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Policias

Las constantes agresiones han llegado a causar la muerte

Impunes ataques a emigrantes

En los últimos meses se ha registrado un repunte de violencia en la zona de Calexico, California, y como si fuera instrucción permanente, los agentes de la Border Patrol sacan a los indocumentados del Río Nuevo a punta de balazos de goma. Las víctimas denuncian, pero no encuentran apoyo en el Consulado Mexicano.

Sergio Haro Cordero

Con la adrenalina al máximo, el 29 de julio de 2007, un grupo de emigrantes intentó cruzar hacia Estados Unidos, por el contaminado y verdoso Río Nuevo en Mexicali. De repente, escucharon la voz de un oficial de la Border Patrol -moreno, alto, con acento pocho- y les ordenó a gritos que salieran del canal.

Uno de los emigrantes intentó obedecer, pero la contracorriente era más fuerte, lo arrastró hacia el lado norteamericano y por ahí salió. Sin mayor preámbulo, el oficial empezó a disparar balas de goma contra el grupo. Víctor Manuel, de apenas 17 años. se llevó las manos al rostro para cubrirse. Por el dolor, bajó una mano… una, dos, tres balas se estrellaron en su ojo izquierdo, el cual botó de la cuenca. Con sangre por todos lados y el ojo colgante, el joven fue auxiliado mientras llegaban los paramédicos. Lo trasladaron primero a un hospital en El Centro, California, luego a San Diego, donde le operaron para acomodarle el ojo en su lugar, pero quedó ciego.

Y no es el único caso.
En marzo 26, otro grupo de emigrantes intentó cruzar por el lado del Canal Todo Americano, en la zona Poniente de la Garita Mexicali-Calexico. También fueron interceptados por la Migra. Agresivo, uno de los agentes sacó el arma y disparó al pecho del emigrante, quien cayó herido de muerte.

“Se iba como se van todos, aquí ganaba muy poco y necesitábamos más dinero”, dijo desde su humilde vivienda su hoy joven viuda, a punto de dar a luz.

Mostró a ZETA las imágenes del incidente grabadas en su teléfono celular y otras bajadas del portal YouTube.

Muchachos golpeados, maltratados, agredidos, jóvenes vejadas, encarceladas en prisiones masculinas donde la impunidad parece ser la patente.

En ambos casos los protagonistas coincidieron en la falta de respuesta de todas las autoridades, mexicanas y norteamericanas. A meses de distancia, no han sabido de trámites ni de respuesta diplomática de parte del gobierno mexicano.

Las víctimas

Víctor Manuel García. Vive, nació y ha crecido en la colonia Lucerna, por la calle del mismo nombre. Desde su casa se puede ver la barda metálica que divide México de Estados Unidos. Es una modesta colonia ubicada en la parte Poniente de Mexicali.

Sentado en una silla de plástico, desde el patio de su casa, narra lo sucedido esa mañana del domingo 29 de julio.

Dijo que junto con un grupo, intentó cruzar hacia Calexico por la zona del Río Nuevo -que lleva aguas negras ya tratadas y cruza por pleno centro de ambas ciudades- cuando fueron descubiertos por un agente de la Patrulla Fronteriza. Eran como las 8 de la mañana.

“Íbamos pasando y se acercó un migra, y nos dijo que nos saliéramos. Nadie se quiso salir, los muchachos decían ‘no se salgan, no nos va a hacer nada’. Yo le hice caso al que nos llevaba. Entonces el migra gritó ‘sálganse o les voy a pegar’.

“Me gritó, salté, no quise salir por ahí, pues es contracorriente, pero estaba muy fuerte, no podía, la corriente me detenía. Le dije que ya me quería salir y me dijo ‘salte’, y me empezó a pegar con la pistolita unas bolitas así, estaba cerca como metro y medio, era uno primero y me empezaron a llegar varios, todos me empezaron a pegar…”.

Explicó que son unas pelotas de plástico duro, lanzadas por pistolas automáticas.

“Me tiraban a la cara, pero yo me cubría, de tantas veces que me pegaron en la mano ya no aguanté y me pegaron en el ojo, me pegaron tres seguidos...”.

– ¿Te salió sangre?, se le preguntó y respondió llanamente. 
“Sí, botó el ojo, así a la mitad…”.

El joven mexicalense recordó que el oficial huyó llevándose sólo a dos o tres de los emigrantes del grupo. En eso se acercó un hombre y al verlo herido le preguntó acerca de lo sucedido, luego llegaron los paramédicos y lo trasladaron de urgencia hasta un Hospital de El Centro, California; de ahí también de inmediato hasta San Diego.

Refirió que en el Hospital recibió la visita de varios funcionarios  -supone que del Consulado Mexicano-, lo entrevistaron y no volvió a saber de ellos hasta hace cerca de un mes, que nuevamente lo buscaron, le pidieron todos los papeles que tenía sobre el caso e igual desaparecieron.

“Ellos se llevaron todas las pruebas mías, los papeles del hospital, todo se llevaron, hace como un mes…”, explicó el joven.

Su tío, Jesús Trujillo, presente en la entrevista, aseguró que lo que ellos buscan es investigar primero si hay una demanda y en caso de que no, ponerla inmediatamente, hacer algo para que le curen el ojo.

“En el Hospital de aquí, un doctor me dijo que lo que me hicieron allá no fue nada, nomás me apuntaron el ojo, para que no se saliera, me dijo que desde que me pegaron, ya había perdido el ojo… Lo que queremos más que todo es que le puedan curar ese ojo.

‘Ya después veremos si lo van a indemnizar…”.

Buscaban mejorar

A sus 22 años Gladis ya es viuda, está embarazada de nueve meses y en cualquier momento podría nacer su bebé. Su esposo ya no está, fue asesinado el 26 de marzo de este año por un agente de la Border Patrol, cuando intentaba cruzar hacia Estados Unidos.

Desde la humilde vivienda que habita junto con su hermana en la colonia Gazca, en Mexicali, Gladis muestra la pequeña pantalla de su teléfono celular, donde tiene grabadas las imágenes del incidente que le cambió la vida desde hace ocho meses.

Ramiro Gámez Acosta tenía apenas 20 años de edad y buscaba -como miles- cruzar a Estados Unidos para mejorar su vida y la de su familia, ya a punto de crecer.

Por eso decidieron cambiar su empleo de carpintero por la aventura de cruzar a Estados Unidos, y dijo que pagaron mil 500 pesos a un sujeto para que lo cruzara.

“Duraron 15 días para regresármelo, porque según era pollero y porque él quiso agredir al patrullero de la Fronteriza.

“Él iba cruzar al otro lado, nos habían cobrado mil 500 por cruzar, nomás que yo no sabía por dónde. Era la primera vez que iba pa’ allá.

“Yo estaba embarazada, él iba a ir a trabajar, pues aquí no alcanza y pues él iba, como dicen, al sueño americano. El iba a trabajar y luego iba mandar por mí, mi mamá vive en Los Ángeles.

“Me dijo que llegando allá me iba a hablar, se fue desde la mañanita, desde las cuatro de la mañana se fue, pasó todo el lunes, y todo el martes, hasta las ocho de la noche que yo supe, me avisaron que lo habían matado.

“Le pusieron, a él, que era pollero, que ya había pasado y él nunca había pasado, era la primera vez….

“Y de repente salió un video, en los noticieros, salió un video de cómo lo habían matado…”.

Luego vinieron los problemas legales para recuperar el cuerpo, pues ninguno de los familiares tenía pasaporte, hasta que vino un pariente de Sinaloa.

“Un tío de él habló con el Consulado, nos dijeron que esto no se iba a quedar así, pero hasta el momento no hemos recibido nada, ni el pago del funeral ni nada. Tuvimos que pedir ayuda a la gente para sepultarlo...”

Del Consulado no han sabido nada, ni del despacho de abogados -de un licenciado de Calexico-,  y de la instancia diplomática resume: “Ni nos hacen caso”.

¿Cuándo nacerá su hijo?, se le preguntó.
“En unos días…”, respondió acariciándose el prominente vientre.

Historias que se acumulan

Los siguientes son hechos suscitados tan sólo en la frontera Mexicali-Calexico en lo que va de este 2007 y documentadas por la Procuraduría de Derechos Humanos (PDH) en Baja California.
El 12 de marzo de este año, Juan Cazares, originario de Lázaro Cárdenas, Tabasco y de oficio químico petrolero, intentó cruzar hacia Estados Unidos por la frontera Mexicali-Calexico tratando de llegar a Nueva York. Según su denuncia fue mordido por un perro a cargo de agentes de la Patrulla Fronteriza en el párpado izquierdo. Uno de los “migras” festejó el ataque.
Pedro Ramírez Matías, de Tuxtepec, Oaxaca, fue golpeado en la cara cuando intentó cruzar el 1 de marzo, lo amenazaron y acusó de racismo a los agentes de la Border Patrol.
Adolfo Rueda Reyes, originario de Atijo, Michoacán, fue agredido por agentes de la Patrulla Fronteriza con balas de goma. También se quejó de que el Consulado Mexicano no le brindó apoyo alguno.
De Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, Mary Gálvez Velásquez intentó cruzar el 3 de mayo, pero en el camino sufrió heridas en rodillas y piernas. Fue deportada y se quejó de que los Agentes de la Patrulla Fronteriza no le atendieron las heridas antes de enviarla a México.
Jenny, de Mexicali, fue capturada el mismo día. Se quejó de maltrato y de que dos agentes -hombre y mujer- de la Patrulla Fronteriza, levantándole la blusa, la manosearan.
Lina Alejandra intentó cruzar el 10 de julio pero fue detenida. Antes ya la habían deportado por Algodones, habiendo estado encarcelada en una prisión de San Diego, donde permaneció dos meses. Aseguró que sus vecinos eran Francisco Arellano y Jesús Héctor “El Güero” Palma. Se quejó de que el Consulado mexicano nunca contestó sus llamadas ni fue a visitarla.
Otro caso fue el de Mariano Meza, de Colima, quien intentó alcanzar el sueño americano el 12 de julio, después aseguró que fue baleado estando preso. Le pegaron en la pierna derecha, la que se le infectó. Denunció que hubo negligencia médica y reclamó indemnización. Él también reportó que el Consulado mexicano nunca lo atendió.
Éstos son sólo botones de muestra.


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