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Gore y la crisis climática

Durante la conferencia magistral dictada por el ex Vicepresidente de Estados Unidos, quedó en claro que el calentamiento global es una realidad de consecuencias más inmediatas de lo que comúnmente se discute.

Gabriela Olivares Torres

En 2006, el ex Vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore Jr., presentó un sólido documental en donde el mensaje que daba era impostergable: la humanidad enfrenta una crisis de consecuencias fatales para la sobrevivencia de todo lo que existe en la Tierra.

Bajo el título “Una Verdad Incómoda” (An Inconvenient Truth), el filme salió de la pantalla para renacer en la voz del político estadounidense que visitó las instalaciones de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) el sábado 6 de octubre, como parte de los festejos del Cincuenta Aniversario de la Máxima Casa de Estudios.

Carismático, apasionado con el tema, abarcando el escenario de extremo a extremo, y en definitiva comprometido con la causa que promueve, Gore habló ante un auditorio compuesto por estudiantes, maestros, autoridades universitarias, el ector Gabriel Estrella y el Gobernador Eugenio Elorduy Walther.

Primero, con la experiencia que carga a cuestas, el animoso orador aprovechó el momento para romper el hielo. Y se presentó de la siguiente manera: “Soy Al Gore. Era el próximo Presidente de los Estados Unidos”.

También pidió disculpas por no hablar español, idioma que aprendió de niño pero olvidó con el paso del tiempo, aunque “cuando es muy noche se me viene a la cabeza otra vez”.
Después de este par de ocurrencias comenzó a exponer las múltiples posibilidades del calentamiento global, asunto que le empezó a interesar cuando realizaba sus estudios profesionales y tomó un curso con el profesor Roger Ravelle en la Universidad de Harvard. En 1958 Ravelle fue uno de los primeros científicos en medir la cantidad de Dióxido de Carbono en la atmósfera.

Frente al público reunido el pasado fin de semana, Gore explicó cómo el Dióxido de Carbono, al ser liberado en grandes cantidades, produce una densidad atmosférica que impide que los rayos infrarrojos, formados por reflejo del sol, salgan de nuestras proximidades.

El resultado es un incremento de las temperaturas que se ha registrado de manera sistemática; de hecho enfatizó que los diez años más calientes que se han presentado en la historia se dieron en los últimos catorce años. Las consecuencias ya son trágicas. Tan sólo en junio de 2003, mil 400 personas murieron en la India, en medio de un verano despiadado.

La exposición de quien ocupara el segundo lugar de mando en la Casa Blanca fue concisa, clara y directa. Aportó una amplia variedad de datos, ejemplos, ilustraciones y fragmentos de su multipremiado documental para que el objetivo se alcanzara esa mañana de octubre.
Sin academicismos, evidentemente pensada para un público de intereses y posibilidades diversas, Gore ofreció una conferencia magistral bien ensayada, que encaja dentro de todo un movimiento internacional cuyo objetivo es tomar la oportunidad que se tiene para resolver el grave problema que calificó como “una emergencia planetaria”.

En el inicio al igual mostró las primeras fotos de la Tierra tomadas por los viajes que las tripulaciones de Apollo emprendieron a fines de los años 60’s y principios de los 70’s.

Son las mismas imágenes de la película dirigida por Davis Guggenheim, a su vez basada en el bestseller de Al Gore que el 2 de julio de 2002 ocupó el primer lugar de popularidad en la lista de los mejores libros del diario The New York Times.

El miembro de la Mesa Directiva de Apple, Inc. se refirió a los numerosos lugares que ha visitado no sólo para pronunciar el discurso y la advertencia, sino para ver los efectos que los drásticos y repentinos cambios climáticos tienen en el mundo.

Se refirió entonces a su encuentro con el Gobernador de Coahuila, Humberto Moreira, quien le describió el paso de algo insólito por dicha entidad: un tornado, fenómeno que se repitió en Acapulco, mientras que en 2004 se registró el primer huracán en el Atlántico Sur, mismo que azotó a Brasil.

Al año siguiente se romperían todos los récords de huracanes. Fue el año de “Wilma” y de “Katrina” cuando, incluso, los expertos pensaron en inaugurar una categoría 6 para definir la furia de estas tormentas y las que habrán de venir.

“El planeta tiene fiebre y la fiebre está aumentado”. Con estas palabras Gore compartió una definición del dilema al cual le ha dedicado su atención desde que en 1976, en calidad de representante electo, organizó las primeras conferencias legislativas sobre el tema.

Citó a especialistas como Lonne Thompson, investigadora de los glaciares que se están derritiendo y a los investigadores de MIT (Massachussets Institute of Technology), quienes determinaron que desde los 70’s las tormentas han aumentado en un 50 por ciento en duración e intensidad; de nuevo a Ravelle y a Sir David King, quien dijo que debido a los posibles cambios en los niveles del mar -fruto del deshielo masivo de la Antártica- “los mapas del mundo tendrán que trazarse de nuevo”.

En suma precisó que existe un consenso entre los científicos a nivel internacional de que el calentamiento global es un hecho. Prueba de ello es, al igual, un análisis de la Universidad de California en Irvine, de más de 900 revistas especializadas en la materia donde los expertos coinciden en lo dicho.

También se refirió al Protocolo de Kyoto y a la negativa de la actual administración de George W. Bush de sumarse a la iniciativa ambientalista que Gore promovió en tiempos de Clinton. Dentro de este mismo contexto reconoció en varias ocasiones el papel que su país juega en el proceso destructivo de la Tierra, siendo que el 30.3 por ciento de las emisiones de Dióxido de Carbono provienen de suelo norteamericano.

“Una día leí que la solución al problema global es evacuar el planeta. Ni siquiera pudimos evacuar Nuevo Orleáns”, agregó como fina ironía.
Gore fue aún más directo al afirmar: “Si invirtiéramos lo que invertimos en una semana en la guerra en Irak, estaríamos en camino a resolver el problema”.

Sin embargo, hay intereses específicos del sector empresarial que temen que la implementación de sistemas como generadores de energía solar, la fabricación más intensa de automóviles híbridos y rutas alternativas para la industria y el consumo, afectarán a la economía mundial.

Por eso, los escépticos se dejan escuchar y utilizan a la prensa para que la especulación cunda en espera de que el asunto de la debacle climática que se avecina, sea minimizada y hasta descalificada.

Las secuelas cada vez más pronunciadas de sequías e inundaciones, los incendios espectaculares, como el que acaba de ocurrir al sur de Grecia, así como los maremotos de gran intensidad, son apenas síntomas que comprueban lo que cada individuo experimenta en la medida en que las estaciones de invierno, primavera, verano y otoño no se comportan como tales.

Se calcula que si la amenaza persiste, en las próximas décadas podría haber hasta cien millones de desplazados, por lo que la situación es aún más grave de lo que muchos asumen, incluso en tiempos en los que el terrorismo se ha convertido en la principal preocupación tanto de gobiernos como de la opinión pública.

Por estas razones, Al Gore alentó a los asistentes a exigir a sus autoridades leyes que regulen la explotación del medio ambiente, combatan la contaminación y promuevan, entre otros ejemplos, la generación de energía solar, lecciones que él mismo enseña en el taller que sostiene en su ciudad de residencia, Nashville, Tennessee.

inalmente, recordó a todos que como ciudadanos tenemos a la mano el instrumento que conduce a todo cambio: el voto. “La voluntad política es un recurso renovable. Hay que renovarlo”, argumentó en aras de las elecciones de 2008 en Estados Unidos, donde se tendrá la oportunidad de revertir la negativa que ante este tópico sostuvo la Presidencia de George W. Bush.


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