Intocable
afianzó la
popularidad que
tiene en Tijuana
al reunir a más
de 10 mil
personas en el
concierto que
ofrecieron el
sábado 6 de
octubre.
Prometieron
volver el
próximo año
Puro sentimiento
JUAN CARLOS DOMÍNGUEZ
Al ya de por sí caos urbano tijuanero, se agregó
una turba enloquecida; miles y miles de enajenados
frente al momento tan largamente anhelado:
El concierto de Intocable, en el estacionamiento
del Hipódromo Caliente.
Desde las seis de la tarde la muchedumbre
empezó a arribar, entre congestionamiento
vial, aglomeración y desorganización. Alrededor
de 12 mil personas, “de todos pelos y colores”,
hicieron del sábado su día más glorioso,
para escuchar a una de las bandas más representativas
del género grupero y, sobre todo, para
reencontrarse con Intocable, que al filo de la
media noche pisó el escenario al son de “Bastó”.
Desde 125 pesos hasta mil 500 pagó la
gente para deleitarse -así fuera a 100 metros de
distancia- con el grupo oriundo de Texas. Las
clases sociales se distinguían por segmentos
separados por rejas de fierro; muchos filtros
que los fans más entusiasmados intentaban traspasar
para estar lo más cercano posible de sus ídolos. Pero el privilegio estaba reservado sólo
para aquellos que pudieron pagarlo.
Ir y venir, pisotones, gritos, empujones,
baile, aplausos, llanto; todos los comportamientos
y matices pasaban por los asistentes, mientras
en el aire y desde un escenario imponente
y vanguardista, se escuchaba el canto lamentoso
de Ricky Muñoz, vocalista de Intocable. “Dónde
Estás”, “El Poder de tus Manos”, “Contra Viento
y Marea”, se sucedían una tras otra
sin tregua para el entusiasmo desbordado
del público.
Teléfonos celulares, cámaras digitales y todo tipo de artefacto moderno era útil para sentirse muy junto a los músicos. Pese a los cercos
metálicos y a los baños portátiles que
también servían de barreras, algunos
a pocos metros del escenario,
desbordados y emitiendo hedores
muy bien tolerados por los fanáticos
sumidos en el éxtasis de estar escuchando
las canciones que han hecho
suyas. La identificación total con Intocable
y sus letras, llenas de lugares
comunes, de frases rápidas y sentidas, de poesía
elemental. Intocable “es Maná con sombrero”,
diría atinadamente alguien.
“¡¿Dónde están los amigos de Tijuana esta
noche?!”, gritó a manera de saludo René Buenrostro,
el anunciador del grupo, que hacía derroche
de elocuencia: “Ésta va para las mujeres
solteras y sin compromiso ¿eh?”; y las féminas
ya con eso se emocionaban. “Y si están solteras
y llegaron solas esta noche y no se enamoran, ¡pues aquí está Intocable!”. Y aquellas más jubilosas
se ponían.
“¿De qué está hecho Intocable que embrutece
aún más a la gente, sin importar edades
o clases sociales?”; pues ahí estaba el grupo
en vivo para responderlo con sus canciones que
mueven las más profundas fibras amorosas de
sus fans -indistintamente hombres, mujeres o
gays- y que hacen adorar sin igual al vocalista
Ricky, gordito sin gran voz y que casi no abre la
boca para cantar, y que sin embargo hace enmudecer
del impacto a sus enamoradas y enamorados.
“Estás que te Pelas”, “Enséñame a Olvidar”,
“Fuertemente”, “Eres mi Droga” y “Aire”;
canciones fusionadas entre el pop y lo norteño,entre el amor y el ritmo, en un vaivén emocional
que todos deseaban interminable: “¡Muchos
thanks yous”!, agradecía el cantante, a la
vez que lanzaba un reproche: “¡Los que no vinieron
se perdieron del desmadre de Intocable!”.
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