en este espacio, el tema de la vivienda.
Como le digo, son varios los que me ha preguntado: –Bueno, sí, pero ¿qué jáis…?
“¿Qué pretendes con tres artículos seguidos sobre el tema, además de otros muchos en que ya lo has abordado? Ahora, para refresco, nos transcribes documentos que te envían otros lectores y te evitas el tener que pensar tus propias ideas…”
Mire, ofrezco una disculpa, pero le trataré de explicar…
Ante todo algo de historia. El Programa Financiero de Vivienda (con lo que, creo, empezó todo esto) buscaba la participación de los bancos en el financiamiento a los adquirentes de su “primera casa”. El FOVI tenía como principal objetivo convencer a los financieros de ayudar a la clase necesitada que nunca antes había entrado a “pedir” a un banco, pero que en muchos de los casos sí tenía sus pequeños ahorros en dichas instituciones. Esto fue por el año 1966.
Las normas técnicas obligaban a que las dimensiones de los lotes no fueran inferiores a 120 metros, y la casa ofreciera, cuando menos, 14 metros por habitante, es decir unos 60 metros cuadrados.
El tipo de interés debiera de ser del 8 por ciento y plazos de 10 ó 15 años.
Hasta aquí en forma muy, muy, resumida.
El gobierno, vía FOVI, celosamente vigilaba el cumplimiento exacto de estas normas. Se trataba de dotar de vivienda a quien nunca antes había tenido una.
Los bancos se rehusaron y sólo algunos de ellos crearon departamentos especializados para incursionar en esta aventura: prestarle a quien hasta entonces no era considerado “sujeto de crédito”.
Han pasado muchos años.
Lo que fue una casi obligación –pues dicho dinero no podría haberse destinado a otro tipo de créditos– de repente se volvió un “atractivo” para la banca pues la liberaron de normas técnicas (las viviendas andan a hora en 35 metros con 49 de terreno) y el tipo de interés anda cerca del 13 y sin vigilancia en las comisiones adicionales que cobran…
Usada “la vivienda” como “tema de campaña” de gobiernos y candidatos, el mismo gobierno ha tenido que liberar a la vez las condicionantes técnicas impuestas a los permisos de construcción, así como hacerse de la “vista gorda” con las acciones del FOVI, y la banca…\Tanta importancia ha tomado la inversión en vivienda que Usted lo podrá apreciar en el siguiente resumen; mire:
Para que un millón de mexicanos compren su casa (como insiste en promover el gobierno) este año se requiere que alguien les preste unos 20 mil millones de dólares (Mire: TODO el presupuesto nacional de este año equivale a 205 mil millones de dólares) Es decir, un millón de familias adquirirán una deuda del diez por ciento del presupuesto de todo el país.
Por esta deuda vendrán (vendremos) pagando unos 60 mil millones de dólares, al cabo del plazo (25 años promedio).
Para que se “dé un quemón” déjeme decirle que a una institución como PEMEX o la CFE, les damos, de nuestros impuestos, el equivalente a únicamente unos tres mil millones de dólares cada año. Esto es para hacer nuevas perforaciones o presas o cualquier proyecto de ese tipo. ¡La décima parte de lo que invertimos en hacer casitas!
¿Lo cree Usted razonable?
Porque, Usted lo sabe, dichas casitas no proporcionan vialidades, ni mayores beneficios a las ciudades –y difícilmente a quien las adquiere.
Ahora, mire, pese a lo que diga Elorduy y otros, las casas no las hace el gobierno, las hacemos, en colaboración con los llamados “promotores”, Usted y yo con nuestro dinero y con ¡nuestra enorme deuda con los banqueros!
Seguiré como la mosca: friegue y friegue…
Raúl Paredes y Hernández es ingeniero civil y reside en Tijuana, B. C.
Correo electrónico: raul3824@prodigy.net.mx
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