Adela Navarro Bello
Títeres
Qué lamentable. Es francamente decepcionante. Da pena ajena y hasta un hálito de nostalgia por tiempos mejores. Cuando el Partido Revolucionario Institucional era otra cosa. Fuerte, poderoso y con los mejores hombres y mujeres en sus filas.
Aún en la derrota el PRI es necesario en una democracia que precie de serlo, y sobre todo en la alternancia política tan requerida estos días. Pero un PRI digamos responsable o por lo menos a la altura de los electores.
En política, los triunfos tienen que ser en el terreno de las ideas más que en el campo de batalla. Y los priístas bajacalifornianos están confirmando por qué no fueron la opción ganadora en las elecciones del 5 de agosto de 2007: No tienen ni propuesta, ni ideas, ni madurez política.
Lo sucedido el día del último informe del Gobernador Constitucional de Baja California, Eugenio Elorduy Walther, es signo de la descomposición por la que atraviesa el priísmo local. Los daños dejados por la derrota electoral, son el sustento principal de su actuar.
Con ello demuestran que el Congreso no es para ellos un organismo para legislar y debatir los proyectos de Baja California, sino un ente que sirve de rehén para sus muy personalísimos intereses.
Únicamente dos de los nueve legisladores tricolores ganaron su elección por mayoría. Gilberto Antonio Hirata Chico y Catalino Zavala Márquez. No más. Otros tres llegaron por la vía más cómoda. Los incluyeron en una lista donde es evidente que la capacidad fue el último de los requisitos para lograr una curul estatal. No hicieron campaña, no presentaron proyectos mucho menos propuestas. Vaya, ni en debatir se molestaron, pero hoy, Juan Macklis Anaya, Enrique Acosta y el hermano del Senador Manlio Fabio Beltrones Rivera, son diputados.
El resto está integrado por cuatro perdedores: Carlos Barboza Castillo, Jaime Chris López Alvarado, Edna Mireya Pérez Corona y Humberto López Barraza. Aun cuando la ciudadanía en su mayoría no les dio el voto de confianza, llegaron por la ley que otorga espacios a los “segundos mejores lugares”. En el caso extremo está Barboza, quien se hacía prácticamente fuera del Congreso pero que por obra y gracia del Tribunal Federal Electoral en el último minuto de la contienda postelectoral se coló al Congreso.
Venir de la derrota y con la oportunidad que otorga la Ley no ha sido, sin embargo, una motivación para estos diputados. Montados en un macho que ven más democrático que de reparto político, se creen poseedores de la verdad absoluta en términos constitucionales.
Los diputados priístas, con sus salvadísimas excepciones, son hoy títeres de su derrota. Es evidente que no los guía su conciencia y mucho menos el estricto apego a la Ley. Sus mentes y sus acciones son dirigidas desde una oficina con olor a perro en Tijuana. Los traen protestando una derrota que ya fue, un fraude que no pueden probar y el coraje de no haber cumplido un capricho.
El peligro es que el titiritero parece tener más control sobre los diputados tricolores que los electores que los eligieron (como un segundo mejor lugar) para hacer respetar las leyes de Baja California.
La consigna de ganar en un pleito con toma de calles, instituciones y argumentos legales lo que se perdió en las urnas, es más fuerte para estos diputados que el mandato demostrado en las urnas por un electorado libre.
Es una pena francamente, que los diputados del PRI lleguen al Congreso local para defender la derrota de una persona, en lugar de los intereses de los bajacalifornianos. Los nueve tienen en sus manos la oportunidad de entregar a la población un trabajo legislativo sin tintes partidistas o consignas maliciosas de un candidato que apostó y perdió.
Baja California requiere del PRI como partido y de sus legisladores como equilibrio de fuerzas políticas en el Poder. Ejercer desde la Ley el mando legislativo y no usarlo para defender a otros que ni siquiera forman parte de la estructura política formal de la sociedad bajacaliforniana.
En tiempo están los diputados de regresarle al PRI la estatura que le han robado. De demostrar que son la segunda fuerza electoral del Estado y el equilibrio que el partido en el gobierno necesita para no robar, corromper, servirse y acaparar. Pero todo, dentro de los muchos cauces que legalmente existen.
Sería una lástima que se confirmaran como títeres de su derrota, y peor… de la derrota de otro.
Jaime Chris López Alvarado, Alcides Roberto Beltrones Rivera, Edna Mireya Pérez Corona, Juan Macklis Anaya (PVEM), Humberto López Barraza, Enrique Acosta Fragoso y Carlos Barboza Castillo.
Gilberto Antonio Hirata Chico y Catalino Zavala Márquez
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