La historia detrás de un gran vino
Vendimia 2007
A lo largo de 40 años, Casa Pedro Domecq ha festejado el inicio de lo que se conoce como la Vendimia en el Valle de Guadalupe. Es el símbolo del trabajo culminado del agricultor que recibe en frutos el premio de su esfuerzo, el cual disfruta al crear el nuevo vino.
La elaboración del vino empieza siempre con una fiesta, la Vendimia, que es la recolección de las uvas maduras a partir de las cuales se obtendrá el producto. La relación perfecta entre azúcar y acidez, indica el momento ideal de emprender la cosecha.
El Valle de Guadalupe, ubicado al Noroeste de la ciudad de Ensenada, es un oasis que brinda 25 kilómetros de frescos viñedos. Se caracteriza por tener un microclima similar al denominado clima mediterráneo. Indudablemente, esta singular climatología es la razón de la gran calidad de las uvas que se producen en la región.
La bodega de Casa Pedro Domecq, donde reposan sus barricas que contienen la esencia de sus excelentes vinos, se ubica en este lugar. Los barriles están custodiados y sus vinos embotellados se encuentran en una cava subterránea, con una temperatura fresca. Esta cava se encuentra alumbrada con una tenue luz amarilla, la cual no afecta el proceso de vinificación; mientras el sistema de ventilado permite la constante renovación del aire, evitando así la acumulación de olores inadecuados.
El Valle de Guadalupe fue el escenario perfecto que Casa Pedro Domecq aprovechó el pasado fin de semana para abrir las puertas a sus amigos y otros representantes de la industria vitivinícola, para celebrar la fiesta de la Vendimia 2007.
La experiencia comenzó el viernes 7 de septiembre con una cena en el restaurante Sanos, con el objetivo de dar la bienvenida a todos los invitados. Ahí se ofreció un exquisito maridaje con los vinos Reserva Real, XA Blanc de Blancs y Château Domecq Tinto, al mismo tiempo que un saxofonista amenizó la velada.
Al día siguiente por la mañana se realizó el Torneo de Golf de 9 Hoyos, en el campo Océano del hotel Bajamar. Una vez finalizado el evento, los participantes se dirigieron hacia el hotel Coral y Marina, donde pasaron momentos muy agradables.
Al medio día se inició el recorrido rumbo al Valle de Guadalupe, lugar que alberga la Bodega de las Misiones de Casa Pedro Domecq. Ahí, expertos en la elaboración del vino explicaron los pasos a los que se someten las uvas para dar vida al vino. Comenzaron en el área de Tolvas, donde se recibe la uva, siendo testigos del cuidado con el que se lleva a cabo el proceso de despalillado y estrujado; posteriormente se dirigieron al pasillo donde se encuentran los tanques de fermentación.
La visita continuó en la cava, donde las barricas reposan y se esperan el momento exacto para envasarlo y darlo a conocer al mundo. Ahí se degustó, directamente del barril, la máxima etiqueta de Casa Pedro Domecq: Reserva Magna Cosecha 2005.
De igual forma, a lo largo del recorrido dentro de la cava subterránea se pudo apreciar una exposición de la artista mexicana Cecilia García Amaro, creadora la obra que se presenta en la etiqueta frontal de Calafia y que captó el interés de todos los invitados, gracias a su estilo artístico moderno y abstracto.
Sin embargo, Casa Pedro Domecq tenía preparada una sorpresa para todos los invitados, quienes tuvieron la oportunidad de conocer los elementos y bondades que integran tres vinos de la casa: Reserva Real, Château Domecq Tinto y Reserva Magna, a través de un viaje por los sentidos.
Los invitados tuvieron la oportunidad de formar parte de la pizca de la uva, para posteriormente depositar los racimos en el lugar y, como en el tiempo de los dioses, pisar a pies descalzos sintiendo la frescura y textura de la uva; un gran momento que se vivió acompañado por un trío que amenizó la experiencia.
Los asistentes continuaron con la gran celebración, dando paso a una exquisita comida enmarcada por el escenario natural y la imponente belleza que los viñedos representan.
Cayendo el atardecer, disfrutaron de música en vivo con María, cantante excepcional que puso un gran ambiente a la fiesta.
De esta manera, Casa Pedro Domecq logró que se viviera la alegría y el goce de un mundo diferente: El mundo del vino.
|