El ojo de Jean-Marc Bouju
El Premio Pulitzer de Fotografía habló sobre la Guerra de Irak y dio su opinión respecto al auge de los llamados paparazzi.
Javier Cruz Aguirre
Para el dos veces ganador del premio Pulitzer de Fotografía (1994 y 1999) y del certamen internacional World Press Photo 2004, el francés Jean-Marc Bouju, los fotógrafos conocidos como “paparazzi” son “buena onda”.
Asimismo, comentó que si bien perdió sensibilidad humana por las desgracias que ha tenido que observar y retratar en sus viajes a zonas en conflicto, estimó que la confrontación bélica en Irak “no es mi guerra”.
De hecho, en la charla que ofreció el pasado viernes 19 de octubre en la sala audiovisual del Departamento de Información Académica (DIA) de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC), el fotoperiodista de la agencia estadounidense Associated Press (AP) aceptó que algunos de los fotógrafos de prensa que acompañan a las fuerzas de ocupación en Irak van en calidad de “turistas”.
Invitado a platicar en el campus universitario por el Taller de Fotografía de la Escuela de Artes, a cargo de Enrique Botello Abarca, y la Licenciatura en Comunicación de la Facultad de Ciencias Administrativas y Sociales de la universidad estatal, el galardonado evadió dar una respuesta directa cuando ZETA le preguntó de qué forma conciliaba su trabajo con la pérdida de sensibilidad que le podrían originar los hechos que atestigua y retrata.
Incluso cuando esta misma pregunta le fue planteada en términos diferentes por algunos cibernautas que participaron dos días antes en una sala de diálogo por Internet, organizada por Periódicos Healy, Bouju respondió:
“Yo no soy el que hace las cosas malas, yo no estoy haciendo nada malo, yo sólo fotografío lo que estoy viendo. Es el precio de este trabajo. Es lo mismo para todos los que están en este medio”.
Otra de las respuestas del galardonado que sorprendieron a un sector del público asistente a su charla, que incluyó cantidad de imágenes de sus viajes a naciones de África y Medio Oriente, fueron las que dieron a conocer su posición respecto al trabajo que realizan los llamados “caza-fotógrafos de estrellas”.
Sin hacer un análisis ético y profesional de la verdadera función de los paparazzi, a quienes catalogó de “buena onda”, dijo no tener ningún problema con el desempeño de éstos, pues comprende su necesidad de hacerlo.
Agregó que los paparazzi no existirían si no hubiera gente interesada en ver y comprar sus fotos, la mayoría de ellas obtenidas a través de medios ilícitos, ajenos a toda ética profesional e invadiendo el derecho a la intimidad de las personas por motivos completamente mercantilistas.
“Yo no lo haría ni lo hago (utilizar sus técnicas y temas de trabajo), pero respeto su labor”, remataría.
Durante su exposición, Jean-Marc Bouju hizo detallados relatos sobre cómo captó algunas de las imágenes mostradas ante la concurrencia, relativas a la invasión estadounidense a Irán, los conflictos internos en Rwanda, El Congo, Angola, Sierra Leona, la crisis de ébola en Zaire y otras naciones africanas.
Destacó además la historia de la foto que le valió el premio World Press Photo 2004: la imagen de un hombre iraquí detenido, encapuchado, consolando a su hijo de cuatro años, captada en un campo estadounidense de prisioneros cerca de Nayaf, Irak.
Finalmente, Bouju recomendó a los universitarios tomar la mayor cantidad posible de fotografías, sin cuidar demasiado los tecnicismos de la profesión, enfatizando que la mayoría de las mejores fotos periodísticas se logran gracias a la suerte.
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