El atentado a Capella, amenaza para Ramos
LA ADVERTENCIA
Aun con muchas inconsistencias en el atentado de la madrugada del martes 27 de noviembre en la casa de Alberto Capella, los hechos señalan que la intención de los atacantes no era asesinarlo. Iban por él o a dejarle un mensaje. La hipótesis del auto atentado le significaría más peligro al ex Presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública. El crimen organizado no perdonaría el señalamiento.
Ante los hechos, una situación es cierta en el atentado a Jesús Alberto Capella Ibarra:
No iban a matarlo. Si ésa hubiese sido la consigna, sicarios no habrían fallado.
Del crimen se desprende un fin: La advertencia.
Y tres hipótesis:
1.- Fue un aviso.
2.- Iban a “levantarlo”.
3.- Fue un escenario armado.
En cualquiera de los tres escenarios, la advertencia continúa.
El comando que llegó hasta el domicilio del ex Presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública, no tenía intenciones de asesinarlo. De hecho, llegaron sigilosos y sin accionar sus armas. Fue el propio Capella quien abrió fuego y desató una discordante y atípica balacera que duró aproximadamente 15 minutos.
A pesar de los impactos en varias habitaciones de la casa, el ex líder ciudadano tuvo la oportunidad de moverse de un lado a otro dentro de su hogar, lo mismo de accionar el arma que de manera inexplicable uno de sus tres escoltas —pagados por el estado— dejaron abandonadas en el lugar.
Mal francotirador, de acuerdo a información extraoficial, Capella logró tirar entre catorce y quince disparos. Todos sin objetivo fijo y sin orden.
Los sicarios, que de acuerdo a la versión oficial plantaron marros en la escena y utilizaron una escalera para tener acceso a la casa, dispararon de igual forma. Sin un objetivo visible, prácticamente apuntaron a varias paredes de la casa. Fue muy desordenado el ataque. Casi de vacilada para quienes son profesionales en el oficio de la ejecución.
No utilizaron como en otras ocasiones, las tácticas del crimen organizado para asesinar. Normalmente cazan a su blanco a la salida o entrada de casa u oficina. Lo siguen durante días y esperan el momento de descuido de víctima y escoltas. No fallan. Generalmente utilizan armas 9 milímetros o 45 cuando se trata de una sola persona. Pocas veces y en estas condiciones, la ráfaga. En menor ocasión la escopeta.
Por eso queda claro que no iban a matarlo. De las investigaciones y trayectorias de las balas, se aprecia que fueron entre siete y diez personas las que accionaron sus armas “cuerno de chivo” calibre .223 (igual que las utilizadas por la Policía) contra la casa de Alberto Capella. Fue una acción en extremo violenta y desordenada pero no con intenciones mortales.
Tan es así, que los sicarios se retiraron del lugar a tránsito lento y concluida la labor de advertencia. Minutos después, y aún sin la presencia policíaca, Alberto Capella tuvo la oportunidad de salir de su casa y observar el panorama antes de permitir la entrada a la prensa aun con la consigna contraria del equipo de Servicios Periciales.
El escenario, extraño para las condiciones de inseguridad, ha despertado muchas sospechas.
Pero aun cuando se tratara de un “auto atentado” como sugieren algunas fuentes, la reacción del crimen organizado iría en el mismo sentido de amenaza, al ser señalados de un delito que no cometieron.
Las hipótesis
1.- Fue un aviso.
Cercanos al Alcalde Jorge Ramos Hernández, confiaron a ZETA que semanas atrás recibió amenazas telefónicas y emisarios del crimen organizado. Le espetaron su intención de instalar al frente de la Secretaría de Seguridad Pública a Alberto Capella Ibarra. Conocida es la enemistad entre el ex defensor ciudadano y la corporación policíaca que pretende encabezar desde la Secretaría.
Pero Capella no sería el único motivo de amenaza. Tampoco el receptor final.
Semanas atrás, cuando Ramos llegó a considerar a Mario Martínez para la misma posición, también recibió afrentas por parte de integrantes del crimen organizado.
El inminente cambio de mandos hacia el interior de la Policía Municipal, sería el motor que echó a andar la maquinaria del crimen.
El receptor de la advertencia que se desprende del atentado a Capella, no sería la víctima, sino Jorge Ramos, el Alcalde.
El aviso pudo venir de dos grupos:
1.- El crimen organizado encabezado por la llamada “Maña” al servicio del Cártel Arellano Félix.
2.- Policías municipales corrompidos por el narcotráfico que defienden sus intereses de permanecer en la corporación aún sirviendo al crimen.
De acuerdo al propio Capella, únicamente sus cuatro escoltas y el Secretario de Seguridad de Tijuana, Luis Javier Algorri Franco, sabían que esa noche dormiría en su casa en Playas de Tijuana.
Luego de distintas amenazas, el próximo Secretario de Seguridad decidió “sacar” a su familia de Tijuana, enviándola a residir a otra ciudad. La otra medida, fue cambiar de lugar para descanso nocturno prácticamente todos los días.
2.- Iban a “levantarlo”
Durante una de las marchas contra la inseguridad que encabezó Alberto Capella Ibarra como representante de la sociedad, recibió una amenaza: Él y otros líderes tijuanenses podrían ser secuestrados.
En estos momentos y ante los embates del Ejército sobre cargamentos de drogas antes de entrar a territorio bajacaliforniano, el secuestro se ha convertido en una fuente de ingresos considerable para el crimen organizado y las células del narcotráfico en Tijuana.
El hecho de que un comando armado, de negro y en camionetas haya acudido de manera sigilosa a la casa de Capella, indica que la intención era entrar, sacarlo y llevárselo en un plagio. Sin embargo, el primer disparo de la víctima los destanteó. Por eso respondieron pero sin intenciones mortales.
Luego de quince minutos, habrían abandonado la escena sin cumplir el objetivo de “levantar” al ex Presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública, pero dejando el antecedente y la amenaza de traerlo en la mira.
3.- Fue un escenario armado
Del propio equipo de Jorge Ramos Hernández salió la versión de que se trataba de un “auto atentado”. Quizá por política o por estrategia, pero empezar a armar la hipótesis. Elementos tienen de sobra.
Muchas inconsistencias en el relato de Capella y la escena del crimen, avalan esta teoría. Por ejemplo, que de manera “casual”, el ciudadano había recibido adiestramiento en el uso de armas. También que “accidentalmente”, sus escoltas, policías estatales preventivos, dejaron sus armas en la casa en lugar de, como marca el procedimiento, llevárselas consigo para cualquier llamado, emergencia o consigna.
A este escenario se suma el hecho de que Capella estaba solo en una casa acondicionada para albergar a toda una familia. Lo que se puede analizar como la preparación de la escena para el atentado.
También algo insólito: Los sicarios fueron limitados por una puerta cerrada. Cuando es sabido que no hay obstáculos cuando se trata de ejecuciones o secuestros.
La protagónica reacción de Capella, de permitir el acceso a medios de comunicación local y nacional a la escena del crimen, aun contra el trabajo de los peritos, fue otro elemento de sospecha. La víctima apareció ante las cámaras, fotográficas y de video, calmado, tranquilo y como en conferencia de prensa, otorgando un discurso sobre lo ocurrido en la oscuridad de la noche.
También y por el relato del propio Capella sobre cómo y desde dónde accionó las armas que sus escoltas “olvidaron” en su casa, se presume que podría haber estado acompañado de una segunda persona, que lo ayudó a encarar a prácticamente una decena de sicarios.
Todos estos elementos de sospecha, fortalecen la hipótesis entre colaboradores de Ramos, de que pudo ser un “auto atentado”.
Las inconsistencias
Un testigo de los hechos declaró a ZETA algunas de las inconsistencias:
1.- Por momentos sólo se escuchaba la detonación de una sola arma. Un AR-15.
2.- Después de minutos, se accionaban de manera muy espaciada, armas de calibre .45 mm y 9 mm.
3.- Muchos de los balazos parecían fuegos artificiales que daban hacia los parques de beisbol.
4.- En ocasiones, los sicarios dispararon al cielo.
5.- Había personas paradas en las esquinas sin ningún temor de recibir algún disparo perdido por parte de Capella.
6.- Se observó a una patrulla municipal salir de la comandancia en plena balacera. Una Dodge Ram.
7.- Los “atacantes” se retiraron tranquilos del lugar con códigos y sirenas encendidas.
8.- Una vez despejada la zona, Alberto Capella salió de su casa. 10 minutos después llegaron municipales (una camioneta Chevy, un Grand Marquis y una Ford Lobo) y dieron vueltas por la manzana. A los 45 minutos llegaron ministeriales.
A ello se suman otras realidades:
* No es común, ni normal, que un escolta oficial deje su arma de cargo en la casa de la persona a la que está escoltando. El policía estatal preventivo que “olvidó” su R-15 calibre .223 en la casa de Capella, está siendo investigado por Asuntos Internos de la corporación, aunque permanece en la escolta del futuro funcionario.
* El arma, la radio, el chaleco y todas las herramientas que se le proveen al policía, son responsabilidad del agente y no puede despegarse de ellas.
* De acuerdo a la versión de Capella, que dijo disparar desde la planta baja y alta, se presume que pudo encontrarse acompañado al momento del atentado para tener ese nivel de respuesta sólo visto en las películas.
* La Policía Municipal asignada a la Delegación Playas de Tijuana, a tan sólo una cuadra de la residencia de Capella no acudió al escuchar las detonaciones. Aceptaron, extraoficialmente, que no había patrullas disponibles. Otra versión indica que no quisieron acudir por temor a ser muertos.
* La Policía Antisecuestros tampoco respondió al llamado. Casualmente y contra su costumbre, a esa hora “atendieron” diferentes reportes.
* Alberto Capella declaró haber accionado dos armas, un R-15 y un G-3, sin embargo, en la Policía Estatal Preventiva únicamente se acepta que uno de los escoltas dejó un R-15 en la casa de su asegurado.
La descoordinación
Una de las primeras acciones de gobierno al frente de la Procuraduría General de Justicia del Estado, de Rommel Moreño Manjarrez, fue turnar el caso del atentado a Capella a la Procuraduría General de la República. Siendo que se trata de un intento de homicidio, delito del orden común, el Procurador prefirió deshacerse de la investigación.
Esta acción y la tardía respuesta de la Policía Ministerial del Estado y de la Policía Antisecuestros para acudir a la escena del crimen, denotan la falta de coordinación entre las corporaciones.
A la nula participación de las autoridades, se suma el hecho de que Capella Ibarra era escoltado por tres elementos de la Policía Estatal Preventiva, institución que también llegó 20 minutos después de la balacera.
Los reportes electrónicos y telefónicos sobre la balacera, también fueron muestra de una descoordinación.
En el Centro de Control Comando Comunicación Cómputo (C4) una copia del informe del sistema electrónico de seguridad señala que a las 01:57:48 horas del 27 de noviembre se recibió el reporte de la sección Costa Hermosa de Playas, denunciando disparos con arma de fuego.
El primer ciudadano que llamó, dijo que parecía ser en las calles Fuego y Tornado, que se escuchaban muchos disparos de arma automática; “son varias armas, al parecer es un enfrentamiento”.
A las 02:00:41, el operador de radio mencionó que los disparos se escucharon a la altura de los campos y que del lugar salió a exceso de velocidad un pick up gris que iba hacia la salida de Playas. Un segundo reportante mencionó a las 02:03:09 que los hechos eran por la avenida Risco, entre avenida Agua y avenida del Parque, a un costado de las oficinas de Antisecuestros y que vio salir un pick up azul marino.
El informe se empieza a poner extraño cuando hace referencia a los reportes de los agentes que atendieron el llamado en las diversas corporaciones.
En el formato de atención entregado a ZETA, se indica que en la Dirección de Policía y Tránsito Municipal (DPTM) se reportaron enterados de los hechos a las 01:59:05 horas, que llegaron a las 02:08 y fueron liberados a las 2:52 horas; la Procuraduría del Estado dice que se enteró a las dos de la madrugada, no informa a qué hora llegó pero fueron liberados a las 03:27; y la Policías Estatal Preventiva recibió el reporte a las 02:05 horas, no informa a qué hora llegaron pero marcan como liberados a las 02:09 horas.
Un material electrónico adicional, incluido en la averiguación previa que realizó la ministerial antes de entregar el caso a la federación, fue la petición y recepción de un video tomado por las cámaras de vigilancia en la entrada a la delegación de Playas.
El Secretario de Seguridad Pública de Tijuana, Luís Javier Algorri, aseguró el mismo día que el material digital contenía imágenes de un comando saliendo de la delegación.
Información proporcionada posteriormente indica que el video captó un grupo de cuatro vehículos oscuros tipo Tahoe y pick ups saliendo a toda velocidad de la demarcación.
Otro recurso cibernético que la ministerial había incluido en la investigación previa fue la solicitud del itinerario realizado por las patrullas municipales que estaban en servicio a la hora y el día del incidente, dado que de acuerdo a las declaraciones públicas de Algorri, los vehículos están equipados con un equipo localizador satelital que teóricamente permitirá conocer dónde estaban.
De acuerdo a la versión del afectado, los agentes de la municipal y el Grupo Antisecuestros tardaron más de 30 minutos en llegar.
Ante el reclamo de la lentitud en la respuesta, hecho a través de la prensa por el abogado, las justificaciones públicas y privadas empezaron a surgir. En ambas corporaciones la versión oficial fue que no llegaron tan tarde y que no había personal disponible.
En la delegación de Playas el reporte verbal indicó que sin importar cuántas patrullas digan los papeles que tienen, nada más tres unidades sirven y andaban en distintos puntos de la demarcación. Además por la noche en las oficinas de la delegación no hay más de dos o tres elementos con pistolas 9 milímetros y no los iban a mandar a una balacera con arma de alto calibre. Y aunque los enviaran, seguramente no iban a ir.
La respuesta de los miembros del Grupo Antisecuestros fue que estaban atendiendo unas denuncias de privaciones de la libertad en diversos puntos de la ciudad. El asunto es que ese tipo de reportes siempre han sido atendidos por la Policía Estatal Preventiva y el Grupo Coordinación, porque el trabajo de los ministeriales de antisecuestros es la investigación.
Para respaldar su versión, la Procuraduría del Estado envió una fotografía de los reportes del Sistema de Emergencias 066 que registraron las llamadas de auxilio, sin embargo en este punto continúan las inconsistencias, porque efectivamente las llamadas existieron, pero fueron en horarios distintos al del atentado, cuyo primer reporte de auxilió quedó registrado en el mismo sistema a las 01:58:30 horas.
Además los datos revelan que sólo acudieron a uno de los reportes:
A las 22:38:31 horas del lunes 26 de noviembre, una llamada alertó que en un lote baldío de la zona centro entre calles Segunda y Tercera se escuchaban gritos de un hombre diciendo que lo tenían secuestrado y otro que le decía que se callara, la municipal se acercó y dijo que se trataba de un indigente. Y de acuerdo al “Código de Cierre” de la ministerial, este asunto lo atendieron policías municipales.
El mismo día 26, pero a las 23:10:53 horas reportaron que en la glorieta a la entrada del fraccionamiento El Refugio, habían bajado de un Nissan gris de modelo reciente a una persona y se la habían llevado en un comando con dos Tahoe oscuras y un pick up blanco. A las 23:48:55 reportaron que no encontraron nada.
Ya el día 27 de noviembre a las 00:22 horas se denunció una privación de la libertad en la Colonia Libertad, reporte que pasó de la policía municipal al Grupo Antisecuestros, mismo que conforme al código de cierre, lo resolvió “por teléfono”.
Extraoficialmente la respuesta en la ministerial es la misma. Ningún policía acude de manera inmediata adonde se suscitan balaceras. (Con información de Adela Navarro Bello, Lauro Ortiz Aguilera y Rosario Mosso Castro)
Gato esquinado: Aseguró Capella
“Eran más o menos las dos y media de la mañana, algo me despertó, me asomé, no vi nada, me volví a acostar y de repente escuché más ruido, y cuando abro una de las hojas de la persiana veo decenas de tipos vestidos de negro.
“Unos ya abriendo la puerta acá, otros en una escalera, y dije, no, Dios mío, ya… se acabó esto. Obviamente entré en una psicosis, entonces me salí al pasillo, tenía un R15 y un G3 donde está esa canasta (apuntó hacia la puerta de su cuarto) colgados ahí, entonces con el nervio agarré los dos así, como si fueran bebés, entonces solté uno, me lo colgué atrás, y con el R15 me acomodé aquí y pos, ¡pum, pum!, les tiré (él disparó primero) y se empezaron a gritar entre ellos, y, ¡zas!, pues ya vieron cómo me dejaron aquí no (señaló recámara balaceada) como coladera.
“Me bajé las escaleras porque decían que iban a entrar y gritaban ‘te vas a morir Beto’, o a lo mejor yo en mi locura ‘te vas a morir, te vamos a matar’, entonces me bajaba las escaleras y, ¡taz, taz, taz!, prefería escuchar el ruido de las balas que estar escuchando las voces de ellos, empezó la letanía.
“Yo creo que en el momento que estás así no te das cuenta que te están pasando las balas por arriba, estás con la adrenalina y lo que no quieres es que entren, la idea de que no entraran, y de repente hubo una calma, se tranquilizaron y entonces yo aproveché para ver si el G3 traía el tiro arriba, no encontraba el maldito seguro otra vez, y dije: ¿pues cuántas balas me quedan acá? Me quedan como cinco, y ya cuando me di cuenta, ya pude tranquilizarme ya pude poner el seguro al G3, de hecho quise hacer una detonación y estaba atorado, y pos siguieron ellos disparando y de repente se hizo una calma horrible en donde pensé que ya se habían acomodado, y gracias a Dios se habían ido.
“Estuve 15 minutos (señaló el quicio de la puerta de su cuarto) hincado con el G3 y el R15 en un lado como loco, hasta que me armé de valor. Mi celular estaba en ese muro (sobre el buró frente a la ventana por donde entraron y salieron la mayoría de los balazos), no podía atravesarme por la balacera, cuando se mantuvo la calma, me armé un poquito de valor, me agaché, alcancé a agarrar el Nextel y empecé hablarle a Rommel Moreño, en mi desesperación no sabía a quién más, empecé a marcarle, a… a… a…, otra persona (después se supo que su segunda llamada fue para el Secretario de Seguridad del Estado, Daniel de La Rosa, que le respondió hasta las 10 de la mañana) no me contestó, luego le hablé a Jorge Ramos, me contestó (inaudible), mira Jorge me están cociendo a balazos, me dijo, se preocupó muchísimo, después mi teléfono no dejó de sonar.
“Con Rommel y ‘ahí van, dónde estás, ya van para allá, que te escondas’, y cómo me voy a esconder si lo que no quiero es que entren”.
Al definir su reacción dijo: “Era gato esquinado, ¿no? O me quedaba aquí para que entraran por mí y me mataran, porque no venían a tomarse el café, ¿verdad? O decir, yo he escuchado de muchas tragedias, se cómo entran a las casas, sacan a las gentes de sus recámaras, sus camas, la gente no alcanza a dar crédito de lo que está sucediendo, yo siempre le he dicho a los empresarios y todo eso, que hagan un plan de salida con su familia, resguárdenla en tal parte y salgan a tirar bala, es la única…y créeme que no es fácil, yo con toda la preparación mental que tenía, fue toda una desorganización de mi parte, ¿no?, pero afortunadamente, pues estoy vivo”.
Respecto de su apertura ante la prensa, considerada por algunos funcionarios que pidieron no ser identificados, como excesiva a pesar del ataque padecido, Capella respondió. “Pues ni modo que me vaya a rajar, yo siempre he dicho que cuando alguien es víctima de un delito, sobre todo de un delito grave de alto impacto, como creo que es éste, ¿verdad?, lo peor que podemos hacer es quedarnos callados, entonces yo no me voy a quedar callado, creo que Dios me dio una segunda oportunidad, a lo mejor puede durar 24 horas, 48, 72, no sé”.
Concluyó diciendo que confía plenamente en el procurador Rommel Moreño porque es su amigo y lo conoce de muchísimos años. Pero horas después, su camarada pasó el asunto a la Procuraduría General de la República (PGR).
Justificaciones policíacas
“Digo: Yo no responsabilizo, y sé que tampoco va a estar un ejército de policías aquí esperando que me pase algo, este… pero yo pensaba que era una especie de cuidado, de blindaje tener a esta gente aquí enfrente, ¿no? Y yo decía, bueno me están tirando, ahorita les van a tirar por atrás”, comentó al referirse a la tardía respuesta de las policías municipal y estatal a unos cuantos metros de su casa.
Y también admitió que cuando llegaron elementos de la policía municipal que dirigirá a partir del 1 de diciembre, se resistió a salir: “Porque no les tengo confianza”.
Balacera entre supuestos federales y sicarios.
Luego del enfrentamiento a balazos que se registró a plena luz del día el sábado 24 de noviembre en la colonia Guadalupe Victoria, testigos revelaron que dos grupos armados, uno de ellos con vestimentas de la AFI, iniciaron el tiroteo en el que presuntamente murieron dos personas.
Indicaron que por espacio de 15 minutos los supuestos policías estuvieron platicando con los civiles, quienes tenían estacionados sus vehículos sobre la calle Gustavo Díaz Ordaz, a muy pocos metros de la llamada vía rápida y a cuadra y media del edificio administrativo de la PGR.
“Al principio los dos grupos se saludaron con familiaridad y luego comenzaron a discutir. Como que no se pusieron de acuerdo en algo y fue cuando iniciaron la balacera”, reveló a ZETA un residente de la zona.
Más: Uno de los supuestos federales estacionó una camioneta Yukon en medio de la calle Díaz Ordaz para evitar que sus adversarios se dieran a la fuga, mientras sus compañeros disparaban.
Los hombres vestidos de civil también respondieron la agresión. Realizaron varios disparos en contra de los supuestos policías, mientras brincaban por encima de bardas y techos de casas del lugar.
Uno de ellos perdió su arma en la huida y otro trató de darse a la fuga en un vehículo pero no tuvo mucho éxito. Inmediatamente los pistoleros fueron rodeados por los uniformados y los subieron a la fuerza a sus camionetas.
Según testigos, a consecuencia de la balacera dos personas fallecieron, por lo que sus cadáveres fueron arrastrados e introducidos a los vehículos de los supuestos federales.
En la calle quedó dibujado un manchón de sangre, en clara señal de que un cuerpo fue arrastrado por espacio de cinco metros. Además, la Policía Ministerial encontró rastros de masa encefálica en la calle y en uno de los vehículos abandonados.
Aparte, vecinos del lugar aseguran haber visto a policías municipales, a bordo de dos patrullas, quienes a pesar de observar la balacera no se detuvieron a investigar lo ocurrido.
En un comunicado, la Procuraduría de Justicia del Estado informó que en el lugar de los hechos se encontraron cuatro vehículos con reporte de robo en el Estado de California, dos armas de fuego R-15, diversos cargadores, manchas de sangre y al menos 80 casquillos percutidos calibres 223 y 7.62. |