Comisión de Arbitraje Médico
Lic. y Mtro. Benigno Licea González
“El médico debe ser el auxiliar de la naturaleza, no su enemigo” Paracelso
En la actualidad las denuncias que se formulan ante la Agencia del Ministerio Público del Orden Común o Federal por el Delito de Responsabilidad Médica Profesional y Técnica han aumentado considerablemente ya que hoy es mayor el conocimiento en el ámbito médico y jurídico por parte de los pacientes, quienes exigen siempre del médico una curación completa, pronta y sin ninguna contingencia a sus problemas de salud, bajo condiciones de óptima calidad profesional.
Lo anterior lo he podido observar a través de mi experiencia profesional en el ámbito de la abogacía y en la atención específica en las defensas de carácter penal que he sustentado en favor de médicos que han sido denunciados por el Delito de Responsabilidad Médica Técnica y Profesional, así como denuncias que se han formulado en contra diversos profesionales de la medicina. Todavía en los años 70's era extremadamente raro la presentación de denuncias por Responsabilidad Profesional en contra de un médico y su equipo y creo que parte de ello se debe a factores de índole cultural como el conocimiento que ahora tiene el paciente de lo que son sus derechos como tal y por consecuencia, de lo que le debe exigir al profesional de la medicina que lo atiende; así también, porque antaño el médico tenía un lugar muy especial en el criterio de la sociedad, esto es, incluso se le llegó a considerar como un ser infalible.
Con los años dicho concepto se ha modificado; el médico ha pasado de ser infalible como asentaba con antelación a ser un profesionista más, un perito en la materia, el cual debe prestar sus servicios de manera eficiente, éticamente responsable y sin derecho a equivocarse.
En verdad ha existido un cambio de actitud por parte del paciente respecto del trato que tiene con el médico y que en la actualidad se refleja en un incremento ampliamente significativo de denuncias contra los profesionales de la medicina y de los cuales ya no sólo conoce el Ministerio Público, sino que incluso, se tramitan en los diversos tribunales de nuestro país, lo que ha despertado una grave inquietud y preocupación por parte de los profesionales de la medicina.
No piense el lector que la génesis de la responsabilidad médica es reciente pues ya el Código de Hammorabi redactado aproximadamente en el Siglo XVIII a.C. señala la posibilidad de la iatrogenia pues el artículo 218 de dicho ordenamiento legal disponía: “Si un médico ha llevado a cabo una operación de importancia en un señor con una lanceta de bronce y ha causado la muerte de ese señor o si ha abierto la cuenca de un ojo de un señor con lanceta de bronce y ha destruido el ojo de ese señor, se le amputará la mano” y en este recorrido sintético de la historia, en 1825 dos médicos (proceso Helie y Thouret Noroy) fueron sentenciados por haber obrado imprudentemente y con impericia en su actuación profesional, siendo obligados los médicos a pagar una indemnización vitalicia en favor de su paciente.
Precisamente y a raíz del suscitado incremento de denuncias en contra de los médicos por su actuación profesional, en 1988, se logran establecer los primeros acuerdos y bases de colaboración entre las distintas procuradurías y empezó a surgir la inquietud de crear una instancia que resolviera las controversias existentes entre los pacientes y los profesionales de la salud. Fue precisamente en México, el Licenciado Esteban Moctezuma Barragán, en julio de 1994 cuando abordó en una conferencia titulada “Retos y Perspectivas de la Responsabilidad Profesional” la temática de crear una instancia que resolviera las controversias surgidas entre pacientes y médicos mediante el sistema de un arbitraje todas las cuestiones relativas a la Responsabilidad Profesional.
En junio de 1995, a través del Instituto de Investigaciones Jurídicas se firmaron dos convenios de colaboración con la Secretaría de Salud mediante los cuales se promovería la descentralización de los servicios médicos de las entidades federativas para garantizar el derecho constitucional de la salud de todos los ciudadanos, hasta que finalmente el 4 de junio de 1996 entró en vigor el Decreto por el que se crea la Comisión Nacional de Arbitraje Médico (CONAMED) y la cual, empezó a realizar función a partir del 10 de junio del año ya citado recibiendo escritos sobre quejas por violación a los derechos humanos de los pacientes, denuncias de negligencia médica o negación de prestación de servicios médicos y para tener una idea de la recepción de las citadas quejas o denuncias de junio a diciembre de 1996 en que se constituyó la Comisión Nacional de Arbitraje Médico, se recibieron 4025 quejas contra médicos y hospitales.
Cabe resaltar que en nuestro Estado se empieza a convocar a reuniones para analizar la factibilidad de establecer la Comisión Estatal de Arbitraje Médico. Al margen de lo anterior, no se debe soslayar la gran polémica que a nivel nacional encabezara la Federación Nacional de Colegios Médicos y la defensa recalcitrante que se suscitó con motivo de la creación de la citada Comisión para evitar precisamente, su establecimiento y que este factor debe de ser tomado con toda consideración y esmero por quienes ahora desde la Legislatura, colegios y asociaciones médicas trabajan para ello.
Es verdad que se deben tomar en consideración múltiples aspectos trascendentes y controvertidos. Así, el número de denuncias por iatrogenias se ha incrementado en forma alarmante, pero también es cierto que los denunciantes (pacientes) ya no se satisfacen solamente con las indemnizaciones sino que piden la pena de prisión para los médicos que han actuado profesionalmente de forma negligente o con impericia y así, los médicos se quejan a su vez de un estado de indefensión y de persecución.
Solamente en Estados Unidos (y esto nos servirá como un parámetro para el tema que hoy abordamos) cada 15 minutos mueren 5 personas debido a la negligencia médica; en un informe de la Journal American Medical Assosiation, el Doctor Lusian L. Leape de la Escuela de Salud Pública de Harvard en Boston, Estado de Massachusetts, escribió que cada año 180 mil personas fallecen debido a errores médicos y hospitalarios, lo que equivaldría a que cada dos días se estrellaran tres aviones tipo jumbo y en las investigaciones se estableció que la mayoría de las muertes se podrían haber evitado. La medicina al igual que otras profesiones no está exenta de errores; algunos son producto de la dejadez del personal médico y hospitalario y por ende, inexcusables. Algunos difíciles de evitar por el pronóstico médico de tal forma, que la relación médico-paciente se ha deteriorado muy drásticamente sin llegar a los límites insospechados como lo que ocurre en Estados Unidos en donde el médico ve en cada paciente a un posible denunciante en su contra.
En nuestro país los más denunciados son los cirujanos, anestesiólogos, ginecólogos, cirujanos plásticos, pediatras y traumatólogos, dentro de otros. Ha desaparecido la imagen paternalista que en forma tradicional se adjudicó al médico y que ahora tiende a desaparecer; ello se refleja pues sólo en la Comisión Nacional de Derechos Humanos las quejas contra los médicos y hospitales ocupan el tercer lugar, sólo debajo de las violaciones a los derechos de los reclusos y el abuso de autoridad. El adagio romano del “Vir bonus Meditus Peritus” esto es, “El hombre bueno y perito en curar” se ha erosionado hasta un límite insospechado.
Lo cierto es que con la creación de la Comisión Nacional de Arbitraje Médico se apertura un horizonte hacia una nueva relación médico-paciente y de alguna forma se apertura la era de la medicina defensiva.
No se debe perder de vista que el profesional de la medicina trabaja con lo más preciado del ser humano: La salud y la vida y que existe desafortunadamente un corporativismo médico sobre los errores, esto es, se ocultan constancias y evidencias al paciente respecto a omisiones y errores en su manejo y que se proyectan en alteración de su estado de salud; generalmente, los médicos se protegen unos a otros cuando se percatan de un error cometido por un colega. Se debe tener presente que igualmente, el médico es un ser humano y que su profesión, la medicina, no es una ciencia exacta.
El Licenciado Benigno Licea González fue presidente del Colegio de Medicina Legal y Ciencias Forenses de Tijuana.
e-mail: liceagb@yahoo.com.mx
|