Adela Navarro Bello
Negociación
La ya retrasada decisión del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (Trife), respecto a la elección del 5 de agosto de 2007 a Gobernador de Baja California, se debe, dicen los cabilderos en México, a una razón específica:
Miembros del Partido Revolucionario Institucional (PRI) quieren negociar la derrota para ganar algo. Alguito más que la diputación que le regalaron a Carlos Barboza Castillo en el mismo Tribunal.
No son guateques. Quieren una Alcaldía. La de Tijuana para ser específicos. Jorge Hank Rhon quiere tumbar (ahora sin votos) a Jorge Ramos Hernández de la Presidencia Municipal que le ganó a la buena con casi tantos votos con los que él se adjudicó la misma posición, pero en 2004.
Los priístas, y ahora evidentemente Hank Rhon, salieron harto malos para perder. Luego que se estuvo lamiendo las heridas, resucitó. Se alazaró, según él y con más bríos. O mejor dicho, con la cabeza caliente por las promesas de sus secuaces, pretende arrebatar por la vía legal, lo que no retuvo por la de los votos.
Al PRI de Hank le hace falta una respirada. Nuevos aires. Un bebé quizá. Otro. Un cachorro que refuerce al partido sin perder lo poco de ideología que les queda. Sería mucho pedir el cantado nuevo PRI, pero una sacudida no estaría mal.
Ya se las dieron los panistas en la última elección, ahora falta que lo entiendan, que se conviertan en una fuerza política y no en un denunciante eterno. Algo más allá de la presunción del dinero o el miedo colectivo para lograr un objetivo. Ya se demostró que la estrategia le falló. Que perdió y feo.
Un halito de dignidad en estos momentos no les caería mal.
Y es que este círculo vicioso de impugnaciones y pretendidas anulaciones no lleva a Baja California a nada bueno. El Gobernador Electo, José Guadalupe Osuna Millán, anda en México con sus cabilderos del Tribunal Electoral, en lugar de estar preparando los proyectos y haciendo los nombramientos de su gabinete.
La incertidumbre en el Tribunal crea una incertidumbre política en el estado. Todos quieren estar en el gabinete, pero nadie se atreve. Osuna ya tiene los nombres, pero no los da. Los equipos de transición que por Ley deberían estar trabajando, se remiten a los números y no a los programas.
Sin considerar todos estos elementos negativos y de retraso para el estado de Baja California, los siete magistrados federales insisten en tenernos en ascuas. Luego que había agendado el tema para el lunes 22 de octubre, lo sacaron de la orden del día y lo pospusieron una semana. Apenas días antes de la toma de posesión del futuro gobernador de Baja California.
Para ellos el asunto no radica en las necesidades del estado, sino en las argumentaciones de los partidos. Parecen olvidar a los bajacalifornianos que votaron. La intención de los sufragios y el ganador indiscutible. El de Baja California no fue un voto totalitario para la alianza del PAN; diputaciones y una Alcaldía fueron ganadas por el PRI, lo cual da muestra de un voto diferenciado más que manipulado.
Pero el remedo de orgullo priísta puede más que la verdad electoral del 5 de agosto. El ansia de poder, o ya de perdido de negociar la derrota, es evidentemente más importante que los votos del triunfo.
Es francamente una pena que a estas alturas de la vida política y la madurez electoral de los bajacalifornianos, llegue un personaje dentro de un partido a querer hacer las cosas a su antojo. De otra manera no se explica de dónde y cómo los priístas de siempre, sacan recursos para post campañas, cabildeos y negociaciones.
Por lo pronto, representantes del PRI y del PAN en la Ciudad de México coinciden: “El asunto de la gubernatura ya está. Se confirmará la elección del 5 de agosto por unanimidad. Lo que los detiene es la negociación por Tijuana”.
Como si la ciudad estuviera para negociarse. Más dignidad es lo que les falta a los políticos.
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