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Apuntes de José Emilio Pacheco

En Ensenada, el escritor mexicano compartió su obra y habló de los temas que le preocupan, incluyendo la incomunicación y mercantilización del escritor hispanoamericano.

Javier Cruz Aguirre

La banalidad del periodismo escrito y electrónico, la mercantilización de la profesión del escritor, la incomunicación del escritor hispanoamericano y el paso de los años, que agobia y limita la otrora enorme capacidad de trabajo de uno de los mejores poetas, ensayistas, cuentistas, editor, traductor, novelistas y reseñistas del México contemporáneo, son, entre otros, algunos de los temas que José Emilio Pacheco (Ciudad de México, 30 de junio de 1939) compartió con una multitud de ensenadenses que abarrotó la sala de usos múltiples del Centro Estatal de las Artes (CEARTE), el pasado viernes 12 de octubre por la noche.
Invitado a dar lectura a fragmentos de su obra poética inédita “Como la Lluvia”, el galardonado con premios como el “José Donoso” (2001), el “Octavio Paz” (2003), el “Pablo Neruda” (2004), el “Ramón López Velarde” (2003), el “Alfonso Reyes” (2003), el “José Asunción Silva” (1996), el “Xavier Villaurrutia” (1973) y el “García Lorca” (2005), también hostigó a la ex “pareja presidencial” por exhibir públicamente “una riqueza que no pudo haber logrado por medios honestos”.
Y lo hizo precisamente al comentar la “alarmante” desaparición de los espacios culturales en los medios de comunicación impresos.
“En cambio abundan, no sé si lleguen aquí, a lo mejor es una cosa local, las secciones de sociales a todo color en donde la gente exhibe una riqueza que no pudo haber logrado por medios honestos. El Jeep, el Hummer. Pero él (Vicente Fox, ex Presidente de México) dice que es del Estado... (Mayor Presidencial). ‘¡No es mío, no es mío!’, dice, pero además la forma de obtener el Jeep es verdaderamente misteriosa, pero para qué hablamos de esa pobre mujer (Marta Sahagún de Fox)”.
Sin embargo, el autor de las imprescindibles rimas compiladas en el libro “Tarde o Temprano”, o la trascendental narración “Batallas en el Desierto” (1981), no pudo contener la ironía simbólica del literato socialmente comprometido y de inmediato acotó:
“Y los distribuidores de automóviles, que los invita (Marta Sahagún) a la casa presidencial y les dice: ‘Yo quiero asegurar el patrimonio de mis hijos; entonces denme la concesión en El Bajío’. Entonces hay varias formas de ver esto, una como corrupción y otra como una madre realmente muy abnegada que se preocupa mucho por sus hijos”.
Entonces remató:
“Yo no sé cómo cambiar esto, pero esos suplementos (de sociales) son realmente dañinos. Esto (del nuevo escándalo de la ex pareja presidencial) es una ruptura de las tradiciones del rico mexicano, que viene desde la colonia, de hacer muros para que nadie vea su casa. Lo cuenta la marquesa Calderón de la Barca en eso que es tan horrendo ahora, pero que entonces era hermoso: San Cosme. Cómo estaban las fiestas de los ricos y los miserables de la Ciudad de México tratando de ver por las rendijas”.
Para uno de los dos colaboradores culturales sobrevivientes de la revista Proceso -el otro es Armando Ponce-, la soberbia, puerilidad y arrogancia de Fox y Sahagún representa el tiempo y tema que hoy vive y trata el periodismo “cultural”, convertido por obra y gracia de los propietarios y directores de periódicos y revistas, en simple sección de “sociales” que denigra a la comunidad y hace desaparecer a la reseña cultural, o las limita a textos de un simple y lacónico párrafo:
“¡Estupenda novela de la vida en la frontera! De acción y violencia”.
A ello sumó la crítica al editor, al dueño del medio impreso que, avaro, no quiere hablar de dinero cuando se lo solicitan sus trabajadores o colaboradores, pero que presto deja todo cuando se le trata el tema del dinero que cobra.
“Yo viví toda mi vida de lo que escribía en los periódicos. Y ahora no pagan. Eso me parece espantoso para la gente joven. Piensen nada más la diferencia de lo que cuesta en la era electrónica producir un texto. Necesita una computadora, una impresora, cartuchos de tinta. Antes era una maquinita de escribir y papel. Y ahora me he encontrado con algunos diálogos inverosímiles, como por ejemplo: ‘Es que no podemos decirle esto al señor dueño, al rico de la empresa, porque se enoja mucho cuando le hablan de dinero’; sí, del dinero, excepto del que cobra.
“O ‘¿cuánto quiere ganar por esto?’ Entonces se queda uno mudo.
“O ‘¡Ay, me decepciona, yo pensé que a usted no le interesaba el dinero!’”, que es la que he escuchado mucho. Entonces mi respuesta invariable es: ‘A mí el dinero no me interesa para nada. Desgraciadamente le interesa a toda la gente que me rodea’. No puedo llegar al supermercado y decirle a la cajera: ‘¡Fíjese que no voy a pagar porque a mí no me interesa el dinero!’”.
Y de aquí siguió con los escritores jóvenes, a quienes les interesa más la fama que escribir o leer la producción literaria de sus colegas contemporáneos o pasados, poetas, novelistas, ensayistas; hombre y mujeres por igual.
“Yo no sé por qué entre los autores jóvenes hay mucha necesidad de publicar, pero no por leer a otros escritores. Eso sí es un misterio y un drama atroz, pero evidentemente se venden estos libros, si no, no se publicarían. Pero sí me llama la atención que de repente preguntas: ‘Oye, ¿ya leíste estas poesías?’ y te contestan, ‘¡no, a mí no me interesa la poesía! No leo más que lo que escribo’. Entonces con qué cara puedo yo pedirles que escuchen o lean mis poesías. ¿Cómo entonces pueden aspirar a que alguien se interese por ellos si no se interesan por los demás?”.
Pacheco citó entonces algunos casos “aberrantes” en los que se involucró, por la vía de Internet, con algunos escritores noveles o con madres de familia que, desesperadas, le pidieron ayuda para que su hija adolescente sacara adelante el examen que le dejó uno de sus profesores: Una entrevista con quien pertenece a la Generación de los años Cincuenta, integrada también por Carlos Monsiváis, Eduardo Lizalde, Sergio Pitol, Juan Vicente Melo, Vicente Leñero, Juan García Ponce y Salvador Elizondo.
1.- “Una señora me pide que ayude a su hija en un trabajo escolar, una entrevista, en donde las preguntas son tipo ‘Ventaneando’ y Vanidades: ‘¿Cuál es su comida predilecta? ¿A quién prefiere, a Paulina Rubio o a Shakira?’ ¡Qué haces!”.
2.- “Otro quería que lo recomendara en el Instituto Nacional de Bellas Artes y con el Fondo de Cultura Económica. Además que le consiguiera entrevistas cuando apenas tenía cuatro poemas escritos. ‘Entonces quiero que publiquen mis primeros versitos y quiero que me los paguen y me los elogien, además de que me entrevisten y me inviten a un programa de televisión’. Que me perdonen todos, porque hay gente muy seria que me escribe, ¡pero esto no es un deseo de escribir, sino de ser escritor y de ser recompensado con la fama!”.
Reconoció entonces que, tal vez si tuviera hoy 20 años, posiblemente tendría que vivir de otra cosa:
“De eso veníamos platicando, de mi agradecimiento con la editorial Era. Si yo tuviera 20 años ahora, y esto no es nostalgia, yo debería dedicarme a otra cosa porque si no vendo como Isabel Allende, simplemente pican el libro, lo convierten nuevamente en pasta y no me vuelven a publicar porque soy un autor que no se vende”.
Finalmente y tras reconocer que “uno se gasta y se acaba: hago una sola cosa y quedo liquidado”, por lo que retrasa volver a escribir la columna “Inventario” en la revista Proceso, habló de otra cosa que lo desespera:
“Este año he tenido la oportunidad de ir a muchos lugares diferentes y darme cuenta de algo de lo que no sé si se está consciente. Yo diría que cada ciudad importante de México tiene una importante y auténtica literatura, muy buenos libros, muy buenas novelas, reseñas y poesía, pero no pasan de ahí, de su lugar. Y lo que pasa en el país es lo que pasa en los países latinoamericanos: un libro boliviano no llega a Chile, un libro peruano no llega al Ecuador.
“Yo creo que esto es una consecuencia de que la corona española prohibió a sus colonias que comerciaran entre sí, que todo se hiciera por medio de la Casa de Contratación de Sevilla. Para eso sí tengo un argumento irrefutable. Díganme el nombre de un escritor o de una escritora hispanoamericana que ha tenido resonancia e importancia. ¿Qué tienen en común? Todos han publicado en español, pero sólo de España se puede llegar a otros países, de otra manera se queda. Eso me alarma, que exista esa literatura tan buena y que no se conozca. Es muy desalentador”.


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