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Nos gustan los tacos

Contrariedadez | Raúl Paredes y Hernández

No cabe duda que el mencionar la palabra “tacos” es causa de polémica en cualquier reunión. Todos, todos todos, tenemos la mejor propuesta sobre cuáles son los más sabrosos y estamos dispuestos a demostrarlo invitando a los participantes a salir y echarnos una “media docena”, cuando menos, en nuestro lugar favorito.

Cuántas veces, saliendo de un evento surge una voz sugiriendo: “vamos a los tacos…”  Trátese de una función de cine, de teatro (en el CECUT), y hasta de ópera o jornada de Motzart, nunca faltará la encopetada dama que diga: “vamos a los tacos…” Aquí surge la polémica: “…que los de… (aquí entra el apodo del favorito que puede ser “el gordo”, “la colonia”, o los de enfrente a…, atrás de… o puede ser alguien, aparentemente de nacionalidad extranjera, sobre todo si se trata de la zona de Playas…).

Mire, esto de “los tacos” ha traído graves problemas; no sólo por designar al mejor con el mejor producto, sino porque en todas las ciudades del país, al tratarse de la “planeación” y del futuro crecimiento de las mismas, debe considerarse el lugar en que se ubicarán estos dignos representantes de la industria culinaria (sin malos pensamientos por favor) que tan buenos dividendos arroja a la economía nacional. ¡No hay ciudad mexicana (y algunas extranjeras) en que esta fuerte industria no tenga localizadas las avenidas y los cruceros más importantes de la localidad!

Volviendo a mi viaje –que de eso trata todavía mi “Contrariedad” de hoy– he de destacar la importancia que tuvo el consumo de dichos ejemplos de la famosísima “cocina mexicana”: los tacos…

Ya le platiqué que en Huichihuayán, S.L.P, pagamos 113 pesos por cuatro desayunos con pan dulce y café de primera; pero eso no fue todo, a uno de  los concurrentes al viaje, que es “de los nuestros”, además del opíparo desayuno le hizo falta completar con unos “taquitos de deshebrada” a tres pesos cada uno…Se echó seis de “desempance”…

Los tacos tienen su “lado bueno”, Usted lo sabe también, pues nos han hecho inmunes a muchísimas enfermedades gastrointestinales ya que, al ingerirlos, sobre todo los “sudados” o “de canasta”, obtenemos gratuitamente –dejando fuera el costo del taco– la “vacuna” que nos ha hecho sobrevivir quinientos años a partir de la conquista de los españoles, cuando se esforzaron por transmitirnos cuanta enfermedad traían de Europa…

Continuando con la relación de lo acontecido en mi referido viaje, tengo que establecer esta descripción del recorrido, con la importancia de nuestro gusto por los tacos; mire:

La naturaleza cobra…

Si Usted abusa de ella, tarde o temprano le cobrará; hasta creo que a eso vino el “ex vice” Al Gore a la UABC: a platicar sobre el calentamiento global, que es una consecuencia de dicho abuso…

Bueno, pues en nuestro caso el cobro fue en otra forma.

Le dije en mi entrega anterior que después de visitar Xilitla y lo del desayuno, enfilamos hacia un lugar que me habían indicado no debía dejar de admirar: le llaman el Sótano de las Golondrinas. Hacia ahí nos dirigimos sobre una preciosa carretera entre la selva tropical donde, antes de llegar al entronque indicado, apareció un letrero en que leí: El Sótano de las Hua Huas; seis kilómetros.

Sabiendo que no nos encontrábamos en Cuba, me sorprendió la similitud del nombre con el otro sótano y decidimos desviarnos en la dirección indicada. No le fallamos.

Se trata de un lugar con características similares a lo que había leído de las golondrinas; es decir un profundo (400 metros) agujero natural en el terreno, en dónde diversas aves –en cifras que llegan a los millones de pericos y golondrinas– tienen sus nidos y que, en las madrugadas y los atardeceres, ofrecen el bellísimo espectáculo de salir y entrar en beneplácito de los que tenemos la fortuna de llegar a verlos.

Aquí entran los tacos: mire, para llegar al mencionado agujero hay que caminar…y caminar y caminar. Entre selva, calor húmedo, mosquitos y una que otra viborita, hay que caminar, subir, bajar, sentarse, descansar y seguir caminando…

Si a Usted le gustan los tacos, como a un participante de nuestro grupo, es probable que le dé un infarto…y no se lo recomiendo: mejor bájele, o no vaya.

Por lo demás el viaje terminó bien, muy bien. Ya de regreso a Monterrey, donde cerramos el recorrido y después de visitar los nuevos atractivos turísticos –un paseo sobre un lago artificial en mero centro y una ampliación del Museo Regional (limitadito)– tomamos el avión de regreso, no sin antes echarme el “último round” con los de la arrendadora Thrifty que, ya le platiqué, fue la única mosca en la sopa…

Nota: No deje de enterarse de lo último que hizo don Carlos Madrazo en el maratón de Berlín y lo platicamos la próxima semana…

Raúl Paredes y Hernández es ingeniero civil y reside en Tijuana, B. C.
Correo electrónico: raul3824@prodigy.net.mx


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