|
|
 |
 |
Adela Navarro Bello
Blanca Nieves
“¡Hi ho, hi ho, hi ho…vamos a gobernar!”, se escucha constantemente en los pasillos de las oficinas del Partido Acción Nacional y las propias de José Guadalupe Osuna Millán. Tan fuerte es el cantar y el sentimiento de los cantores, que al “Lupillo” (Gobernador electo) ya le apodan el “Blanca Nieves”. La razón es sencilla: Lo ven rodeado de puro enano. Más de siete, eso sí.
Es una pena, una lástima, una desgracia, que habiendo tanto bajacaliforniano preparado, profesional, inteligente, decente, con prestigio e ideas, el futuro Gobernador de Baja California se rodee de los “mismos panistas de siempre”. Los que descubrieron el presupuesto hace algunos años y no lo quieren soltar, los que sin el hueso de la nómina gubernamental no son nada (o consultores o asesores, que para el caso es lo mismo).
“Blanca Nieves”, a. k. a. “Lupillo”, a. k. a. José Guadalupe Osuna Millán, debería corresponder al apoyo ciudadano durante la jornada electoral, ciudadanizando también su equipo de colaboradores.
Aún cuando no ha definido quiénes ni en dónde lo acompañarán en el gabinete, el círculo del Gobernador electo está cada vez más cerrado. En una parodia de lo que fue el trienio sustituto de Alejandro González Alcocer, parece que en el primer cuadro de colaboradores de Osuna, no se aceptan personas capaces, ni con criterio ni valía profesional y ciudadana.
Baste observar su equipo de transición para darse cuenta de los amarres que ya trae con ciertas corrientes del PAN en Baja California. Todos los que, asumen, llegarán a una posición en el próximo gobierno, vienen de sectores radicales del partido unos, y otros como pago de facturas políticas internas.
Los profesionales sin partido, aquellos que han colaborado con uno y otro gobierno de distintos partidos, otros que se precian de tener reconocimientos y experiencia, no han sido llamados. No se les ve en las cercanías de la cúpula de la próxima administración de Baja California.
En cierto punto de su campaña, Osuna Millán cerró su círculo principal y no dejó entrar a nadie que no tuviese un acuerdo tatuado en la tarjeta electoral. No escuchó a quienes de fuera le llegaron con propuestas apostándole más que a él, contra otro. Sus principales asesores le susurraron al oído sobre las querencias de unos y los intereses de otros, a grado de dejarlo sordo. A punto estuvo de perder el piso electoral. Reculó. Se abrió, escuchó y aprovechó la ola que a contra-flujo político terminó por favorecerle.
Con este escenario sería lógico, maduro y de mucha estatura, corresponder abriendo los espacios de trabajo y servicio de su gobierno a personas no ligadas con los grupos de poder del Partido Acción Nacional.
La horda de enanos que hoy lo rodean no ofrece garantía de un buen gobierno. Si por sus resultados los conoceréis, ahí están en los anales de las últimas administraciones panistas en Baja California, el trabajo desempeñado por quienes hoy presumen quedarán dentro del presupuesto estatal, la conclusión final no es halagadora.
Fuera del canto de las sirenas, Osuna Millán debería actuar con la madurez de un gobernador y cobrar facturas a actores políticos que presume no lo apoyaron. Para ser ciertos, pocos lo hicieron. Ganó, más porque otro perdió.
Pero si la campaña de Osuna Millán ya terminó, la de los enanos en busca de presupuesto está iniciando. Muchos nombres, ninguno de prosapia por cierto, suenan para ocupar cada una de las secretarías y paraestatales. Es como entregar el poder a aquellos que a punto estuvieron de perderlo, para que hagan desde el cobijo de una Ley y recursos públicos, lo que hasta ahora han hecho: Servirse más que servir.
Antes de iniciar con los nombramientos, en concordancia con la transparencia y la ciudadanización que tanto se presume en el México de hoy, el Gobernador electo debería poner el ejemplo y seleccionar para servidores de los bajacalifornianos a profesionales serios, sin partido, con más ambición de cambio que enfermedad de poder.
De otra manera, el cuarto sexenio de gobiernos panistas en Baja California, será una mala copia de los tres anteriores, y ahora sí directo a la derrota gracias a compadrazgos, hermanos incómodos que quieren regresar al gobierno, ex diputados federales que fracasaron como tales pero cobraron como reyes, ex funcionarios que después de salir del gobierno quedaron en el desempleo.
Todos ellos, plenamente identificables para la clase política, conforman el grupo de los más de siete enanos. Es una lástima, en lugar de Blanca Nieves, podría ser, no sé… tal vez el Rey León.
“¡Hi ho, hi ho, hi ho!”
|
 |
|
 |