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La Vaca Voladora

Contrariedadez | Raúl Paredes y Hernández

Esto pasó hace años…muchos.
El título de hoy pertenecía a una especie de club que formamos un grupo de compañeros que entonces trabajábamos en un grupo financiero de carácter internacional (según se anuncia ahora que anda solicitando personal para su equipo de ventas…¡a dónde hemos llegado!)

Bueno, pues sí, éramos un grupo de ingenieros y arquitectos que prestábamos nuestros servicios en diferentes departamentos de los llamados de Dirección y que coincidíamos a la hora de la comida en el 4º. piso de la empresa, donde comíamos los funcionarios…

Había tres niveles de comedores: el de los empleados (tipo cafetería); el de los funcionarios –a donde pertenecíamos los del club al que me voy a referir– y el nivel de Dirección, que ya era hablar de otra cosa

En aquellos tiempos –¡uuuuuy!– el nivel de dirección en un banco estaba formado por –generalmente– viejos funcionarios que habían recorrido todo el escalafón bancario –y lo recalcaban cada que vez podían– o pertenecían a familias acaudaladas parientes o amigos muy allegados a los directivos. Además sabían comer y comían muy bien…

El comedor de Dirección gozaba fama de su magníficas viandas y …vinos.  Al final de cada comida pasaban charolas con quesos y fruta; café, coñac y puros. Salíamos (la rara vez que nos tocaba) botando…

Bueno, pero nuestro comedor era el de funcionarios

Contenía mesas redondas para diez o doce personas que eran atendidas por meseros (a diferencia del de empleados que era, como dije, de autoservicio) y la comida, aunque buena, nunca llegaba a la esplendidez que mencioné arriba y únicamente podemos destacar “las sopas” que le quedaban extraordinarias al chef. Cabe aclarar que era el mismo cocinero para todos; pero la comida era diferente…

Bueno, ya basta: Al grano, Paredes … ¿Qué es eso de “la vaca voladora”?
¡Ah!, ya casi se me olvida.

El grupo que formábamos nos llevábamos bien (más o menos, por la propia competencia profesional y burocrática) y en la hora de la comida procurábamos animarla con alguna plática sobre alguna experiencia reciente que, juzgábamos, nos haría descollar sobre las de los demás. No faltaba alguna exageración o mentira que fácilmente descubríamos.

Cierto día un compañero mencionó su aventura más reciente y que había experimentado en algún lugar del sureste pues sus padres, y él mismo, eran de por allá

No quiero irme muy lejos pero se trataba de un aterrizaje en avioneta sobre algún pequeño aeropuerto en los que, ya lo sabe Usted, no existe torre de control ni nada que se le parezca; el caso es que describiendo su aventura resultó que nos quiso explicar que la pista estando ocupada por vacas que pastaban plácidamente tuvo que ser desalojada sobrevolando a baja altura con la avioneta con objeto de espantarlas y poder aterrizar.

El pasaje era lo suficientemente atractivo para despertar la emoción de los oyentes que, atentos, esperábamos el desenlace y mi amigo se esforzaba en revivirlo con toda exactitud….Sin embargo…

Sin embargo…se pasó. A Jorge, las palabras y la emoción del relato lo traicionaron, y le confundieron; las alturas no coincidieron terminando la aventura con que ¡las vacas chocaron contra la avioneta antes de que ésta tocara tierra!

¡Fue la mayor exageración que ser alguno pudo pronunciar en aquella mesa! Nadie pudo jamás acercarse siquiera a algo parecido.

Así nació el Club de la Vaca Voladora. Es más, se creó el premio de la “Vaca Voladora” a la mejor mentira del mes.

Mi amigo Jorge nació en Tabasco; lleva por apellido: ¡Pintado! Y es primo de:… ¡le atinó!, es primo de ¡Roberto Madrazo Pintado!

La última hazaña del ex candidato como corredor en Berlín, me hizo recordar a mi amigo. Por eso la semana pasada le pedí a Usted que se enterara…

Un saludo para mi amigo, don Jorge Pintado Cervera, donde quiera que se encuentre.

La última vez lo saludé en Monterrey –hace como 25 años– con su domicilio y teléfono registrados entre los consulados y embajadas de la Sección Amarilla como Embajador de Transilvania en esa ciudad.
Genio y figura…

Raúl Paredes y Hernández es ingeniero civil y reside en Tijuana, B. C.
Correo electrónico: raul3824@prodigy.net.mx


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