Adela Navarro Bello
Muertitos
No literalmente. Mejor completo: A todo mundo le ha dado, en los gobiernos estatal y municipal, por nadar de muertitos. No hacen nada.
No ven nada. No se paran en las oficinas. Piden “vacaciones” adelantadas, y de paso, cobran.
Los meses entre la salida de un gobierno y la entrada de otro, se han convertido en la época muerta de la función pública. Lástima que no se refleje en la nómina, que mientras el cementerio político crece, los egresos públicos también. Es una contradicción. A menor trabajo mayor paga.
Pero así es el gobierno. Ni quién sea el valiente que les diga lo contrario. Es un círculo vicioso. Los diputados o los regidores, que son quienes por Ley deberían supervisar, fiscalizar y validar el trabajo del poder ejecutivo, viven en la misma dinámica. Trabajan poco y se pagan mucho.
El colmo son estas semanas de incertidumbre. A los del Gobierno del Estado les restan escasos 12 días de administración. Y a los de los Ayuntamientos 42. Épocas infértiles en las que nadie hace nada más allá de cortar listones, tomarse la foto y empezar a empacar.
Los días perdidos de la administración pública son muchos. Salen caros. Mejor valdría cambiar la Ley. Que tomen posesión a semanitas de la elección. Así nos ahorramos dinero, pleitos y muchos muertitos políticos. A eso súmele que no hay poder tras el trono. Ya no es tan gobernador el que está, pero tampoco es figura el que vendrá.
Lo mismo pasa con Alcaldes y regidores. Los funcionarios son lo peor: Cobran hasta el último momento y se quedan en la inactividad persiguiendo la indemnización más que el reconocimiento.
Ahí tiene usted al flojonazo del ex Alcalde de Tijuana, que para evitar pesares, dejó en su lugar a uno tan o igual que él. Más habladorcito, eso sí. Como si la razón le asistiera, habla de todo y respinga ante la menor provocación. Heredó de su anquilosado antecesor lo dicharachero pero le falta gracia.
Ahora resulta que es el hijo predilecto de su tierra de residencia. Que obvio no es Tijuana, ni Baja California, ni México. Sino una ciudad allende la frontera. Él sí es profeta en su tierra. No en la nuestra.
Acá viene a divertirse. A decir a todos que sí pero no cumplir nada. Desconoce la Ley y los Reglamentos. También las formas y los intrincados caminos de las acciones gubernamentales. No aprendió. Por eso primero les dice a los empresarios que sí, y luego les llama por teléfono para comentarles que lo siente pero que no se puede.
Total, una pérdida de tiempo con este hombre.
En el Gobierno del Estado no andan tan distintos. Ya ni obra. Hacen lo que pueden por mantener las que dejarán inconclusas pero no proponen nada nuevo. Lo que se gastó se gastó y no hay para más. Tampoco acciones ni programas. Son días como los funcionarios. Muertitos.
Baja California es en estos momentos una tierra sin Ley. Por eso los malosos aprovechan el vacío. Hacen de las suyas al amparo de la inactividad gubernamental. Se sienten como pez en el agua. Seguro que la transición gubernamental es su época favorita. La más fértil. Jodidos los bajacalifornianos, que son testigos todos los días del desgaste del gobierno. Ya ni quién les crea.
El mar está atiborrado de nadadores. Todos de muertitos. Ni se tocan. Prefieren ignorarse a menos que se apelliden Algorri Franco o Martínez Luna. Ésos pierden el tiempo el uno con el otro, mientras por enfrente les pasa la inseguridad y ni la ven.
Los regidores preparan informes de sus tres años, aunque en los últimos meses no hagan nada. Los funcionarios ni sus luces. A veces van a la oficina, firman y se retiran. Ya para qué empezar algo que no han de terminar.
Un caos. Mucho tiempo entre la salida de un gobierno y la entrada de otro. Ojalá los diputados, alejados de sus partidos, pensaran en Baja California y las muchas necesidades que tiene. Adelantar los tiempos de tomas de posesión y acortar las horas muertas. Los momentos sin poder.
En este contexto actual, poco se puede hacer más allá de sentarse y ver pasar a los muertitos. Con un nado lento. Pastoso. Sin ganas.
El reloj sigue. Faltan 12 y 42 días para los otros. Ya urge.
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