Adela Navarro Bello
Órdenes
Los Policías Municipales de Tijuana, no tienen remedio.
Por más que cada uno de ellos, en lo individual pretenda ser un buen policía, hacer su mejor esfuerzo para proteger y servir a la sociedad, y trabajar por un clima seguro, sus inmediatos superiores no se los permiten.
La urgida limpia en la corporación municipal debería comenzar no en la base, sino en los mandos medios y en la Secretaría de Seguridad. Que bien a bien, desde esa titularidad, se dan muchas órdenes a la tropa. Se les regatea el presupuesto y se les ningunea.
Como que a Luis Javier Algorri Franco le gusta más que le tomen la foto que decir la verdad. Después de muchas expectativas a su favor, el Secretario de Seguridad terminó sumergido en el mar de corrupción e irregularidades dentro de la corporación a cargo de la seguridad de Tijuana.
Hace dos semanas, en las páginas iniciales de la edición de ZETA, se dio nombre y apellidos de los policías extorsionadores. A la semana siguiente, en miras a “limpiar” su imagen, dado que la información salió de una muy cercana persona a Algorri Franco, éste envió una carta donde ordenaba al Director de la Policía, Víctor Manuel Zatarain Cedano, que investigara a los extorsionadores. También, presuntamente, llevó el caso a la Sindicatura Municipal para que fuera visto con ojos de averiguación.
Pero nada de eso pasó.
Policías honestos dijeron, una vez más, que lo de Algorri fue un circo para tapar lo que es evidente, que el monto de las extorsiones suben un piso más de los mandos medios. Que los policías no son investigados ni por Zatarain, ni por Sindicatura y mucho menos por la oficina de asuntos internos. Nada. Siguen pidiendo cuotas a los policías, que éstos colectan extorsionando a la población.
500 pesos diarios les piden. Y cada que sube un piso la cuota para ser entregada, le rascan un poquito. Para todos hay, pues. El dinero hurtado a la sociedad se lo reparten entre unos cuantos en el área de seguridad de Tijuana.
Fuera de la carta que Algorri envió a ZETA, donde pretende probar que ordenó una investigación, no ha pasado nada.
Otra orden dada en la Policía Municipal: No transitar, inspeccionar ni vigilar zonas de Tijuana donde conviven integrantes del crimen organizado. Ni una patrulla de la ciudad es vista en las cercanías de las escenas del crimen que son cada vez más comunes en cualquier cuadra del municipio.
Explicaron unos molestos agentes de Tijuana: “El día del asesinato del oficial de la Policía Estatal Preventiva (del primero que mataron), a los que laboramos en la Delegación La Presa, cuando nos disponíamos a salir para atender un accidente, nos dijeron que no podíamos salir ya que habían ordenado que no querían ver patrullas municipales trabajando”.
Los oficiales preguntaron el motivo y quién había ordenado el cese del patrullaje. La respuesta fue trágica:
“Nos dijeron que la ‘metro’ había ordenado lo anterior ya que la bronca no era con nosotros (los municipales)”. En ese momento, los Policías Municipales se dieron cuenta que en la Delegación de La Presa se encontraban todas las unidades con su personal, supervisores y demás.
La tercera:
A la mayoría de los agentes tijuanenses, ser policía les sale caro. Pagan por su arma, por su fornitura, por su uniforme y también, por las composturas de las unidades que manejan. Cuando se quejan que una patrulla o motocicleta tiene desperfectos, les dicen en la Secretaría de Seguridad que el presupuesto ya se acabó. Que si quieren andar en auto o en moto, paguen de su bolsa el arreglo mecánico.
En Seguridad Pública no hay dinero para nada. Eso les dicen. Por eso aparte de extorsionar para pagar la cuota a los supervisores, los policías deben sacar, de algún lado, los fondos para arreglar los equipos que el Ayuntamiento les niega.
Las órdenes en seguridad Pública de Tijuana son pues, muy claras: Extorsionar, no patrullar y pagar.
Y nadie investiga.
|