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No, no me pasó nada

Contrariedadez | Raúl Paredes y Hernández

Para los fatalistas y espantadizos amigos que repetidamente me han preguntado si no me da miedo transitar por las carreteras de nuestro país, les digo, ahora por escrito: No, no me pasó nada; no me trataron mal en los “retenes” (es más, creo que crucé, durante todo mi viaje, un solo retén). Fue un viaje perfecto…

Ya sabe Usted que se ha vuelto tema común, ante todas las notas rojas en los medios de comunicación, el miedo que nos invade a salir de nuestras casas y, no se diga, recorrer nuestras bellísimas carreteras.

Quizás nuestras autoridades estatales hayan contribuido a que adquiriéramos este miedo-pavor, pues con las carreteras recientemente construidas por el Estado, o en proceso, como el bulevar llamado 2000 Tijuana-Rosarito y la que se amplía a Tecate, nos han dejado dicho trauma pues han mostrado su novatez en construcciones de este tipo. ¡Qué error de la Secretaría de Comunicaciones el dejar en manos de tales incautos la construcción y ampliación de dichas vías!

Bueno, hecha la aclaración anterior prosigo con mi relato iniciado la semana pasada que concluyó con la siguiente nota:

“Ah! Nunca rente carro por Internet a la  agencia Thrifty; son unos bandoleros; luego le platico, nada más deje que lleve mi queja a la Secretaría de Turismo…al fin que esto del viaje va a durar…”

Y esto vino a cuento como lo que pudo ser un inicio negativo para el viaje. Mire, le explico…

Muy previsor presupuesté, y contraté con la comodidad del Internet, no sólo los hoteles estratégicos sino un auto para efectuar el recorrido. Aquí entra Thrifty.

El más conveniente me lo ofreció dicha compañía así es que una vez en Monterrey, lo primero que hice fue acudir por el automóvil previamente elegido.

-Disculpe, fue la primera palabra de la empleada (¡monada de regiomontana!). Mmmm, me dije, ya empezamos…

-El carro que contrató, no lo tenemos, pero le daremos uno más nuevo, de la misma marca –pero más pequeño, esto lo pensé yo. Efectivamente, así fue.

No fue el mayor problema; éste vino cuando me rechazaron la póliza de seguro internacional previamente contratada con el argumento de que: -Es política de la compañía no rentar con un seguro diferente al contratado por nosotros… (y hágale como quiera…) Me costó, diario, en dólares, casi lo mismo que el costo de la renta diaria del carro.

Para refresco el tipo de cambio fue, igualmente, fijado arbitrariamente por ellos en 11.85 por uno (y hágale como quiera…) Entrado en gastos, y jugando como visitante (además de la sonrisa convincente de la regiomontana), no me quedó más remedio que aceptar y salir con carro a iniciar mis ansiadas vacaciones. Nunca desee con más ganas que se viniera una devaluación repentina que superara sus predicciones de 11.85 por uno…

Me salto lo de Torreón y Zacatecas, que ya le platiqué,  y me voy hasta San Juan del Río a donde llegué después de un fugaz paso por San Luis y Querétaro. No comí en San Luis Potosí porque estaba en remodelación la Lonja, así es que volé a comer unas enchiladas queretanas (iguales que las potosinas, pero de Querétaro).

De San Juan del Río, que ha creado un corredor industrial importantísimo con Tequisquiapan, llegamos a Ixmiquilpan en Hidalgo y al balneario Tzindejeh, en Tasquillo, donde entre ahuehuetes, albercas y opíparas comidas incluidas, descansamos en las manos expertas de ¡una masajista…! Día y medio…

Aquí vino lo mejor. De Tasquillo iniciamos lo que sería la travesía de la Sierra Madre Oriental con una carretera construida entre los años 1930 al 40 en medio de unos paisajes formidables. Pasamos Zimapan, Jacala y Tamazunchale para llegar a una población llamada Xilitla, enclavada en lo más alto de la sierra en la huasteca potosina, donde un inmigrante inglés realizó entre 1940 y 1980 unas formas arquitectónicas –y un hotel– extraordinarias en lo que algunos llaman “arquitectura fantástica’ pues no sirven para nada, sino para admirarlas…

Todos estos lugares los recorrí hace miles de años; nunca volví, hasta hoy. No me defraudaron, algunos prosperaron de más –Tamazunchale–; otros están igual –Huichihuayán–. (¿Sabe cuánto pagamos por cuatro desayunos? 113 pesos ¡igualito que por acá…!)

En la selva de Xilitla, el inglés, Edward James, creó las obras que han dado la vuelta al mundo –en Internet– y las recorrimos entre bellísimas flores, caídas de agua…y zancudos.

Al día siguiente, después del desayuno de 113 pesos, visitamos otra maravilla, ésta natural: un boquetón de 400 metros de profundidad hacia el centro de la tierra en donde pernoctan millones de pericos de los que hay que presenciar tanto la salida como su regreso al atardecer… ¡maravilloso!
Pero de todo esto, y el regreso a Monterrey, le diré en la próxima semana.
¿Ya ve? No pasa nada…

Bueno, sólo el atraco de Thrifty.

¿Que si ya contestó la Secretaría de Turismo a mi queja? ¡Sí, Chucha…!

Raúl Paredes y Hernández es ingeniero civil y reside en Tijuana, B. C.
Correo electrónico: raul3824@prodigy.net.mx


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