Fiesta latina con un toque de romanticismo
Ricky Martin se deja querer con su música, sus candentes bailables y sus canciones. Su presentación en Tijuana estuvo llena de nostalgia, romance y mucho sabor latino.
Trinidad Ramíez Toriz
Con la experiencia que los años le han dado y el recorrido musical con el que cuenta, Ricky Martin llegó a Tijuana para ofrecer uno de los espectáculos más sofisticados que se hayan dado en lo que va del año, en un inmueble poco usual para este tipo de eventos: El CREA.
Sin cajones de estacionamiento, cerca del Hospital General, una vía rápida que a ciertas horas se congestiona y un cupo limitado de personas, el boricua se hizo presente la noche del jueves 27 de septiembre, pese a todo pronóstico.
Cargando con toda la infraestructura de un escenario, luces robóticas, sonido y más, el artista se aseguró de que su regreso a Tijuana debía ser como los grandes.
Por ello no escatimó en el más mínimo detalle, y quienes tuvieron la oportunidad de verlo en San Diego en el mes de abril, se dieron cuenta de que era el mismo espectáculo de su gira “Blanco y Negro”. Nada cambió ni nada dejó fuera del show, así que bien valió la pena lo que pagaron por verlo, porque el boricua se encargó de realizar un concierto de primera calidad.
Y ahí estuvieron los que pagaron mucho y los que lo vieron gratis; los que iban vestidos con sus mejores galas y los que llegaron con su ropa de trabajo, olor a sudor y hasta despeinados.
Todos, absolutamente todos, tuvieron la oportunidad de verlo dentro y fuera del inmueble, y como buenos mexicanos, buscaron los mejores lugares para observarlo gratis, gracias a las enormes pantallas que se colocaron a los costados del escenario.
Dentro hubo cerca de 10 mil almas, pero fuera, llegaban y llegaban acomodándose en los árboles, en las plataformas de algunos camiones estacionados alrededor, en el puente y hasta arriba de patrullas municipales.
¡Vaya que lo disfrutaron!, pues escuchar la voz en vivo de Ricky después de 13 años de no hacerlo, fue suficiente para los fans.
En punto de las nueve de la noche, las luces se apagaron para darle paso a la fiesta musical. Cargado de energía, Ricky salió a dar la bienvenida a sus seguidores, que con un grito y miles de aplausos lo recibieron.
Desde la rítmica “Pégate”, con la que inició su concierto hasta “Tu Recuerdo”, tema que marcó la despedida del recital, el boricua mostró energía, alegría, frescura y un crecimiento como artista; mezcló ritmos, géneros, sentimientos y deseos, como en el tema “Somos la Semilla”, donde minutos antes de interpretarla expresó su preocupación por los niños del mundo y una vez más mostró su cuerpo, estilizado y con algunos tatuajes que representan el momento por el que está pasando.
El concierto estuvo envuelto de fiesta latina: “Revolución”, “Livin’ la Vida Loca”, “La Bomba” y “La Copa de la Vida”, pero también cargado de temas de romanticismo que hicieron latir el corazón, como “Vuelve”, “Fuego de Noche, Nieve de Día” y “Tal Vez”.
Un total de 20 canciones, ejecutadas por 10 músicos, fueron disfrutadas en plenitud por los fanáticos en una hora y 40 minutos.
Ricky se dirigió al público en varias ocasiones, confesándose feliz de estar una vez más en Tijuana, a la que considera como su casa y a ellos una familia. Y les habló de la importancia de ser agradecido y de que los seres humanos deberíamos vivir en armonía y amor.
Tramposas y gandallas
Con el propósito de llegar hasta las primeras filas y ver de cerca a su ídolo, un centenar de mujeres perdieron el glamour y las buenas costumbres, cortando los cinchos que detenían las vallas y hasta pagándole a algunos elementos de seguridad que fueron contratados para que precisamente no las dejaran pasar, violando así las “fuertes medidas de seguridad”.
Después de su hazaña corrían a esconderse o perderse entre la multitud, mientras que los que sí pagaron por el privilegio de estar en los mejores asientos, sólo se dedicaron a divertirse y disfrutar del momento.
No cabe duda que por estar y ser parte del concierto de Ricky Martin, todo se valió y nada fue imposible.
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