Maldecidos en éxito
No es la radio, ni la televisión, ni el Internet, sino esa conexión natural entre la energía y la fuerza espiritual de La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, lo que mantiene vivo su círculo de paz, su historia y el exhorto por la unidad.
Roberto A. Partida Sandoval
Ceremonial y agitado fue su encuentro con la tía favorita de todos, la “Tía Juana”, la que abraza siempre su regreso y les cobija entre latidos sumergidos en una búsqueda natural. Es la paz, y es la fuerza espiritual de La Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio, ese taller y combo sonoro, social y político convertido en viva leyenda de la música mexicana, y una constante oportunidad para formar círculos de paz.
Emblemáticos como siempre, Roco, Pato, Sax y Aldo arribaron a la ciudad el pasado 3 de noviembre para ofrecer un recital único en la frontera más visitada del mundo, en cuya reunión se convocó a poco más de 5 mil personajes, mismos que aguardaron entreteniéndose con bandas locales como Almalafa, Vaginas Suicidas, Somos Uno Sound System, y Oi Control Oi.
Regresaron los pachucos más queridos de la historia contemporánea, los fieles seguidores del Tin Tán de los años cincuenta, esa leyenda que viven con cada uno de sus pasos. Sí, volvieron para plasmarse eternamente en las figuras y las danzas de un círculo de paz y de baile, en los colores y en la sombra de un cuarteto invencible. Sin fin.
No es la radio, ni la televisión, ni el Internet, sino esa conexión natural entre la energía y la fuerza espiritual la que los maldice en éxito, pues los Malditos viven sin la infraestructura de la industria musical, haciéndose valer del logro de sus canciones, la remembranza y una historia irrepetible dibujada en la mirada de cuatro peculiares “sombrerudos”.
Es casi medianoche, y parte de la ciudad se arremolina frente a un templete insertado en los patios del Palenque del Hipódromo Aguacaliente. La noche comienza hacerse fría, el bulevar luce desolado, mientras una comitiva prepara una carrera atlética para la madrugada, pero en los linderos del imperio Hank se delimita una fiesta para el ska, la cumbia y el rock.
Ahí la cita se adereza con cerveza, y no existe invitación para los inmóviles; los cuerpos se desplazan por lo aires y en las fotografías se revelan los momentos, los rostros excitados, los trajes de punk, la miradas atónitas, el sudor, los empujones, el olor a hierba verde, la unión del calor en una nube inmensa y el cansancio de una multitud que revive con el primer mensaje:
“Bienvenidos a este latido de corazón, a nuestra ceremonia, y a los círculos de paz y baile”. Es la voz de Roco que irrumpe el cielo tijuanense, quien minutos antes recorrió las calles de la “Tía Juana” en una limusina blanca, misma en la que anunció su llegada poco antes de las 0:00 horas, acompañado de sus eternos combatientes y media decena de “morras acinturadas”.
Al frente nadie sabe, pero el deleite de la Maldita Vecindad empezó con el “Solín”. En manos de Sax, la fiesta arremete en un instante, al compás del griterío ovacionando a los maestros de la ceremonia. El profeta suscribe sus lamentos en los capítulos y versículos de “El Circo”, “Baile de Máscaras” y “Mostros”, los álbumes que los vuelven nostálgicos en sus encuentros.
Del “Solín”, le siguió “Morenaza”. Los de arriba entonan, y los de abajo desentonan con el slam. Roco insiste en su discurso por un mundo lleno de mundos, sin fronteras, con puentes de ida y vuelta, donde quepan muchos círculos de paz, y en el que la energía crea movimiento y unidad.
El desvelo no hace mella en los personajes, pero sí en los rostros de los cuarentones maldecidos en éxito. Su profecía continúa con “Pata de Perro”, “Un Gran Circo”, “Pachuco”, “Un Poco de Sangre” y “Tatuaje”, entre un desfile de canciones con las que Roco aprovechó para interactuar, no sin antes abrir un paréntesis para enviar un saludo a los Tijuana No.
Los minutos se apilan hasta sumar 90 para así cerrar la ceremonia, sin embargo, el momento clímax llega cuando el legendario vocalista pidió que los presentes alzaran sus manos para sacudirse de la mala vibra. Poco después desfilaron canciones como “Ya lo Pasado, Pasado”, del tributo al “Príncipe de la Canción”, José José y “Los Agachados”, del homenaje a Tin Tán.
La alegría explota en los rostros, el goce se derrama en los saltos y la euforia se dibuja como una noche para “Tequila”, “Mojado”, “Don Palabras” y “Kumbala”, temas con los que la Maldita Vecindad y los Hijos del Quinto Patio deciden culminar su recital, ese clásico encuentro anual, para partir a Chicago, Los Ángeles, Guanajuato y Ecuador.
Tal cual, la noche de los eternos pachucos en Tijuana se sumó como una presentación más a la cuenta de más de dos décadas de carrera, no obstante su última producción discográfica fue editada en 1998. Para más información sobre la Maldita, visitar www.myspace.com/malditavecindadoficial |