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Adictos al sexo

Conzultoría Matrimonial | Lic. Roberto Bautista López

El comportamiento y la expresión sexual son parte de una vida sana, placentera, satisfactoria y normal, pero se convierte en un problema cuando la necesidad y preocupación por el sexo superan lo que se considera normal, sobretodo cuando ello interfiere con las demás actividades de la persona (trabajo, estudio, familia, amistades, etc., etc.).

Básicamente, este trastorno se caracteriza por la gran pérdida de tiempo en actividades relacionadas con el sexo, dejando de lado, los aspectos importantes de la vida diaria en términos sociales, laborales y de ocio. Este tipo de alteración se conoce con diferentes nombres, entre los que se encuentra la de “adictos al sexo”, pero que apuntan a la misma enfermedad: “Obsesión sexual”. Algunos especialistas hablan de que se trata de una adicción parecida a la de los drogadictos, lo que requiere un control estricto; mientras otros reafirman que esta enfermedad está relacionada con un comportamiento obsesivo-compulsivo. Como sea, la obsesión sexual es una manifestación real que interfiere con las actividades de la vida diaria en una persona, constatándose un mayor porcentaje entre los hombres.

El comportamiento sexual compulsivo tiende a ser crónico e intenso y a estar más allá de la capacidad de la persona para controlarlo. Si bien, se puede encontrar satisfacción inicial por medio de este comportamiento, no se es capaz de alcanzarla pasado cierto tiempo, de hecho, las personas con un comportamiento sexual compulsivo pueden notar que su vida se vuelve vacía y, con frecuencia, emplean el sexo como una forma de hacer frente a otros problemas, tales como la soledad, la depresión, la ansiedad o el estrés.

Los celos, el egoísmo y la envidia forman parte del comportamiento más reiterado de alguien que sufre este grave problema sicológico. Una persona que sufra de obsesión sexual nunca estará en paz, porque siempre sentirá que está latente una posible amenaza que le invada su terreno. Pueden ser un peligro para los demás, cuando pasan a ser patológicos, y en estricto rigor sicóticos, en que su personalidad ya está absolutamente fuera de sí.

Se cree que debajo de las obsesiones y las compulsiones sexuales subyacen otros problemas sicológicos. Y que la obsesión sexual puede ser un mecanismo mal adaptativo de enfrentarse a otros problemas emocionales, como los trastornos del estado de ánimo o los de la personalidad. Por ejemplo, si se ha crecido en una familia disfuncional (malos padres, desobligados, complacientes, desinteresados, borrachos, drogadictos, etc., etc.), o se ha sido sometido a abuso físico o sexual durante la infancia, se puede tener una actitud poco saludable hacia el sexo.

Este tipo de experiencias traumáticas pueden ser la causa de sentimientos de vergüenza, que pueden inhibir la expresión y la intimidad sexuales, lo que resulta en una alteración de la actividad sexual hacia un extremo; estando solo y deprimido, se puede percibir que las compulsiones sexuales son una forma de llenar el vacío de la vida; pero, aun cuando se pueda encontrar un alivio a corto plazo a través del comportamiento sexual compulsivo, los sentimientos negativos retornan pronto, con frecuencia a un nivel mayor que antes.

La mayoría de las personas con obsesiones sexuales necesitan un tratamiento muy especializado, ya que los esfuerzos individuales suelen tener poco éxito a causa de que una compulsión sexual tiende a estar más allá del control de cualquier individuo.

Si se experimentan obsesiones y compulsiones sexuales, se tiene mayor riesgo de desarrollar diferentes complicaciones, como aislarse de su pareja o sentirse decepcionado del matrimonio o de otras relaciones primarias; acumular grandes deudas económicas al intentar satisfacer las necesidades sexuales. También, ser arrestado por delitos sexuales como pedófilos, pederastas, exhibicionismo, práctica del sexo en vía pública, etc., etc.; no atender al trabajo o la profesión, con el riesgo de ser despedido; aumentar el riesgo en comportamientos como la drogadicción o el alcoholismo, y experimentar sentimientos de vergüenza y culpabilidad al ser incapaz de controlar el propio comportamiento que se sabe que es socialmente inaceptable y que interfiere con las relaciones normales.

La obsesión sexual se da mucho más en estados patológicos, porque a nivel normal se manifiesta en fantasías que no se canalizan en acciones y sólo se desarrollan en la mente de las personas, no siendo dañinas para la pareja, pudiendo llegar a ser sanas las mismas. Se dice que la obsesión sexual patológica nunca se supera, porque ya está demasiado arraigada, no obstante la no patológica (neurótica) es normal y tiene tratamiento para enfrentarla. Se han creado en base al programa de 12 pasos de Alcohólicos Anónimos, organizaciones no lucrativas dedicadas a ayudar a las personas a recuperarse de su adicción al sexo y al amor, como grupos de recuperación, algunos denominándose Sexahólicos Anónimos.

Los expertos afirman que aún no se conocen las causas que originan los problemas relacionados con el sexo, al igual que sucede con las investigaciones sobre cómo la gente se hace adicta a las drogas. No está claro cómo incluir a la adicción sexuales dentro de las enfermedades mentales. Debido a esto, muchos especialistas prefieren llamar a este desorden “problemática de hipersexualidad” antes que “adicción al sexo”. Señalan que muchos de los problemas en los cuales el cerebro se obsesiona con una determinada actividad –sea sexo, drogas, o alcohol– tienden a ocurrir conjuntamente.

Quiero como siempre agradecer a mis dos que tres lectores por sus comentarios, consultas a los teléfonos 684-9647, fax 684-1889, celular 204-6180 o al e-mail: bautista46@hotmail.com

El Licenciado Roberto Bautista ejerce su profesión en Tijuana, B.C.


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