Una leyenda del ring
A pesar de estar alejado de los gimnasios y mostrar una evidente falta de condición física, Perro Aguayo se enfrascó, como en los viejos tiempos, con sus eternos enemigos, al grado de salir de la lucha sangrando, luego de enfrentar a los hermanos Dinamita.
Marcos A. Angulo Alvarez
Por más de 30 años fue un icono de la Lucha Libre en México. Su estilo, entrega y pasión denotada arriba del ring, lo convirtieron en uno de los consentidos de la afición.
Tras su retiro de casi siete años de los cuadriláteros, Don Pedro “Perro” Aguayo decidió sorpresivamente regresar a lo que más ama, y luchar una vez más.
El pasado viernes 24 de agosto, el “Can” de Nochistlán, Zacatecas abandonó el descanso y reapareció en el Auditorio Municipal “Fausto Gutiérrez Moreno” sólo para enfrentarse a quienes por un gran tiempo de su carrera fueron sus archirrivales: Los Hermanos Dinamita, Máscara Año 2000 y Universo 2000.
Perro Aguayo fue acompañado en la esquina técnica por unos de sus mejores aliados, Rayo de Jalisco, con quien encaró duras batallas a lo largo de su carrera.
Más de tres mil aficionados se dieron cita en el recinto de los gladiadores para ver el regreso del perro consentido de México.
A pesar de estar alejado de los gimnasios y mostrar una evidente falta de condición física, Don Pedro se enfrascó como en los viejos tiempos con sus eternos enemigos, al grado de salir de la lucha sangrando, debido a los fuertes golpes y sillazos que le propinaron.
Al final de la contienda y con el rostro ensangrentado, Aguayo se dio tiempo de platicar con ZETA sobre su inesperado regreso al ring, luego de su retiro en el año 2001.
“Pues solamente regreso para esta lucha, ya que quería callar algunas bocas muy habladoras, como las de los (Hermanos) Dinamita.
“La verdad que hice esto en contra de mi familia, porque ellos no quieren que luche, ya que tengo el cuerpo hecho pedazos, pero lo más importante es que el corazón todavía no me lo despedazan. Es más, si ellos quieren apostar la cabellera, nos la echamos”, dijo Don Pedro, mientras era atendido por el médico.
El gran Perro se mostró contento por la respuesta del público tijuanense.
“Me sentí muy bien con mi público y les doy las gracias a todos por su apoyo. Qué padre es que a pesar de haber estado casi siete años fuera sin entrar a una lucha, no se olvidan de uno, y eso se agradece muchísimo.
“Cuando me fui, lo hice queriéndolos, y siempre les digo que los quiero un chingo de corazón y los seguiré queriendo”, declaró.
La historia del “Can de Nochistlán” dentro de los cuadriláteros comienza en la década de los setenta, pero no precisamente como luchador, sino como boxeador, ya que al principio de su carrera entrenaba para ser pugilista, hasta que cierto día se dio cuenta de que en el mundo de los puños no tenía futuro y decidió colgar los guantes para siempre. Poco tiempo después, el 10 de mayo de 1970, hace su debut.
En sus tres décadas como gladiador, el “Perro” escenificó batallas sangrientas con Sangre Chicana, Scorpio, Gran Markus y la última de ellas con Konnan (Carlos Santiago Espada), a quien le quitó la máscara en la Arena México en 1991.
En su carrera sumó una gran cantidad de máscaras y cabelleras.
Entre las entidades que destapó sobresalen, además de Konnan, la de Máscara Año 2000 y Stuka, mientras que a Tony Salazar, Negro Navarro, El Texano, Sangre Chicana, Scorpio, Gran Markus, El Cobarde, Bestia Salvaje y Cien Caras, los rapó.
Al mismo tiempo, Don Pedro fue varias veces campeón mundial en diversas divisiones.
Tal como todo en la vida, lo que empieza tiene que acabar, la carrera del gran Perro finalizó en el mes de marzo de 2001, cuando en su última batalla se midió ante Universo 2000, tras una serie de enfrentamientos previos.
El Perro Aguayo se despidió de una manera que nadie hubiera querido, con una derrota y perdiendo la cabellera ante el menor de la dinastía de los Dinamita.
“Recuerdo muy bien esa noche, ha sido el día más oscuro que he tenido. Me ganó a la mala con un martinete y hasta me lastimó, pero yo había prometido que me retiraría y así fue”, señaló el gladiador.
Pero el destino de Don Pedro ya estaba escrito y en él se marcaba el camino que sigue su hijo, del mismo nombre, quien actualmente goza del mejor momento de su carrera.
“Sinceramente estoy muy orgulloso de mi hijo, porque a pesar de su corta edad, está teniendo un gran momento en su vida. Desde que era pequeño se la pasaba a mi lado e iba para todas partes conmigo, hasta entrenaba en el gimnasio”, explicó.
Hoy, con todo y sus más de 60 años encima, Perro Aguayo volvió a subir al ring y se ha despedido, recalcando que mientras el público lo apoye, su posibilidad de regresar sigue latente.
“Sé que el tiempo pasa y voy a morir algún día, pero de hacerlo, quisiera que fuera luchando arriba de un ring, porque es lo que amo y es mi vida. Mientras haya gente que esté conmigo y grite mi nombre, yo seguiré luchando”, finalizó.
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