Ya llegué…
Contrariedadez | Raúl Paredes y Hernández
¡No hay remedio! No hay tiempo más corto que el de las vacaciones…
¿Qué hace que le dije a Usted que, mientras leía mi artículo, yo estaría recetándome un “machacado con huevo”?; quince días. ¡Y ya se pasaron!
Tal como lo previne el pasado viernes 14, a las nueve de la mañana de Monterrey –siete de por acá– estaba sentado a un costado de la “Macro Plaza” ante un plato de machacado con huevo, tortillas de harina y un plato de chiles de la sierra del que no me separé hasta como a las diez y media pues también trajeron frijoles y pan dulce. Después de pagar, nos obsequiaron dulces de leche con nuez (Glorias); esto fue nada más el comienzo…
No me detuve más pues tenía que presentarme en Torreón esa misma noche para uno de los principales festejos por el Centenario de la Ciudad de Torreón. Me esperaban mis primos –padres del actual Presidente Municipal de esa ciudad– y yo llevaba a mi suegra, quien fue hija de uno de los antiguos presidentes.
Por tales festejos los torreonenses –gentilicio que nunca había oído– echaron “la casa por la ventana”. Ese día presentaron, para toda la población, el doble espectáculo del Ballet de Amalia Hernández (ningún parentesco con el que firma) y del tenor Fernando de la Mora. No es por nada, pero nos tocó primera fila.
Al día siguiente, el quince, asistimos a la sesión solemne del Congreso Estatal. Con la presencia del Gobernador y del propio Presidente Municipal me tocó escuchar a la señora Josefina Vázquez Mota, Secretaria de Educación, que en representación del Lic. Felipe Calderón, emitió un discurso indudablemente superior al que habían dado los funcionarios locales. Me impactó. Sin leer y con gran facilidad de palabra habló alrededor de veinte minutos donde, entre otras cosas ofreció mandar “un regalito de cumpleaños” que, a mi sobrinito, el Presidente Municipal, se le había ocurrido pedir… ¡no gana uno para vergüenzas!
En la noche, a “El Grito”. Previo a la ceremonia tradicional, se premió a lo más sobresaliente de la sociedad, otra vez, torreonense, y, después de los clásicos fuegos artificiales, trajeron a Cristian Castro. Estuve a punto de salir corriendo, pero no pude por el gentío…
Tuve que soportarlo, con buen repertorio ranchero, educada voz, pero…bailando, vestido de charro, moviendo las nachitas y arreglándose el pelo a cada rato para verse “guapo”… Para finalizar, sus “éxitos” que le pidieron las jóvenes (entre ellas mis sobrinas nietas)…
De ahí, después de varias comidas y cenas con familiares, nos enfilamos al resto del paseo. Primero a Zacatecas…
Ahí estaban también enfiestados con feria anual y no hubo hoteles en todo el fin de semana; nos quedamos en Fresnillo… Habrá quien lo sepa, pero yo no hasta ahora: ahí se honra al Santo Niño de Atocha.
Bueno pues fuimos a su iglesia, y esto inició el caminadero que no se iba a terminar hasta el pasado día veintidós… Baja Usted por el centro de un mercado de curiosidades como de cien metros de largo con tres mil setecientas tienditas de artículos –fundamentalmente– religiosos. También hay sombreros. Pero lo más sobresaliente es que, entre los fray martín de porres, niños de Atocha, padres pros, vírgenes de Guadalupe, jesuscristos y juanes veintitreses, le venden a Usted bustos del señor ése Malverde, famoso por los milagros que alguna gente, sobre todo de Sinaloa, le atribuye. Ahí lo ve usted entre los de sotana o túnica (a quien no lo crea lo tengo en fotos) muy serio de bigotito, camisa blanca y corbata ¡Jesús Malverde!
En Zacatecas no dejamos de recorrer cada uno de los museos donados por los hermanos Coronel (Pedro y Rafael) que son una belleza y, ya cansados, por la tarde asistimos a un concierto de música de cámara ofrecida por muchachos muy jóvenes en un recinto muy nuevo, dedicado al artista Felguérez, con pequeño auditorio que ya quisiéramos por acá.
También entramos a su catedral totalmente desnuda en su interior ya que, algún sacerdote que nunca falta, desprendió y destruyó los finos trabajos en madera del altar principal, antes que los “revolucionarios” lo “fueran a destruir…” Naturalmente que, muy previsor, fundió el trabajo del recubrimiento en oro, del que nunca se supo qué pasó. No, si le digo…
La comida fue en un mercado pues somos de antojitos…Chiles rellenos, chicharrón en salsa roja, frijoles de la olla y tortillas recién hechas. Todo picosito y sin moscas…
La gente es muy atenta y amable –como en todo México– y esto me hizo pensar el porqué, así como los zacatecanos, algunos paisanos tan luego salen de su tierra y se emigran, se vuelven tan patanes y altaneros. ¿Será la lana? ¿O las camionetas de doble tracción?
¡Ah! Nunca rente carro por Internet a la agencia Thrifty; son unos bandoleros; luego le platico, nada más deje que lleve mi queja a la Secretaría de Turismo…al fin que esto del viaje va a durar…
Raúl Paredes y Hernández es ingeniero civil y reside en Tijuana, B. C.
Correo electrónico: raul3824@prodigy.net.mx
|