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Cultura

Un atentado novelado

“Expediente de un Atentado” es la cuarta novela de Álvaro Uribe. En su entrega a Tusquets, la novela histórica recrea el atentado contra Porfirio Díaz.

Enrique Mendoza Hernández

Sobre los asesinatos a Luis Donaldo Colosio, Juan Jesús Posadas y Ocampo o Francisco Ruíz Massieu, lo que abunda es la ficción al tratar de responder: ¿Y quiénes fueron los autores intelectuales? He aquí la tierra fértil para la novela histórica en México: Ante la falta de credibilidad en las instituciones gubernamentales encargadas de las investigaciones respectivas, existen tantas versiones imaginarias como personas que desde su muy particular punto de vista recrean de mil formas los hechos. E igualmente, el asesinato del empresario regiomontano Eugenio Garza Sada en 1973, son ejemplo de cómo después de la conmoción del país viene el mito. Nadie supo nada. Nunca se conocieron los autores intelectuales, aunque el imaginario colectivo apunte en una sola dirección. Álvaro Uribe se remonta hasta el apogeo del porfiriato y aborda un pasaje poco conocido pero igualmente mitificado: El intento de asesinato a Porfirio Díaz el 16 de septiembre de 1897:

“Diez de la mañana. Alrededor de la Alameda, en la Ciudad de México, una agitada muchedumbre espera el inicio del desfile del día de la independencia. Todos claman, devotos, cuando la comitiva del presidente Porfirio Díaz aparece al frente al frente de la columna. Todos, salvo un hombre, Arnulfo Arroyo, que ya se abre paso entre la multitud. Su propósito es llegar hasta la comitiva, esquivar la escolta, asesinar al dictador”, reza la sinopsis de “Expediente del Atentado”, editado por Tusquets.

Piedra en mano que se le cayó al aspirante a asesino, Arroyo sólo logra propinarle un chusco puñetazo en la nuca a su víctima, al tiempo que desahoga un tímido gritillo: “¡Muera el dictador!”.

Ante el tiranicidio truncado, el agresor es detenido en cuestión de segundos. ¿Quiénes son los autores intelectuales?, es la pregunta del millón.

Álvaro Uribe nos entrega “su novela más vertiginosa”, aseguran los editores de Tusquets. Y es que efectivamente, el afán por responder a un costal lleno de preguntas roba la atención: ¿Qué le pasó al agresor después de su frustrado homicidio? ¿Quién era él? ¿Qué osó a ejercer en contra del dictador?

Perfil de un aspirante a asesino

Para responder a tantas inquietudes, Uribe organiza el expediente en tres carpetas, éstas a su vez divididas en 9, 16 y 13 capítulos. Entre las 38 partes del archivo, destacan aquellas que la curiosidad se encarga de guiar de un solo tajo la lectura del expediente.

“Detesto a Porfirio Díaz. Sin pensarlo dos veces, volvería a atentar contra su vida”, dice Arnulfo Arroyo en la pluma de Álvaro Uribe, al reconstruir éste el perfil del agresor. Y agrega: “Es inútil preguntarme si tuve cómplices en el atentado…”.

Hasta la versión de la progenitora del homicida frustrado es vertida en el expediente:

“Yo sé que Arnulfito fue un buen muchacho. Sé que nunca dejó de ser bueno en el fondo…”.

Ex estudiante de Derecho, alcohólico y católico a su manera, Arroyo pertenece a la estirpe aquella que en un principio veneraba al proveedor y salvador de la situación miserable de México, mismo que después terminaría por odiar al dictador.

– Después de 110 años, ¿cómo construyó Usted el perfil de Arroyo en el capítulo “Un Hombre Invisible”, narrado en primera persona por Arroyo y en tercera persona por parte de la madre de éste en “Cómo me lo Dejaron”?, pregunta el reportero al ganador del Primer Premio de Narrativa “Antonin Artaud” en México.

“De Arnulfo Arroyo hay tan pocos datos ciertos que tuve que erigirlo en mi fantasía casi desde sus cimientos. Todos tenemos un amigo que se extravió en el laberinto de esta o aquella adicción, y todos tenemos o perdimos, o quisiéramos haber tenido o no tenido nunca una madre. De estos datos elementales de la experiencia, que no excluyen lo mucho que he leído sobre amigos descarriados y sobre madres más o menos deseables y abnegadas, partí para imaginar a Arroyo desde adentro de su piel”.

Federico Gamboa y otras fuentes

En cuestiones policíacas, el “teléfono descompuesto” en México lo arman los partes policíacos, testigos presenciales y obviamente, los medios de comunicación. Tal vez por eso la risa invade al inmiscuirse en las versiones ora de uno, ora de otros.

No pueden faltar en el expediente las versiones de la prensa sobre los hechos y sus secuelas, aunque la versión oficial-porfirista abundaba:

“… una parte de la prensa, la oficiosa o casi oficial representada por los diarios El Imparcial y El Mundo y por el semanario El Mundo Ilustrado, todos propiedad del magnate periodístico Rafael Reyes Spíndola, no sólo difundió con energía la versión oficial de los hechos, sino que en alguna medida contribuyó a fabricarla. Otros periódicos, según su grado de adhesión al porfirismo, se mostraron escépticos o incluso clamaron por culpables del atentado en el seno del Gobierno porfirista”, dice a ZETA el también autor de “Por su Nombre” y “El Taller del Tiempo” (Andanzas, 2001 y 2003, respectivamente).

Llaman la atención las fuentes tomadas de “Del Diario de F.G.”. Las iniciales corresponden al escritor Federico Gamboa. Sin embargo, no es él necesariamente el que narra los hechos en primera persona, sino más bien el doble de Federico Gamboa que Álvaro Uribe recrea como uno de los que escribe sobre el caso.

– En su diario, Federico Gamboa afirma respecto al atentado: “Procedo a abrir desde luego, y en el más estricto secreto, un expediente extraoficial con las noticias, rumores, comentarios, conjeturas, divagaciones y hasta fantasías que deriven del atentado. Quién quita y tenga yo entre manos el asunto de una novela-reportaje, de una ficción basada en  hechos comprobables, al estilo de mi admirado maestro Zola”. ¿Esto lo motivó a escribir la novela? ¿Considera que escribió Usted la novela que Federico Gamboa nunca escribió?

“El párrafo citado, como muchos otros que en la novela se atribuyen al ‘Diario de F.G.’, es apócrifo. De ahí que yo haya elegido referirme a F. G. y no a Federico Gamboa, pues no es poco lo que le invento. Me enteré del atentado, del que ignoraba todo, en 1994, mientras coordinaba la primera y hasta ahora única edición completa del Diario de Gamboa. En la entrada correspondiente al 16 de septiembre de 1897, éste refiere con horror que un loco agredió a Porfirio Díaz y con más horror aún que ese loco, Arnulfo Arroyo, era su condiscípulo en la escuela secundaria. Ahí está ya, en estado embrionario, toda mi novela. Por una parte, una historia real, casi desconocida y rica en cabos sueltos que pueden atarse con una sabia mezcla de investigación e imaginación. Por otra parte, el hecho no menos sugerente de que un novelista, el novelista más exitoso del porfiriato, tuvo la historia entre sus manos y decidió no escribirla. Yo no escribí exactamente la novela que Gamboa hubiera escrito, sino el relato al mismo tiempo documentado y fantasioso de por qué no la escribió”.

– Algunos periodistas se toman muy en serio las “revelaciones” en la novela. Varios hasta han publicado: “A 110 años de distancia, revelan móvil del atentado a Porfirio Díaz”. ¿Fue realmente su objetivo “revelar el móvil del atentado”?

“Mi objetivo en esta novela, como siempre que emprendo una narración, es doble. Antes que nada, me importa contar una buena historia: una historia entretenida, que de ser posible informe al lector sobre algún aspecto de la vida que no conocía y, en un plano ideal, lo haga pensar. Sólo que para entretener e informar, y acaso hacer pensar, es tan importante como la historia, o incluso más, la forma de contarla. Mi segundo objetivo al emprender un relato es, pues, descubrir y desarrollar una manera específica de presentarlo: una manera que, también idealmente, sólo me pertenece a mí entre todos los escritores posibles”.

– Por último, ¿qué paralelismos existen entre el homicidio de Mario Aburto a Colosio y el atentado de Arnulfo Arroyo a Díaz?

“Con la enorme y chusca salvedad de que Arroyo no mató a Díaz, ambos agresores fueron desaparecidos de inmediato, ora por aislamiento, ora por llano exterminio, y a partir de esa desaparición ya nunca fue posible saber nada a ciencia cierta, ni de ellos ni de sus posibles cómplices. Por lo demás, parece haber un esquema clásico en todos los atentados.

Primero, el atentante desaparece. Después, alguien oportunamente desaparece al desaparecedor. Por último, los expedientes se pierden o nunca existieron y nadie puede investigar el caso con absoluta certeza. La especificidad del atentado contra Díaz está en  que, a diferencia del atentado contra Álvaro Obregón, pero a semejanza de tantos otros acontecimientos en la historia de México, éste fue un acto fallido”.

“Expediente del Atentado” será presentada por el autor el próximo martes 25 en la Sala de Usos Múltiples del CECUT, a las 7:00 pm.


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