Lo nuevo en literatura fronteriza
Durante el Festival de Literatura del Noroeste, la atención estuvo puesta en la mesa de “Novedades Editoriales”, donde algunos escritores del Noroeste presentaron sus más recientes títulos.
Enrique Mendoza Hernández
El V Festival de Literatura del Noroeste, que recién concluyó en Tijuana, efectivamente lució un programa más completo en comparación con las primeras cuatro ediciones. Lecturas de poesía y narrativa, conferencias, mesas de análisis, presentaciones de novedades editoriales y revistas independientes, figuraron en la agenda literaria.
El evento va empezando, y por lo tanto, el solo hecho que se haya diferenciado positivamente de las primeras cuatro ediciones ya es noticia. En general, hubo muy buenos comentarios que los propios escritores asistentes hicieron llegar a ZETA.
Pero también algunos, como Imanol Caneyada, hicieron algunas sugerencias para las próximas versiones: “Dos aspectos, creo, deberían mejorarse: El tiempo de algunas de las participaciones. Desgraciadamente, ciertos expositores mostraron una sorprendente descortesía con sus compañeros de mesa y con el público, e hicieron gala de un extraordinario ego, lo que provocó que ciertas mesas se prolongaran más de la cuenta sin aportar realmente nada trascendente.
“De igual manera, sería interesante que existiera un mayor control sobre los contenidos de algunas de las ponencias, las cuales rayaron en la improvisación o la insignificancia. Afortunadamente, fueron los menos”.
Por su parte, Ricardo Guzmán Wolffer, antologador de “Cuentos de Humor Negro”, aportó: “De las ponencias que escuché, me pareció que faltó hablar de los escritores que hemos escrito sobre la frontera, sin ser fronterizos originarios, pero que hemos estado ahí como testigos con distinta óptica”.
Un punto importante al que el Centro Cultural Tijuana (CECUT) debe poner más atención: “Recorrí la ciudad para comer mariscos al aguachile, y no vi ninguna propaganda del Encuentro de Escritores. Al parecer faltó difusión”, atinó Guzmán.
Y es que efectivamente, fue una pena no ver por lo menos a estudiantes de Literatura de la Universidad Autónoma de Baja California. Sólo rondaron los compañeros de Tania Varela, estudiante de la Escuela de Humanidades de la UABC que debutó con elogios al dar lectura a su cuento “Berenice”.
Sin una efectiva difusión, el suceso literario podría estar condenado a un encuentro de escritores para escritores. Algunas sugerencias, además, se oyeron mientras sucedía el encuentro: Involucrar más sedes alternas. Fue evidente el cansancio que provoca una sola sede desde las 11:30 de la mañana hasta las 9:00 de la noche.
Al igual sería interesante homenajear a algún escritor, tal como ocurre en la Feria del Libro o en otros festivales literarios del país, o incluso implementar un premio literario que se entregue durante el evento.
Y en cuanto a la cantidad de invitados al acontecimiento de literatura más importante de Baja California, ésta ha oscilado en los 70. En el caso de “Horas de Junio”, de la mano de Raúl Acevedo Savín ha logrado involucrar a la iniciativa privada, al grado de alcanzar la convocatoria de más de 200 escritores.
Por su infraestructura y presupuesto, el CECUT debe aspirar a organizar un Festival de Literatura del Noroeste que iguale o supere al de Hermosillo, Sonora. Va apenas en la quinta versión; por lo pronto, es de reconocer que el Festival de Literatura del Noroeste de Tijuana va por buen camino.
En la última edición llamaron la atención las mesas de análisis, conferencias y la participación de revistas independientes. “Novedades Editoriales” fue el título que se le dio a la presentación de obras escritas recientemente en la franja fronteriza. Obviamente arbitraria y no con la pretensión de mostrar toda la producción literaria fronteriza o del norte, tal sería casi imposible; pero sí fue interesante ver los últimos títulos de escritores como José Vicente Anaya, Leonardo Valera, Rosina Conde, entre otros.
El regreso del “Peregrino”
El poeta y ensayista regresó a Tijuana. Aunque nacido en Chihuahua en 1947, José Vicente Anaya vivió gran parte de su niñez y juventud en esta esquina. En su haber literario se cuentan más de veinte títulos, entre ellos “Morgue”, “Piratas/Poetas”, “Poetas en la Noche del Mudo” o “Los Poetas que Cayeron del Cielo…”. En esta ocasión, Anaya dio a conocer dos títulos. Primero, “Brota la Vida en un Abrazo. Poesía Mística y Cotidianidad de Concha Urquiza”, en el que reúne entrevistas a personas que conocieron a la poetisa olvidada. Los ejemplares que Anaya traía consigo, se agotaron inmediatamente.
También el codirector de “Alforja. Revista de Poesía”, trajo la segunda edición de su título de poesía: “Peregrino”, bajo el sello precisamente de Alforja, con el apoyo del Instituto Chihuahuense de Cultura.
Para la edición, Heriberto Yépez prologó:
“‘Peregrino’ es el recorrido por una nueva geografía sagrada mexicana. Se trata de un mapa de sitios iniciáticos que se han trazado en el entrecruzamiento pagano entre los espacio-tiempos indígenas y las nuevas urbes santas. Pero ese peregrinaje no sólo es geofísico, sino también espiritual; más que todo: espiritual”.
Las “Naufragaciones” de Varela
Uno de los poetas más importantes de Baja California Sur, quizá el más importante en la actualidad insular, también compartió su obra: “Naufragaciones”, editada por el Instituto Sudcaliforniano de Cultura.
Leonardo Valera nació en la Ciudad de México en 1970, pero La Paz lo adoptó en1984. Entre sus títulos destacan “Prohibida Azul Distancia” y “Las Razones del Múrice”, “Comala Blues” o “Atajos para Evitar la Línea Recta”, entre otros.
Ha ganado casi todos los premios literarios de la Baja Sur, por no decir todos; pero también otros de calibre literario más conocidos, como el Nacional de Poesía “Enriqueta Ochoa” en 1997, el Internacional de Poesía “Jaime Sabines” en 2003 y Latinoamericano de Poesía “Benemérito de las Américas” en 2005.
“Naufragaciones” huele a ínsula. Es quizá la Baja California Sur en forma de poesía. Los títulos delatan la Baja Sur: “Bahía Kino”, “Mirador”, “San Carlos”, “Paralelo 28”. En “Ballenas y Prodigios”, se lee a Baja California Sur: “Tendida hasta el exceso / en la playa blanquísima de un sueño, / titubeando / entre yeso y oleaje / de un cuerpo casi tuyo / escuchas el gemir de la ballena / Tiembla tu vientre / como el mismo océano”.
Poesía erótica femenina de Baja California
Qué tal: “Me arrepiento: / de haber cerrado las piernas / y que mi mano haya suplido tu ausencia”, de Elizabeth Sobarzo; o “Me descubro mujer / me descubro íntegra, obscena / me descubro un lunar en la espalda / y el nacimiento del vello púbico / cubriendo la infernal ansiedad de ser tocada”, por Mara Longoria.
Se trata de la antología “Nuestra Cama es de Flores”, en la que 42 autoras bajacalifornianas dan cuenta sin pudor de sus letras eróticas. Roberto Castillo fue el afortunado de compilar la cachonda obra con la que el Centro Cultural Tijuana celebra en el terreno literario su XXV Aniversario.
Escrita en español y en inglés, “El Róber” advirtió respecto al quehacer literario de las féminas bajacalifornianas:
“Si bien existen apenas unas décadas de escritura femenina en Baja California, por lo demás nada abundante, la de tema amoroso lo es menos. Por otra parte, la crítica regional casi siempre se ha ensañado contra ellas utilizando los siguientes argumentos: falta de oficio poético, demasiado realismo, ausencia de metáforas, feminismo resentido, escritura atrabancada, etcétera”.
En definitiva, se trata de una obra que, tal como lo apunta la poetisa Lina Zerón, “inspirará que más mujeres rompan el pudor a favor de una libertad expresiva que hoy en día es una necesidad”.
Poemas del ordenador
De la Editorial Instituto Tecnológico de Tijuana emergió en su segunda edición “Poemas del Ordenador”, de Ruth Vargas Leyva. De los talleres de poesía del Tec, Vargas Leyva da cuenta de la necesidad de las letras en los institutos tecnológicos, mismo que obviamente no cuentan con carreras humanísticas, pero con los talleres en cuestión, cubren una necesidad literaria que reclaman los estudiantes, profesores y comunidad tecnológica en general.
En su poesía, Vargas Leyva da cuenta de una realidad tecnificada a la que difícilmente cualquier urbano puede ser ajeno. Así, en sus letras destacan palabras como e-mails y attach, acróbata o amigo virtual, disquetes y gigas, laptop e Internet, Arial Black o Times New Roman.
De “Correo Electrónico” número “X”, Vargas Leyva confiesa:
“No me prometas seducirme / con base en tus correos, /ofrecerme caricias, /llenarme a besos, /no me ofrezcas sexo virtual. / Muéstrame tus herramientas / selecciona el formato / y ven a insertar / sin nota al pie, / sin salto, / sin comentario”.
Como Cashora al Sol
La “cashanía” Rosina Conde (Mexicali, 1954) vuelve a la carga. Recientemente presentó en el Instituto de Cultura de Baja California (ICBC) su última novela: “Como Cashora al Sol”, bajo el cuidado editorial de Desliz Ediciones, Ediciones Fósforo y Tipográfica. Esta vez tocó el turno al CECUT de abrirle las puertas a una de las escritoras bajacalifornianas más reconocidas. En su entrega, “Conde recupera en esa novela los matices de la oralidad norteña de los años sesenta, años de auge económico de la frontera, propiciado por la guerra estadounidense, la zona libre, la dolarización de la economía, la sobrevaluación de la moneda, que a su vez conducen a la violencia lingüística, geográfica, de clase, de género, de pareja”.
A la ganadora del Premio Nacional de Cuento “Gilberto Owen” en 1993, al igual que Élmer Mendoza en Culiacán y más allá de las entretenidas vicisitudes de María Antonieta (la protagonista de “Como Cashora al Sol”), le interesa el uso del lenguaje. Ahí radica la fuerza literaria de su obra, donde se pueden leer pedazos de Norte: “shishis”, “malíciala”, “pinshi”, “babai”, “shamaco”, “musho”, “bróder”, “no la shingues”, “mijita”, “morrito”, “guasha”, “mushasho”, “hicistes”, “bishola”, “púsher”.
Definitivamente, Rosina Conde radica en la Ciudad de México, pero vive en su tierra “cashanía”.
Ficciones de Carne y Hueso
Dos noticias en una: Ediciones Altanoche, que dirige Víctor Hugo Barrera, llega a su cuarta publicación como editorial independiente, y el escritor Javier González Cárdenas da a conocer su más reciente obra, de título “Ficciones de Carne y Hueso”.
El ganador del Premio Nacional de Cuento Fantástico y de Ciencia Ficción en 2005, vuelve a las andadas literarias con siete relatos que componen su entrega: “La Entrega”, “Primera Edición”, “Pesadilla sin Fronteras”, “Anselmo”, “El Festival Individualista o la Noche en que Confundí la Tanga de Petra con Hilo Dental”, “Penosas Coincidencias” e “Infinitas Persecuciones”.
“La ‘ficcionalidad’ es el elemento que mueve los hilos de estas historias que aparentan ser reales y quizá lo sean, toda vez que el lector muerda el anzuelo y desbroce las invenciones turbulentas de estos microuniversos…”, reza la presentación.
Tal vez, algo del relato “El Festival…” sea familiar y el lector termine por sucumbir ante la lectura:
“Me inscribí al Festival muy testiculariamente , en medio de amenazas y escupitajos virtuales. Digo ‘virtuales’ porque mi blog y correo electrónico se llenaron de comentarios soeces sin firma, majaderías cobardes, en su mayoría, dirigidas a mi persona y no tanto al trabajo escritural…”.
Murania, lugar utópico
De Coahuila, destacó en el Festival Alejandro Pérez Cervantes. Se trata del ganador del Premio Nacional de Cuento Joven “Julio Torri” 2006. Y fue precisamente con “Murania” que el jurado optó por distinguir al coahuilense, “por su propuesta de estructura eficaz, sus imágenes poderosas y el lirismo del su lenguaje”.
A cargo de Fondo Editorial Tierra Adentro, la edición consta de ocho relatos principales. En general, “Murania” “es la transición de una generación extraviada que intenta encontrarse con el paso de los años a través de una revista. Además, es la búsqueda de tiempos más apacibles, pero no por ello menos memoriosos: autopistas, bares, disqueras, pájaros negros y alas rotas: un abismo y una palabra mágica que hace responder a sus personajes a manera de confesión acerca del tedio y el vacío de una ‘literatosis’ contraída en la adolescencia”.
Defensa de lo Prohibido
Aleyda Rojo también se apuntó en la mesa de “Novedades Editoriales”. Ahí tuvo la oportunidad de dar a conocer “Defensa de lo Prohibido”. Discípula de Élmer Mendoza en el taller de literatura, Rojo es atrevida en el terreno de las letras: En 2001 ganó el premio de Periodismo Cultural “Inés Arredondo”; sin embargo, cuentan sus allegados, por cuestiones políticas y editoriales, el periódico para el cual trabajaba, El Noroeste de Mazatlán, le prohibió recibir el galardón entregado por el Gobierno del Estado. Rojo optó desobedecer la línea editorial y continuó su aventura literaria.
Ahora hizo entrega de su segunda novela, que trata “sobre el asedio a una ciudad, Isenia, cuyos habitantes no son guerreros y lejos están de preparar la defensa de sus murallas, a no ser que empleen como escudo los atributos físicos de sus hombres y mujeres, tan dados al placer de los sentidos”, reza la sinopsis.
Los Días de Rubí Chacón
Así se titula la novela de Hilario Peña, misma que se hizo merecedora de ser finalista del Premio Binacional de Novela Joven “Frontera de Palabras/Border of Words”. Se trata de la primera novela del joven autor. Editada por el CECUT a través del Fondo Regional para la Cultura y las Artes del Noroeste, parte de las preguntas: ¿Quién es Rubí Chacón? ¿Cuál es el tiempo que marca su presencia?
Peña entrega una novela donde “una crisis avanzada, del sur al norte, como una plaga”.
“La crisis va de la mano de las transformaciones de una seudoheroína social, Rubí Chacón, que le sirve de contrapunto a Eric para evaluar el desastre que sobreviene: Sectas pararreligiosas enajenando con productos de mercadotecnia piramidal, corrupción laboral y degradación artística, violencia familiar…”.
Relatos para la Plebada
El reportero Pablo Jaime Sáinz inaugura su haber literario con “Conjunto Norteño. Relatos Para la Plebada”. De vocabulario sinaloense en su obra, Sáinz entrega a Calaca Press su libro que contiene 13 relatos. Los conocedores opinan:
“Un libro explosivo que dispara frases como cuerno de chivo”, apunta Luis Humberto Crosthwaite; a su vez, Élmer Mendoza destaca que “Pablo Jaime Sáinz supo proyectar la oralidad, el humor, el lenguaje coloquial y la vida de una realidad fragorosa y trapera para lograr una pieza literaria que sacude por su fuerza y precisión”.
Yépez afirma: “Se trata de un clásico Tijuana-culichi. Sáinz escribe bien, escribe violento. Cuando escribe, usa la página como saco de golpear, y a su alter ego como sparring sarcástico”. |