Entre abuelas mexicanas te veas
Durante un juicio, en un pequeño pueblo, el abogado acusador llamó al estrado a su primer testigo, una mujer de avanzada edad; entonces se acercó y le preguntó:
– Señora Sánchez, ¿sabe quién soy?
“Sí, lo conozco, señor Garza; lo conozco desde que era un niño y francamente le digo que usted resultó ser una gran decepción para sus padres. Siempre miente, cree saber de todo, es muy prepotente, abusivo, engaña a su esposa y, lo peor de todo, manipula a las personas. Se cree el mejor de todos, cuando en realidad no es usted nadie. Sí, lo conozco...”.
El abogado estaba perplejo, sin saber exactamente qué hacer. Apuntando hacia el fondo de la sala le preguntó a la señora Sánchez:
– ¿Conoce al abogado de la defensa?
Ella respondió: “Claro que sí, también conozco al señor García desde que era un niño. Él es flojo, medio marica y tiene un problema con la bebida; no puede tener una relación normal con nadie y es el peor abogado del Estado; sin mencionar que engañó a su esposa con tres mujeres diferentes, una de ellas era la esposa suya, ¿recuerda? Sí, yo conozco al señor García, su mamá tampoco está orgullosa de él”.
Acto seguido, el abogado de la defensa casi cae muerto. Por lo tanto el juez llama a los dos abogados para que se acerquen al estrado y les dice:
– Si alguno de ustedes, imbéciles, le pregunta a esta vieja si me conoce, lo mando a la silla eléctrica.
Autor: Mejor así lo dejamos.
Un león poético
Una mañana, en la selva, el león se despertó con ganas de recitar
poesías.
Como a nadie le gusta un león enojado, todos los animales se pusieron alrededor de él, mientras éste recitaba: “Oveja, oveja… ven y bésame la oreja”.
Y como la oveja no quería tener problemas, fue y le besó la oreja.
Mientras tanto el león seguía: “Serpiente, serpiente... ven y bésame la frente”.
Y como la serpiente tampoco quería tener problemas, fue y le besó la frente.
El león continuó: “Piojo, piojo...ven y bésame un ojo”.
El piojo no quiso problemas y lo besó en un ojo.
De pronto, el león notó un movimiento rápido entre las hojas y de inmediato exclamó:
“¿A dónde vas sapito? ¡No te hagas menso!”.
Autor: Mejor así lo dejamos.
Cortitos
Llega un hombre a su casa, y de un grito le dice a su mujer:
– ¡Flora! ¡Prepárate para hacer el amor cinco veces!
“¡¡¡Wuau, mi amor!!! ¡Qué! ¿Vienes excitado?”.
– No. Vengo con cuatro amigos.
– Carmen, ¿estás enferma? Te lo pregunto porque he visto salir a un médico de tu casa, esta mañana...
“Mira, ayer por la mañana yo vi salir a un militar de la tuya, y no estamos en guerra, ¿verdad?”.
La indiscreta
– ¿Sabes cuál es la diferencia entre el papel higiénico y las cortinas del baño?
“No”.
– ¡Ajá! ¡Entonces fuiste tú!”.
– Doctor, me siento mal... todo me da vueltas, además, me arde el corazón.
“Mire, señora, en primer lugar no soy doctor, soy cantinero; en segundo, usted no está enferma, está borracha, y en tercer lugar, no le arde el corazón, tiene una teta en el cenicero”.
***
En una oficina:
– Dígame su nombre…
“Pepepedro Pepepérez”.
– ¿Es usted tartamudo?
“No, el tartamudo era mi padre y el del registro, un hijo de la Chilindrina”.
Le comenta un tipo a alguien en una boda:
– Oiga, ¿ya se fijó que la novia es bastante horrible, la pobre?
¡¿Qué le pasa?! ¡No se exprese así, que es mi hija!
– Ay, usted perdone, no pensé que usted fuera el papá...
“No soy el papá... soy la mamá, peneque”.
Gallegos
¿Por qué un gallego mira fijamente el cartón de jugo?
Porque tenía escrito “concentrado”.
¿Qué hace un gallego con los ojos cerrados frente a un espejo?
Está viendo cómo se duerme.
¿Cómo manda un gallego un fax confidencial?
En un sobre cerrado.
Pero encobijado
La semana pasada, en el arroyo El Aguajito, a escasos metros del edificio de la Secretaría de Seguridad Pública Municipal (SSPM), el Grupo contra Homicidios de la Policía Ministerial hizo un increíble hallazgo: encontró un bulto encobijado.
Los restos fueron localizados poco antes del mediodía. En el lugar de los hechos, elementos de la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), con un palo en mano como arma, se acercó al cuerpo para iniciar la investigación.
Cual fuera la sorpresa de los investigadores al darse cuenta que el encobijado era -¡EN ZERIO!- un perro negro, de raza no identificada, por aquello de que estaba en avanzado estado de putrefacción.
Luego de hacer el procedimiento habitual y descartar un asesinato, los agentes se retiraron el lugar. Hasta la fecha no se sabe quién ni por qué mataron al seguramente noble can.
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