|
|
 |
 |
El agua derramada está…
Muchas guitarras y muy poco rock. Café Tacvba apesta a pop con lluvia de coros dulces. No es cuestión de percepción: la temática se inclina hacia cuestiones existenciales e irrelevantes, cual capricho de un cuarteto que no quiere evolucionar.
Roberto A. Partida Sandoval
No hay sonidos nuevos, ni siquiera se puede hablar de una experimentación, mucho menos de una evolución, pero sí en una fijación de melodías muy a lo The Who, Depeche Mode, The Beach Boys, Led Zeppelin, Rush, Bob Dylan, U2 y un inexplicable solo de batería. Se trata de un collage de canciones inéditas - por llamarlo así- del cuarteto más afamado del país.
Son quince momentos en los que Café Tacvba construye su destino: El polémico “Sino”. Y no es cuestión de percepción, sencillamente no hay “un balance entre la madurez creativa y musical” -como asegura la revista Rolling Stone-, y ni dudarlo. Musicalmente hay más pop que rock. Suenan light y tan alejados de aquellos “inditos” que solían cantar “Ingrata” y la “Chilanga Banda”.
Aunque el tema “Volver a Comenzar” es toda una genialidad y sirvió para vendernos un álbum disfrazado de espectacular y lleva esa carga del new wave con la que los Tacvbos pretenden ligar el ayer sonoro con un “Sino” sobrevalorado, más que innovar, “Volver a Comenzar” se repite con esa onda pseudo indie y versos muy al estilo de Rubén Albarrán (ahora “Ixxixoo”).
Y es que en “Sino” se escucha un Café Tacvba encaprichado que, por momentos, muestra a Joselo insistente en hacernos creer que sí canta, mientras la banda coquetea con el pop, al mismo tiempo que lo oculta con muchas guitarras encima. Será una utopía pensar en alguna aportación musical de “Sino”, tan es así que por momentos Juanes suena más a rock.
El álbum inicia con “Seguir Siendo”, donde la voz de Rubén se plasma sobre un piano melancólico que liga tenuemente “Tengo Todo”, una lluvia de armonías dulces; pero hasta ahí el disco sigue sin la acción “Tacubaya”.
“53100” se muestra con tintes progresivos, con el debut de Quique Rangel en la voz y jugueteos entre guitarras, bajos, teclados y tambores bien marcaditos.
Un simple beat guía “El Outsider” entre un bajo y un teclado que brilla más allá de las percusiones y los coros salseros -ni la escuchen -. Según el orden, de “Volver a Comenzar” sigue “Arrullo”, un tema pausado y sereno, pero en sí el disco es plano, demasiado soñado, tal fuese preparado para sonar a infinidad de bandas inglesas y canadienses. La actitud de “Sino” es pasiva comparada con su historia.
Los coros pop y pegajosos en “Vámonos” y las armonías de un par de guitarras empalagosas se repiten en baladas como “Esta Vez”, “Quiero Ver” y en “Y es Que” - interpretada por Meme - como los tiempos instrumentales que, si no fuera por la peculiar voz de Albarrán, la música pasaría como una mezcla de tantas bandas - incluyendo a los Beatles -, que resulta en vano la espera de cuatro años entre “Cuatro Caminos” (2003) y “Sino” (2007).
Gráficamente, “Sino” está repleto de ondas sinodales que nutren el arte y diseño del disco, figuritas y dibujos que retratan y caricaturizan a este cuarteto que después de innovar y permitírselo todo, produce un álbum irrelevante.
Habrá que esperar a escuchar éstos y sus ya clásicos temas en vivo el próximo sábado 27 de octubre, cuando Café Tacvba se presente en la Plaza Monumental de esta ciudad.
|
 |
|
 |