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Pan y Zirco
Juan Carlos Domínguez
Cuánto hemos avanzado en Libertad de Expresión. Épocas pasadas fueron como de ambiente inquisitorial para los periodistas y medios más “atrevidos”. Pero no, que el agradecimiento no nos ciegue del mundo real. Baste leer un somero reporte de, por ejemplo, nada más los primeros días del mes de agosto, para que se nos vaya el gozo al pozo. Y nos orille a reflexionar.
Son unos metiches esos periodistas, argumentaron agentes federales y elementos del ejército contra dos reporteros del periódico Zócalo, uno de La Voz, otro del Canal 4; medios de Monclova, Coahuila, quienes el 6 de agosto a bordo de autos propiedad de sus medios cubrían ciertas notas, pero en el camino se encontraron con un convoy militar y de la Agencia Federal de Investigación, y por lógica del oficio, los siguieron, para ver de qué se trataba. Los elementos policíacos cubrían un operativo contra el narcomenudeo pero les molestó que los periodistas buscaran la noticia. Resultado: los agredieron verbalmente y les sembraron drogas y armas en sus automóviles. Ahora los comunicadores están sujetos a averiguación —por delitos contra la salud— ante el Ministerio Público Federal, a la vez de estar amenazados de que se les encarcelará, aunque hayan pagado, aparte, 10 mil pesos de fianza.
“Para que aprendas a ver lo que escribes y de quién escribes, ya te chingaste pinche gordito…”, le gritaron al periodista Ricardo González, corresponsal de La Jornada en Tlapa, Guerrero, mientras seis policías ministeriales lo sacaban a rastras de su domicilio particular, el 4 de agosto pasado. Su delito: haber señalado irregularidades cometidas por Tomás Herrera Basurto, comandante de la Policía Ministerial. El periodista ahora enfrenta una acusación por “abuso de confianza”, además de una recuperación lenta tras la cirugía de emergencia a la que fue sometido por destronamiento de los tendones de las manos, saldo de la “advertencia”.
Nomás tres tiros le dio… bueno, le dispararon cinco pero nomás atinaron tres, que fueron a dar al muslo, brazo y torso de Alberto Fernández Portilla, director de la publicación oaxaqueña El Semanario. Al grito de “!No te metas con nuestro líder!”, el periodista fue balaceado afuera de su casa por un desconocido que portaba una 9mm. Eso el 4 de agosto, después de que Fernández publicó sobre actos de corrupción en PEMEX y su sindicato local en Oaxaca.
El miedo no anda en burro, dicen, y el que siente pasos en la azotea es Martín Serrano Herrera, propietario de Diario Tribuna, de Xalapa, Veracruz, quien a través de la Comisión Estatal de Derechos Humanos ha solicitado seguridad para él, su familia y sus empleados. El periodista se ha percatado de cómo algunos desconocidos le han tomado fotografías con un teléfono celular, además de recibir amenazas anónimas. Derivado de su trabajo, Serrano afirma conocer bien de dónde vienen los agravios: el Procurador de Justicia de ese Estado, así como del ex gobernador Miguel Alemán Velasco, y el actual mandatario estatal Fidel Herrera Beltrán.
Ya empieza a haber justicia, lindo caso. El 16 de agosto la Procuraduría General de la República, aprehendió a Demetrio Pineda Ibarra, quien el año pasado, por medio del correo electrónico, llenó de insultos y hasta amenazas de muerte a la periodista Dolores de la Rosa Sabre, mejor conocida como Lolita de la Vega. Se aplicaron re´bien las autoridades, pudieron rastrear el origen de los emails y fueron a dar hasta un poblado de Michoacán, donde atraparon al sujeto ahora hospedado en el Reclusorio Norte de la Ciudad de México. La Fiscalía Especial de Atención a Delitos Cometidos contra Periodistas (FEADP) fue creada en febrero del 2006 y este caso es el primero que tras una denuncia por delitos contra comunicadores concluye con un detenido (con nombre y apellido). Gran avance, ¿no es para regocijarse, acaso?
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