J. Jesús Blancornelas
Tráfico de dolor
Simón Tecco es corresponsal en Serbia del diario español ABC. Recientemente escribió un lastimero artículo. Médicos y enfermeras vendieron muchos niños antes de nacer. Directores o dueños de hospitales los alcahueteaban. En cuanto llegaba o se presentaba una embarazada a punto de parto era atendida rápidamente. Pero luego luego la espantaban. Fingiendo alarma y con aparente profesionalismo le alertaban: “El bebé viene muy mal”. Dibujaban un diagnóstico peliagudo. Con tan inhumano engaño obligaban a la cesárea inmediata. Luego del alumbramiento informaban con cara de hipócritas: “La criatura nació muerta”. Pero era todo lo contrario. Estaba viva y sana. Entonces los infames doctores la entregaban inmediatamente y en secreto a matrimonios infértiles o no pero con harto dinero. Pagaban sin regateo. Por lo menos cinco mil dólares. Favorecían a parejas de serbios y extranjeros. Llegaban a ese país enterados por la fama del caso y se iban alegres con el retoño siempre soñado. Nada más de saber asquea la desvergüenza de los médicos. Así atendían “solicitudes por pedido especial”.
Según el periodista Tecco, esta asquerosa práctica empezó en 1974. No se conoce una cifra exacta sobre las ventas inhumanas de bebés. Pero como siempre, con referencias periodísticas y no policíacas, lograron documentar 450 casos. La cifra creció al conocerse el trabajo reporteril. Muchos matrimonios sospecharon de la perversidad y acusaron con razón a médicos y enfermeras. Quedó comprobado cómo después del parto les negaron la entrega de los bebés supuestamente muertos. Ni siquiera les expidieron certificado de nacimiento. Pretextos sobraron. Pero eso sí, todos los afectados mostraron comprobantes de pago por la hospitalización y honorarios médicos.
Vera Vacumonovi, de 21 años, fue víctima tanto como muchas según el periodista de ABC. Su experiencia es dramática. A punto de parir visitó normalmente al ginecólogo. Pero el doctor le aterrorizó: “La criatura tiene pocas horas de muerta”. Y más que aconsejar ordenó una inmediata operación asustando a la embarazada. “Hasta Usted puede morir”. Así, la mujer no regresó a casa ni tiempo tuvo de avisar a la familia. Luego Vera contó y lo escribió el periodista: “...yo sentí cómo mi hijo se movía”. Y hasta después de parir aseguró haber escuchado llorar al recién nacido. Débil y toda dolorida, Vera les rogó ver el cuerpecito del bebé y se lo negaron. Se los suplicó llorando y de rodillas pero ni así. Nunca supo si fue niño o niña. Un periódico de Belgrado publicó el testimonio de la defraudada madre: “...en la maternidad mi recuperación no fue registrada”.
Ha sido muy descarada tal práctica médica en Serbia. Por eso se formó la Asociación de Niños Nunca Nacidos. La mayoría, matrimonios de clase media. “Son los más conscientes de sus derechos”. Contrariamente están los humildes de barriada y campesinos. Les creen todo a los perversos médicos. O por miedo no se atreven a rezongar.
Sucedió lo dramático según el periodista Tecco. Cierta embarazada de gemelos fue llevada normalmente a la sala de partos. Después de parir le dijeron “...fíjese que un bebé nació muerto”. Se lo creyó y hasta conformó. Total, preferible quedarse con uno a perder los dos. Años más tarde sucedió lo increíble. Los niños se encontraron cuando jugueteaban en la playa. Seguramente se sorprendieron. Verse uno a otro iguales sin necesidad de espejo. Me imagino el asombro de las familias. Naturalmente, la verdadera madre comprendió el engaño. Debió recordar que su hijo no nació muerto. Desgraciadamente los padres son muy humildes. No tienen dinero para un juicio, menos para pagar un examen científico. Pero están convencidos del embuste médico y lo denunciaron. La autoridad no hizo nada. Pervive por eso la injusticia. Huele a complicidad pútrida.
No dudo de esa práctica en México. La venta de niños no solamente es cosa de médicos y dueños de hospitales. Ya no es como hace 50 años. Una simple referencia de historietas o tema peliculesco. Se convirtió en un asqueroso comercio. Ahora manejado hasta por mafias internacionales. El reclamo de las madres es continuo, pero hay de por medio tanto o más dinero que en el narcotráfico. Por eso a la autoridad le vale.
Cierto día un importante funcionario me sorprendió. Está avecindado en Tijuana y enlazado a problemas méxico-estadounidenses. Sinceramente nunca lo imaginé pero me mostró pruebas. Han llegado madres desalmadas de otras ciudades mexicanas y extranjeras. Prestan a sus hijos en la frontera. Son niños discapacitados o con algún defecto físico. Labio leporino o desgraciados por una malformación en pierna o brazos. A veces víctimas de problemas visuales. Los alquilan a parejas de mexicanos o extranjeros sin pasaporte. Y con ellos se presentan ante funcionarios inmigrantes de Estados Unidos. Suplican un permiso provisional para cruzar la frontera “...porque nos urge llevar al niño con el doctor Fulano al hospital Zutano. Él nos está esperando. Va a curarlo”.
Para eso van preparados. Compraron documentos falsificados de una importante organización caritativa que se distingue internacionalmente hace más de 50 años. La integran potentados. Preocupados verdaderamente por el bienestar de los niños. Pagan lo necesario para corregir sus malformaciones o lograr cura. También entregan millonarios donativos a hospitales. Por eso destacados médicos e importantes instituciones reciben a niños humildes mexicanos, centro o sudamericanos recomendados por la organización.
Bueno, pues ahora las mafias están falsificando los documentos de la benéfica asociación. Se trata de solicitudes formales a doctores y clínicas. Con tales documentos falsos han engañado a los funcionarios estadounidenses. Cruzan la frontera sin necesidad de pasaporte. Solamente un permiso temporal. Después de logrado y al llegar a cualquier parte la Unión Americana regresan el niño. Alguien lo recibe y es regresado a territorio mexicano para utilizarlo otra vez como pretexto. Estos documentos tan valiosos se han vendido hasta en cinco mil dólares.
Diariamente aparecen en la prensa fotos de niños perdidos. A veces hasta cinco en cada uno de los tres diarios tijuanenses. Muchos son de pequeños recién llegados. Otros nacidos en la frontera, pero la mayoría residentes en otras ciudades. Entristece saber, escribir y que alguien lea esto. Pero cala cuando las policías se amafian en tan asqueroso trato. No puedo aceptar la supuesta ignorancia de la autoridad. Sucede igual en el narcotráfico y con indocumentados. Autoridad tapadera de robo a punta de dólares. Explotación de niños. Es el tráfico del dolor.
Escrito tomado de la colección “Conversaciones Privadas” y publicado el 26 de noviembre de 2002; propiedad de Jesús Blancornelas.
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