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Hablando en serio

Juzticia  | Gerardo Dávila Infante

Las épocas navideñas, por las tradiciones religiosas, el clima y el periodo vacacional, para muchos, en conjunto crean un ambiente de paz y de amistad que resulta idóneo para meditar, para hacer cuentas, para formular propósitos y para programar objetivos.

Estas épocas no deberían ser para comprar regalos compulsivamente y repartir a diestra y siniestra abrazos en forma superflua, sin saber a quién, carente de sentido o, peor aún, asistir a cuanta posada o convivio nos invitaron en las que pareció que los asistentes competían para ver quién se emborrachaba más pronto.

No debemos, en estas épocas, sufrir prematuramente mermas económicas, de salud y menos espirituales, por falta de carácter y de definición de los auténticos valores.

Cualquier día de esta temporada debemos dedicarlo al resumen de lo vivido, su evaluación y la tarea del año que viene, esté uno en la posición que sea, ya sea de funcionario público, de padre de familia, de patrón, de trabajador, de maestro, en fin, desde la trinchera en donde se encuentre.

La situación del país, en todos los aspectos, no admite vaguedades por parte de nosotros y, es mejor, evitar desde el inicio del análisis y evaluación, repartir culpas a discreción, sin asumir las propias, porque entonces empezamos mal; de las culpas de todos, nosotros tenemos una parte.

Ignoro si es congénito, tradicional o costumbre, pero los grandes defectos del mexicano son la desorganización y la indisciplina y, así, aunque tengamos mucha voluntad no logramos nuestros objetivos; fácilmente olvidamos que dos por dos son cuatro o, más aún, la regla de oro de la economía: “no gastes lo que no tienes, ni compres lo que no necesites”.

El que mucho abarca poco aprieta, erróneamente queremos estar e ir a todas, pero esa conducta más que fortalecer debilita, debemos seleccionar y depurar nuestros círculos sociales, desechar las amistades contaminantes que vierten sólo negatividad, que hablan superflua e inútilmente.

Como padres de familia y también como maestros, debemos enseñar más con el ejemplo que con la palabra y, debemos cuidar el uso de esta última, para no incurrir en contradicción. No podemos exigir que nuestros hijos o alumnos no fumen ni tomen, cuando nosotros sí lo hacemos y, menos, exigirles que sean honrados cuando no podemos explicarles nuestros altos egresos con nuestros bajos salarios.

El matrimonio y el divorcio son temas de tal importancia, que no se deben tratar a la ligera; tanto para casarse como para divorciarse se requiere de pensarse varias veces, para verificar la firmeza de la idea o su fragilidad.

Lo más importante del matrimonio son los hijos y, sólo por causa grave, cuando los hay, deberá tramitarse su disolución; un primer paso para un posible divorcio es ponerse en los zapatos de los hijos y proyectar los efectos de tal acción.

Siempre que actuemos, debemos pensar que vivimos en sociedad, que somos parte de ella, que es nuestra, que somos ella y consecuentemente necesitamos vivir en armonía con los demás integrantes de la colectividad, por salud propia y de la misma sociedad. Actuar con egoísmo es actuar en contra de sí mismo; cuando tomamos ventaja de los demás, en verdad nos estamos aislando de nosotros mismos, de nuestra naturaleza, del ser social.


Hay que tratar de ser justo más que formal, debe uno de obedecer a los principios, más que a las reglas frías e injustas. Siempre me ha llamado la atención la inamovilidad o permanencia de los jueces y creo que su honradez, su vergüenza, su conocimiento, su entusiasmo de servir, su respeto a los demás, su eficiencia, su responsabilidad, su imparcialidad y otras virtudes más, son las que les deberían otorgar la permanencia en la función y no una simple disposición legal o resolución judicial.


Despotricamos contra la delincuencia pensando que es un ente extraño que irrumpe abrupta e indebidamente en nuestras vidas, sin reparar en que gran parte de los delincuentes son producto de nuestra irresponsabilidad como padres, nuestra arbitrariedad como maestros, nuestra incapacidad como autoridades y especialmente nuestro egoísmo como seres humanos; los delincuentes, en gran porcentaje son los abandonados de la sociedad, tal es el caso que muchos ignoran el concepto de los valores, de lo que es bueno y de lo que es malo, ni sus padres ni el Estado se los inculcaron.


Aquellos gobernantes que no se quitan la camiseta de sus partidos, no saben el gran daño que le causan a la sociedad, ignoran que el respeto genera respeto, ignoran que el único partido que debe aglutinar a todos los mexicanos es México; el partidizar al gobierno genera división, conflicto e inconformidad, atentando contra los objetivos de un Estado de derecho que son la convivencia social y la paz.
Solamente la práctica de un idealismo claro puede darnos la fortaleza para abordar la solución de los graves problemas que aquejan a la sociedad.  Decía José Ingenieros en “El hombre mediocre” que el ideal es un gesto del espíritu hacia la perfección, es una llama que se debe conservar encendida porque es lo que justifica la existencia, si se apaga, el hombre se convierte en una triste bazofia humana.

Antes que se agoten los ciclos de la vida debemos buscar y afrontar al verdadero yo, dilucidar si lo que pensamos que somos, realmente lo somos o, por el contrario, somos una farsa y, de cualquier forma, actuar en consecuencia positivamente, tomar decisiones en función de nuestras capacidades y nuestras tendencias por encima de las incongruencias y las fantasías que hayamos concebido.
La soberbia es un obstáculo para crecer, debemos cuidarnos de que no se nos presente encubierta; la humildad no tiene precio, la vida es un constante aprendizaje y cualquiera puede darnos una lección; cuídese de pensar que tiene la última palabra porque es un cierre automático al conocimiento; acuérdese que la vida es cambio, que todo es relativo y que el hombre es imperfecto, así podrá dudar con toda justificación del descubridor del hilo negro.
Aprecio mucho la paciencia y tolerancia de los lectores del ZETA, por utilizar algunos minutos de su valioso tiempo para leer estos trabajos los cuales siempre son realizados con la idea de aportar algo positivo. Gracias y reciban mis mejores deseos para el año 2008.

Gerardo Dávila Infante, ejerce su profesión en Tijuana, B. C.
Correo: lic_g_davila@hotmail.com


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