¿Mano dura o modelo social?
Concepción Vizcarra de Arámburo
La noticia de la ratificación del triunfo de José Guadalupe Osuna Millán, por parte del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) se da en el clima de alta violencia que se vive en Baja California y frente a los justos reclamos de la ciudadanía por la inseguridad en la que está inmersa, que tiene agobiados de miedo y dolor, en especial a las familias que han sido víctimas del crimen organizado.
No están los tiempos para cantar victoria, el reto que tiene Osuna Millán es grande. Hasta la fecha no se ha podido con la violencia imperante que ha rebasado a los poderes del Estado. La cooperación entre pueblo y gobierno, fuerza indispensable para resolver favorablemente la caótica situación que se está viviendo, imposible de alcanzarse; los partidos y sus grupúsculos grilleros, tienen dividida y polarizada a la población, están dispuestos a obstaculizar a todo gobierno que no emane del partido en el que militan.
El forcejeo por obtener los cargos públicos, origina que las elecciones sean cada vez más costosas, más sucias, más agresivas e insolentes.
Se rechazan los resultados de las votaciones, todos se proclaman triunfadores, alargan un proceso que resulta intolerante para la ciudadanía. Al parecer la disputa es por los privilegios económicos y políticos que se adquieren al estar cobijados por el presupuesto nacional, convertido en la empresa de los empleos mejor pagados y más codiciados del país.
Andan tras ellos, con honrosas y escasas excepciones, los que con ese fin se sumaron a las campañas. Repartir empleos públicos en consideración al apoyo que recibieron y no a la honestidad, responsabilidad, aptitud y voluntad de servicio, es seguir en más en lo mismo.
La responsabilidad de asumir la gubernatura del Estado es grande, el panorama escalofriante. ¿Cómo combatir a las mafias del narcotráfico, cuando tienen el dinero del mundo para comprar, silenciar y matar, aunado a la impunidad que priva en las instituciones de gobierno; el crimen organizado, los secuestros, la trata de mujeres y niñas, la delincuencia juvenil que empieza generalmente con delitos menores para convertirse en mano de obra de las mafias?
¿Será con más cárceles, con más policías, con más armas, como debe construirse la seguridad? ¿Es con mano dura como debe rescatarse a los y las jóvenes de la delincuencia? ¿Es invirtiendo en más cárceles y menos escuelas?
Países que han derrotado la criminalidad, no practican la mano dura. Noruega que tiene menos de un delincuente por cada cien mil habitantes, Dinamarca 1.1, Suecia 1.2; todos ellos con un número de policías muy pequeño respecto a la población, en cambio un modelo social que asegura educación, salud y empleo bien remunerado.
¿Cómo lograr ese modelo para nuestra nación, de escandalosas y abismales desigualdades sociales, de alta desocupación juvenil, en especial de los egresados de las universidades, de la baja educación poblacional, el gran número de familias desarticuladas por la pobreza y la corrupción que priva en el país, desde la cúspide hasta abajo?
Por éstos y otros muchos motivos más, la preocupación de los que van a tomar la rienda del gobierno estatal, debería estar enfocada a que no hay varitas mágicas, sino esfuerzo, trabajo, honestidad, voluntad y espíritu de servicio hacia la ciudadanía, que deben estar muy por encima de intereses económicos y políticos personales.
Pero al parecer se inicia con dar al pueblo más de lo mismo. La supuesta pretensión de realizar una fiesta de toma de posesión, con un costo de un millón seiscientos mil pesos, después del escandaloso gasto de las elecciones. En un panorama de inseguridad, descontento, coraje, privaciones. No está el clima para gastar en festejos, una considerable cantidad de dinero que podría invertirse en beneficios sociales.
Concepción Vizcarra de Arámburo es luchadora social y reside en Tecate, B.C.
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