Adela Navarro Bello
Tic, tac, tic…
El tiempo sigue corriendo y la mano dura, la no tolerancia, la seguridad y la palabra del Gobernador José Guadalupe Osuna Millán, nada más no se ven.
Tic, tac, tic, tac…
Realizó muchas promesas durante la campaña, y las repitió el día de su toma de posesión. Pero de las palabras no ha pasado a los hechos. No se ha visto, pues, esa voz enérgica ordenando. Llamando, invirtiendo, promoviendo, accionando, ejecutando.
El nuevo Poder Ejecutivo en Baja California no ejecuta.
Nueve días han transcurrido de su arribo al Gobierno, y lo más destacado ha sido un izamiento de bandera, una visita a la CESPT. O que los sueldos y gastos van a disminuir. Es terrible, pero no hemos escuchado frases añoradas como:
“Estoy ordenando en estos momentos…”, “Inauguramos un plan…”, “Hemos creado…”, “Estamos adquiriendo”, “En los siguientes días…”, “A partir de hoy…”.
Y créame que no es mucho pedir, ni ponerse de exigentes con el Gobernador, mucho menos pedirle lo imposible. Tampoco obligarlo. Hace doce años, cuando el 1 de diciembre de 1995 tomó posesión don Guadalupe Osuna Millán como Presidente Municipal de Tijuana, su discurso de aceptación del cargo fue harto diferente del emitido el 1 de noviembre de 2007.
Para que me entienda, le pongo textual algunas de las ideas que mencionó la noche que se erigió Alcalde de Tijuana:
UNO: “En materia de seguridad, en los próximos días se presentará el programa municipal respectivo, se creará la Secretaría del ramo y además se instruyó al Coordinador de Jueces Calificadores para que se imponga el trabajo comunitario a quienes violen el Bando de Policía”.
O sea, en un solo párrafo determinó tres acciones a seguir: 1) Un plan de seguridad. 2) Creó la Secretaría de Seguridad Pública. 3) Trabajo comunitario a infractores. Todo eso en unos minutos de su toma de posesión.
DOS: “Entre las medidas especiales para disminuir la extorsión a ciudadanos y el cohecho a policías, a partir de hoy anuncio la prohibición para retener documentos y secuestrar vehículos por infracciones de tránsito a elementos de policía”.
Otras dos medidas tomadas de manera directísima en otro párrafo del discurso del 1 de diciembre de 1995 de Osuna Millán: Para prevenir el cohecho y la extorsión.
TRES: Y muy importante: “El nuevo Gobierno no será una copia fotostática ni una fe de erratas de anteriores ayuntamientos. No queremos competir con nadie y solo deseamos hacer más en beneficio de Tijuana. Nuestra gestión no pasará de noche, entregaremos buenas cuentas a los tijuanenses”.
Eso lo dijo al desmarcarse de los anteriores gobiernos panistas. Ahora nada de eso. Más comprometido con el anterior gobierno, no puede estar.
CUATRO: “Anticipo la construcción del nuevo (sic [ni modo que sea la construcción del viejo]) edificio de la delegación municipal de La Presa, el cual quedará ubicado en el fraccionamiento Mariano Matamoros y se expedirá una convocatoria pública para crear el sistema municipal de Justicia”.
Dos acciones más, enérgicas, decididas y determinantes en tan solo un párrafo de lo leído el 1 de diciembre de 1995.
Y podría seguir, el discurso no fue nada corto. Las ideas, proyectos y acciones desde esa primera noche de su gobierno municipal, también fueron muchas. Pero evidentemente eran otros tiempos. Como que en 1995 Osuna Millán era más ejecutivo, más entrón, más propositito y nada calladito.
La diferencia entre aquel discurso y el de 2007 es tan terrible como lejana. No hay similitud en la actitud de Presidente Municipal y Gobernador. Al primer cargo llegó e inmediatamente empezó a poner su sello en los cambios, los hechos y las reformas. Al segundo, al de Gobernador, acaso el más importante cargo de su vida, arribó disminuido, sin acciones desde la primera noche, sin órdenes específicas, sin creaciones institucionales ni reformas en la forma de hacer Gobierno.
No es mucho pedir, a nueves días de tomar posesión, que ya nos dé a conocer sus acciones inmediatas. Eso de los cien días es más mercadotecnia que acciones. Que Osuna Millán no caiga en la falsedad de los periodos de pruebas. Que empiece ya, como lo hizo hace doce años cuando gobernó Tijuana.
Tic, tac, tic, tac…
PD.- ¿Qué le pasó, Gobernador?
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