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Adela Navarro Bello
Sortilegioz
Rey
Don Juan Carlos I de Borbón, Rey de España, nos ha dado a todos una lección de cómo manejar el hartazgo. Simple y sencillamente encarándolo. Así de fácil aunque a veces sea difícil.
El video que lo muestra en la cumbre de Chile, primero escuchando paciente, tolerante, a su primer ministro José Luis Rodríguez Zapatero, ser interrumpido una y otra vez por Hugo Chávez, el Presidente de Venezuela, hasta explotar y gritarle verbal y físicamente con las manos “¡Por qué no te callas!”, es la acción más genial que en política internacional se ha escuchado en los últimos tiempos.
La frase que denota un hartazgo hacia la irreverencia e intolerancia de Chávez, no le quitó un ápice de Rey a don Felipe. No lo expuso intolerante aunque el grito lo sea, tampoco soberbio con todo y monarquía a cuestas. Menos lo presentó como un hombre que no entiende de razones. Lo expuso como un político internacional, que como muchos, muchísimos, están hartos de la presencia, las ideas, los condicionamientos y las exigencias de un dictadorzuelo del siglo XXI que pretende llevar su poderío y criterio allende las fronteras venezolanas.
“¡Por qué no te callas!” no es en sí una orden. Tampoco una súplica. Es más que nada una sugerencia que nadie se había atrevido a hacerle a Hugo Chávez. Ni siquiera en México donde las relaciones diplomáticas no son el fuerte de los gobiernos, sobre todo panistas, luego de que conocidos son los pleitos entre Chávez y el ex Presidente Vicente Fox, y ahora la complacencia del Gobierno de México de Felipe Calderón, demostrada al reunirse, una vez terminado el acto del “¡Por qué no te callas!”, la Ministro de Relaciones Exteriores y el venezolano.
Pero más allá de los alcances internacionales, y de definir en el plano global la personalidad del Rey de España, el “¡Por qué no te callas!” se ha convertido en un clásico de la política y las relaciones diplomáticas ante la intolerancia. Muy utilizada será el arma del Rey en estos tiempos de desasosiego político. En México, por ejemplo, podemos utilizarla en muchos planos.
Por ejemplo y de entrada, la podemos corear todos los mexicanos para espetarle al ex Presidente Fox “¡Por qué no te callas!”, ya que parece no entender que su presidencia terminó, y se la pasa hablando tontería tras barrabasada por el mundo entero, haciéndonos quedar peor que cuando tuvo a más o menos administrar los destinos del país. La frase también se la podría aventar el Senador Beltrones, ahora que Fox lo ha acusado de tener nexos con el narcotráfico (sin presentar las pruebas que muchos estamos esperando).
En Baja California, se le podría gritar “¡Por qué no te callas!” a los líderes del Partido Revolucionario Institucional (PRI) que después de la derrota del 5 de agosto y las dos derrotas en tribunales electorales, siguen con el cuento de la impugnación a las alcaldías. No saben perder y se desahogan en vituperios hacia los triunfadores (tampoco unas blancas palomas) denostando la ciudadana labor el día de la elección. Como que ya estuvo bueno, como que ya deberían dar vuelta a la página y ponerse a trabajar. Como que es hora que alguien se los diga: “¡Por qué no te callas!”.
Otro cliente pero derechito para el “¡Por qué no te callas!”, es Andrés Manuel López Obrador. Está que ni pintado para recibir la frase de hartazgo por parte de muchos actores políticos, sociales, electorales y ciudadanos de México. Ante su derrota (para bien o para mal) “El Peje” no ha sabido canalizar sus esfuerzos ni aprovechar los más de 15 millones de votos que le favorecieron. Cosa contraria, agarró por formar un gobierno legítimo en la ilegitimidad, para denostar a autoridades y entes sociales al por mayor, nada más porque él no está de acuerdo en cómo sucedieron y suceden las cosas…. Como que le hace falta un “¡Por qué no te callas!”.
¿No?
Y Usted, a quien le diría “¡¿Por qué no te callas?!”.
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