Asesoría inteligente
Juzticia | Gerardo Dávila Infante
Uno de los problemas que ordinariamente se presentan entre un cliente y un Abogado es precisamente la calidad de la consulta y la fijación de los honorarios, ya que en la primera entrevista el cliente quiere saber cuánto le va a costar el trabajo del Abogado, cuánto tiempo va a durar el juicio de que se trate y si se va a ganar el juicio, preguntas que sólo un Abogado temerario puede contestar en la primera entrevista.
Un aspecto importante en nuestro medio es el consistente en el temor que muchas personas tienen a los Abogados por la mala fama que algunos colegas con su conducta, se han encargado de propalar, y así los temores consisten en el posible cobro desproporcionado de los honorarios, en la desconfianza en cuanto a la capacidad del profesionista, y sobre todo en la duda de su probidad en el manejo de los asuntos.
Es saludable que el ciudadano en general que tenga la necesidad de solicitar asesoría legal, esté informado medianamente de las listas de Abogados, de sus especialidades, de sus experiencias profesionales, de su seriedad, de los costos de sus servicios y de la ubicación de sus oficinas a efecto de tener las opciones necesarias para decidirse por una asesoría confiable.
De los servicios profesionales del Abogado generalmente no se piensa en la consulta sino directamente en contratar la responsabilidad de un juicio y consecuentemente en un costo relativamente sustancial.
Al igual que en la consulta a los médicos, quien requiere de asesoría legal puede acudir y obtener dos o tres, o el número que quiera de opiniones profesionales que satisfaga su inquietud en cuanto a la confiabilidad del profesionista que contratará para que le atienda su problema.
Es mejor que el cliente agote una o dos opiniones profesionales antes de decidirse a contratar a un Abogado, sobre todo cuando no se tiene a alguno de planta, porque como en todas las profesiones se puede caer en manos de un Abogado incapaz e inmoral que le cause un daño irreparable en su patrimonio, en su familia o en su trabajo.
En medicina es más grave la situación porque una negligencia en cirugía desgraciadamente no tiene reparación y entonces se hace necesaria la consulta y obtención de dos o tres opiniones confiables.
Tanto en algunos Abogados, como en algunos clientes, existe la intención de tomar ventaja del otro, y así unos quieren cobrar cantidades desproporcionadas, y otros quieren el servicio de cachucha, gorra, o sea gratis.
Debe existir seriedad en la contratación del servicio profesional, y así el Abogado debe asumir los contratos con la responsabilidad de su trabajo ético y diligente, y el cliente subrir los honorarios en las cantidades y tiempos establecidos.
Frecuentemente a los Abogados se les consulta por teléfono, en la calle o en una invitación a comer, costumbre errónea porque en esas condiciones es difícil que se obtenga una asesoría seria ya que las circunstancias no lo permiten, por lo que resulta más aconsejable obtener una cita sobre el tema-problema, y sabiendo los dos de qué se va a tratar, se obtendrá un mejor resultado.
Es recomendable que en la primera cita sea una especie de plática informal en la que no se van a dar consejos ni tomar decisiones definitivas sino solamente centrar el problema para analizar lo que corresponda, y esto último es generalmente documentación que requiere un mejor estudio.
Lo ideal sería llevar la asesoría bajo un orden que fuera dando certeza al cliente, asesoría que iniciaría con una consulta y continuaría con un examen de documentos, de hechos y del planteamiento del problema a efecto de emitir un dictamen en cuanto al futuro del planteamiento en cuanto a posibilidades, tiempo y costo.
Lo anterior implicaría que el cliente debiera pagar en primer término la consulta, en segundo término el dictamen, y en esa etapa poder decidir continuar con ese Abogado, o contratar a otro ya sólo para que inicie y continúe el juicio.
Tanto el Abogado como el cliente deben tener como principio para la vigencia y desarrollo del contrato de prestación de servicios profesionales confianza recíproca, la cual es fundamental para el éxito de la encomienda, y así, inmediatamente que alguno de los dos se pierda la confianza, debe finiquitarse el contrato porque de lo contrario, material y extrajudicialmente se estará gestando un litigio accesorio.
Es recomendable que en el establecimiento de las condiciones del contrato se fijen con claridad los derechos y obligaciones, las etapas del juicio, la forma y cantidades de pago, la forma y causas mediante las cuales se pueda finiquitar la relación contractual antes del fin del juicio.
Hay ocasiones en que se omitió establecer por escrito las condiciones contractuales y por alguna causa, antes de terminar la encomienda se rompe la relación entre el Abogado y su cliente, y este último recurre a otro profesional del Derecho y se revoca al anterior; en este tipo de casos debe existir un mínimo de ética de parte del cliente y del nuevo Abogado con el anterior.
Todos los ciudadanos deben ser responsables respecto de los problemas que se les presentan y que intuyan que pueden tener consecuencias legales, y uno de los casos es el acudir oportunamente ante un Abogado cuando llega a sus manos una demanda o algún documento oficial que implique requerimiento, y no adivinar, especular o resolver que no tiene consecuencias, porque los tiempos en los litigios son trascendentes para el éxito o fracaso en el juicio; hay ocasiones en que la gente piensa que una demanda con fecha de audiencia es un simple citatorio.
Si cree Usted que tiene un problema, piérdale el amor a una cantidad oscilante entre $500.00 y $3,000.00 pesos y consulte a un Abogado, tal vez con la consulta no resuelva el problema, pero obtendrá certeza de la situación y consecuentemente tranquilidad.
Gerardo Dávila Infante, ejerce su profesión en Tijuana, B. C.
Correo: lic_g_davila@hotmail.com
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