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Lorenzo Meyer y la “sobrevivencia” de México

En el Campus de UCSD en La Jolla, el historiador y analista político mexicano advirtió los riesgos del sistema político del país en tiempos de una crisis muy inmediata.

Gabriela Olivares Torres

“Espero que me vaya mejor que a Fox”, bromea Lorenzo Meyer mientras el público aguardan sus comentarios en torno a su libro más reciente: “El Espejismo Democrático”.

Plenamente identificado por ser uno de los hombres de negro del programa “Primer Plano” del canal Once TV, el historiador mexicano se presenta como un académico desenfadado en el Centro de Estudios México-Estados Unidos de la UCSD (Universidad de California en San Diego).

Su presentación el jueves 11 de octubre, se debe, al igual, a un libro que por estas fechas escribe en torno a las relaciones contemporáneas entre los dos países limítrofes, con apoyo de la universidad norteamericana.

El tema, por supuesto, se vinculará al contenido del trabajo que publicó en este 2007 bajo el sello de Océano, donde advierte la falla del sistema para aprovechar la oportunidad de democracia en los comicios electorales de agosto.

“La característica principal del sistema político mexicano fue su estabilidad autoritaria”, explicó luego de un recuento en el que subrayó que desde el Siglo XVI, México funcionó sin democracia.

“Pero no había una ideología elaborada en el sistema político. El sistema podía ir a la derecha, a la izquierda, al centro. Era como una amiba. Se adaptaba”, agregó a la hora de referirse al gobierno, partiendo de Venustiano Carranza.

Como prueba de la funcionalidad autoritaria -que no dictatorial, se aclara- a la que hizo amplia referencia, Meyer ofreció una serie de datos entre los cuales destacó que durante el presidencialismo al estilo PRI, el crecimiento económico fue en promedio del 6 por ciento, mientras que a lo largo del sexenio de Fox el indicador apenas llegó al 0.62 por ciento.

Fue durante la década de los sesentas cuando la sociedad empezó a cambiar, no obstante el Estado permaneció estático, por lo que los desencuentros que desde entonces se manifiestan son comprensibles.

Hasta que en el año 2000, con el triunfo de Vicente Fox, la expectativa se transformó. Se trató, pues, “de un momento histórico, sin duda muy importante para México. Realmente fue un momento increíble porque siempre hay el deseo de decir, esto es, el principio de un gran cambio”, opina Meyer.

“El año 2006 casi fue lo opuesto”, dice el investigador del Colegio de México. En seis años “esto acabó en un conflicto que mató las posibilidades de tener un sistema vibrante y vital para el futuro político de México”.

El primer gran golpe se dio cuando Martha Sahagún fue considerada por el propio Fox como una posible sucesora, como si de este modo el autoritarismo hubiera encontrado un nuevo método, una forma de garantizar el poder perpetuo del primer Presidente panista. Después se dio la lucha contra Andrés Manuel López Obrador, a cargo del Distrito Federal por medio de un desafuero “muy fabricado”.

El entendimiento del PRI y del PAN en este asunto, sumado al temor creciente de empresarios y de la clase media ante el desarrollo del PRD, desembocó en el lío armado a partir de la carrera por Los Pinos.

El analista añade un hecho concreto para ilustrar este enredoso panorama: “Felipe Calderón introdujo el factor del miedo de que Chávez en Venezuela y López Obrador eran iguales”. Para ello contó con el apoyo de un profesional de medios español y de un estadounidense, quienes armaron una astuta estrategia propagandística.

La consecuencia inmediata fue la polarización de la sociedad que se reflejó en la forma en que los votos se distribuyeron en el norte y sur del país.

“Los medios fueron brillantes para lograr esto, pero a la larga van a tener que pagar el precio”, adelanta Lorenzo Meyer. Como ejemplo “ahora tenemos la guerrilla. La guerrilla no puede darse en una democracia”. Y no hay que olvidar que, a propósito de movimientos como el EPR, “PEMEX es un animal muy vulnerable”.

“Creo que Calderón va a ser un Presidente reformador y su partido lo va a apoyar. La oposición va a negociar esas reformas porque México tiene ahorita una crisis política”, argumenta el expositor en La Jolla, California.

Justo eso es lo que está sucediendo con una serie de modificaciones al aparato fiscal, electoral y del Estado donde, según Meyer, se denota que la administración calderonista está repitiendo los pasos de Carlos Salinas de Gortari cuando promovió la reforma electoral para así “huir hacia adelante”.

“¿Cuáles son las metas finales del proyecto nacional?”, es la pregunta aún pendiente. “Según Fox, la democracia sería la respuesta a la corrupción, haciendo a la gente responsable e imponiendo el rigor de la ley”, recuerda Meyer. “Este proyecto murió muy pronto”.

“¿Cuál es la idea de la élite política en México ahora? -insiste el conferencista- Parece que por el momento el objetivo es la sobrevivencia”.
Dentro de este grisáceo contexto, el mayor reto de Calderón consiste en “crear las visiones del futuro que siempre fallan, pero que son útiles para que el país vaya hacia adelante”.

En el ínter, de acuerdo con Meyer, se perdió la oportunidad de tener un sistema político distinto desde la izquierda que aparece fragmentada, al tiempo en el que la derecha carece de ideas, sólo mantiene intereses.

“Le suplico a la realidad que me demuestre lo contrario, sería feliz al fallar como politólogo si gano como ciudadano, pero creo que perdimos la oportunidad el año pasado”, reitera.

Al igual, “no creo que como una sociedad, un sistema, un país no tengamos alternativa, pero vamos a perder tiempo. Estamos perdiendo tiempo. Perder tiempo al comienzo del sistema es una mala idea”.

Por otro lado, también aporta su visión sobre los errores graves cometidos por López Obrador ante un país conservador, además permeado por el mensaje que Calderón bien logró difundir a través de la prensa sin la pronta reacción e inteligencia de la oposición, razón por la cual “puedes explicar la derrota sin el fraude electoral”.

El rechazo a Elba Esther Gordillo, “la maestra”, el tambaleo de los gobiernos perredistas locales y el distanciamiento con el sector empresarial encabezado por personajes como Carlos Slim y Lorenzo Zambrano, alejaron todavía más al líder izquierdista de la Silla del Águila, pese a contar con la figura de Rogelio Ramírez de la O, el economista ortodoxo de Cambridge que aparecía como prueba de que el esquema financiero de México permanecería prácticamente intacto porque “hay muy poco campo para moverse en la economía”.

De cara a la pérdida, con una sociedad que además se duerme pese a la emergencia competitiva de países como China y la India, y el intento calderonista de lograr que la balanza se sostenga donde está, la situación venidera acarrea peligro.

Por lo que la conclusión de Lorenzo Meyer no es amplia, más bien parece demasiado simple para ser contradictoria. Así, al final sentencia: “El cambio tiene que darse porque la situación es muy crítica”. Ni quien lo dude.


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