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Padrectomía (Síndrome del Padre Destruido)

Conzultoría Matrimonial | Lic. Roberto Bautista López

Al correr los años de estar escribiendo y cuando he tratado de los problemas de las parejas cuando se separan o divorcian, siempre he dicho que los que verdaderamente sufren son los hijos, y lo sigo sosteniendo, ya que a partir de ahí su proyecto de vida que deseaban sus padres se ven afectados y olvidados por los mismos y que pueden durar toda la vida, pero en contra, el sufrimiento de los padres también es igual y quizás con la misma intensidad de los hijos, pero a éstos, por fortuna se les pasa pronto y al rato se olvidan de ello. En el caso de los padres por regla casi natural es la madre la que se queda con ellos, dejando al padre sin sus hijos y seguir compartiendo en la misma forma que ellas a sus hijos, por lo que el sufrimiento de los papás tiene una connotación que brevemente comentaré.

La experiencia clínica de psicólogos, terapeutas y consultores matrimoniales como el suscrito, recoge los efectos devastadores que para el padre tiene el divorcio por estar asociado a él la pérdida de los hijos; la ruptura del vínculo relacional, la interrupción de una paternidad construida desde el compromiso y la pérdida de espacios generadores de experiencias gratificantes con los hijos, lo que ha provocado que, aunque relativamente reciente, pero con fuerza cada vez mayor, grupos de estudiosos aborden este fenómeno tratando de esclarecer sus causas, condicionantes, manifestaciones y vías para su profilaxis y tratamiento.

Esto es lo que se llama Padrectomía, o sea el alejamiento forzado del padre, cese y extirpación del rol paterno y la pérdida parcial o total de sus derechos ante los hijos. El cual se expresa a nivel sociocultural, legal, familiar y maternal y que posteriormente en otro apunte trataré de comentar. El proceso post-divorcio trae consigo, al nivel real y vivencial, un rompimiento de la familia con la figura paterna, y de ésta con la familia del padre, desde abuelos, tíos, primos, que son parte de la familia de los hijos pero que parece no interesar posteriormente a la madre que se queda con los hijos y corta para siempre ese vinculo filial.

Es decir, que de forma inevitable ocurre un grado de pérdida o alejamiento del padre, con su correspondiente precio afectivo. Por diversas razones es al padre al que le corresponde decir adiós, o hasta luego, pero finalmente despedirse, lo cual en muchas ocasiones va acompañado de añoranza y un gran sentimiento de dolor, pues se trata de separarse precisamente de lo que más se quiere. Esta situación de pérdida es sufrida por siempre, aunque con el tiempo es atenuada en parte por el mismo distanciamiento que se dio.

Es entonces cuando el alejamiento del padre se convierte en extirpación.

El obligado cambio en el rol paterno deviene en disfunción y el dolor se torna en angustia y desesperación. Esta privación paterna, esta padrectomía, parece tan nociva para los hijos como la privación materna, aunque sus efectos sean diferentes, y es nociva en tres vertientes: 1.- En tanto que el hijo sufrirá la privación paterna y el dolor de la distancia de un ser significativo que necesita cercano. 2.- En tanto que el padre ve cercenados sus derechos funcionales lo cual le causa dolor, culpas y resentimientos. 3.- En tanto que la madre se verá sensiblemente afectada con una sobrecarga de tareas y funciones al verse obligada (o por elección personal) a suplir las ausencias paternales desde su condición materna.

El fenómeno de la padrectomía limita o impide al padre en el ejercicio de sus derechos y el disfrute del contacto con sus hijos. Y es, en esencia, la vivencia de la pérdida con sus múltiples matices la que provoca en el plano de la subjetividad masculina un conjunto de manifestaciones o síntomas que se hace necesario seguir estudiando, así como considerar lo que se vaya conociendo y experimentando por los especialistas.

La padrectomía es un hecho, no una enfermedad ni un síndrome; las vivencias lacerantes del padre, son también hechos lamentables, y, además fenómenos subjetivos que es necesario prevenir, sobre todo por los órdenes judiciales al momento de dictar sus resoluciones que en ese sentido sin hacer consideraciones de fondo, siempre se inclinan por dar la razón a la madre sin considerar de fondo si eso es lo mejor para los hijos por un lado, pero sin nunca considerar al padre, ya que es natural que el cese de los derechos paternales genera lógicamente desesperación paternal, disfunción y aún desaparición. Este trágico trío sintomático constituye una desenfrenada y terrible aflicción psicológica que es tratable y más importante aún prevenible.

Los casos estudiados hasta ahora por los especialistas y dados a conocer en diversos medios confirman tal afirmación, por lo que se concibe al Síndrome del Padre Destruido como la constelación de síntomas (depresión, desesperación, sufrimiento, sentimientos de minusvalía, ansiedad, culpa, ira, evitación, agresividad o rechazo) que en el plano emocional y conductual provoca en el padre la vivencia de la pérdida de su hijo en el proceso post-divorcio. La intensidad de estas vivencias encuentra su origen en el grado de apego y significación de la relación padre-hijo.

Es un buen tipo mi viejo
que anda solo y esperando
tiene la tristeza larga
de tanto venir andando.

Yo lo miro desde lejos
pero somos tan distintos
es que creció como el siglo
con tranvía y vino tinto.

Viejo, mi querido viejo,
ahora ya camina lento
como perdonando el viento
yo soy tu sangre mi viejo
soy tu silencio y tu tiempo.

Él tiene los ojos buenos
y una figura pesada
la edad se le vino encima
sin carnaval ni comparsas.

Yo tengo los años nuevos
y el hombre los años viejos
el dolor lo lleva adentro
y tiene historia sin tiempo.

Viejo, mi querido viejo.

Como siempre agradezco a mis dos que tres lectores sus comentarios y consultas al teléfono 684-9647, fax 684-1889, celular 204-6180 o al e-mail: bautista46@hotmail.com

El licenciado Roberto Bautista, ejerce su profesión en Tijuana, B.C.


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