Narcotraficantes obligan a emigrantes a pasar la frontera con mochilas en espalda.
Indocumentados cargados con droga
En una especie de trueque entre traficantes de droga y “polleros”, a cambio de dejarlos seguir trabajando por la zona de Tecate, los narcos utilizan a los indocumentados como transporte de marihuana y cocaína. En ocasiones a punta de pistola los obligan y en otras es el pago a miembros del crimen organizado. La inmigración ilegal sigue siendo el gran negocio para ambos grupos delictivos.
Néstor Cruz Tijerina
Tecate dejó de ser el paraíso para “polleros” que hacían el gran negocio en esta zona, y no precisamente porque la Procuraduría General de la República (PGR) o la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE) los estén combatiendo eficazmente.
Ahora, unidos en causa pero por separado, un grupo de estas personas y otro de agentes del Grupo Beta que pidieron no ser identificados, denunciaron ser víctimas de los narcotraficantes: En el caso de los “polleros”, aseguran que los narcos, pistola en mano, los obligan a pasar droga a través de sus “clientes” los emigrantes, en mochilas o en bolsas.
Y en el caso de los agentes del Instituto Nacional de Migración, afirman que cuando quieren realizar su trabajo preventivo o de vigilancia, se han topado a los mismos sujetos armados quienes los intimidan y ahuyentan.
“Se trata de un secreto a voces esto del paso de droga con migrantes (sic), sin embargo, es una realidad que cada vez aumenta más, ya que ahora es más difícil pasar droga de otras formas a Estados Unidos”, aseguraron.
Aunque en el caso de los traficantes de personas, reconocen que algunos de sus compañeros lo hacen con su consentimiento y que lo ven como negocio.
“Pero la gente que no queremos ese tipo de problemas, tenemos miedo por nuestras vidas, y también lo ha manifestado así la gente que cruzamos, ya que no hay para donde hacerse. O pasamos la droga, o nos ‘truenan’”.
También, los agentes del Grupo Beta temen por sus vidas:
“Nosotros a veces nomás llegamos con los migrantes (sic) a hacerles un sondeo de rutina, sobre de dónde vienen, qué edad tienen, etcétera, o bien, porque ocupan algún tipo de ayuda médica. Pero de repente nos llega un grupo de gente armada que nos pregunta qué estamos haciendo, por qué y para qué, entonces no tenemos más que retirarnos, ya que muchos de nosotros no estamos armados y no podríamos responder cualquier agresión”.
Denunciaron que las principales zonas donde se han topado a estas personas son en la Cañada del Sol, Loma Tova y Roca Magisterial, “pero pueden aparecernos por cualquier parte”.
Los “polleros” narraron que en sus travesías, de repente, gente armada con “cuernos de chivo” o pistolas los rodean. Entonces, piden hablar con el “encargado” del grupo, que es con quien realizan la negociación.
“A veces nos ofrecen dinero, pero lo que no podemos es negarnos. Lo que sabemos es que también hay ‘narco-polleros’ que ofrecen el traslado de forma gratuita al cliente, a cambio de que acceda a cruzar con la droga”.
“El Coyote”
Vestido como elegante vaquero, “El Coyote” lleva 18 años cruzando emigrantes de manera ilegal a Estados Unidos. Dice que su tarifa es baja, ya que cobra mil 500 dólares por persona: “Pero otros se ‘chacalean` y les piden hasta tres mil dólares”.
Reconoció que sus tarifas han ido aumentando proporcionalmente con las medidas de seguridad que aplican los norteamericanos a lo largo de la frontera con México. Y cual experto economista, previno que el valor de sus servicios crecerá cuando se levante el nuevo muro que nos separará más del país vecino del norte.
“Aquí me llega de todo, pero sobre todo, es gente desesperada porque no tiene qué comer en este país; pero bueno, la pobreza no nomás está en México: También me llegan de otros lados”, refiriéndose a que traslada a centroamericanos.
“El Coyote” presume contactos por todo el país y a nivel internacional. Son sus “jaladores”. Personas que detectan y reclutan al candidato a emigrar, y que finalmente los traen a Tecate o Mexicali, a un paso del “sueño americano”.
“Ya estando aquí –cuenta “El Coyote”– nosotros los instalamos en hoteles céntricos. No te creas que los escondemos mucho. Ya después tienen que ir a la farmacia a comprarse sus sueros y lo que se vayan a comer para aguantar, porque tempranito nos vamos”, dice señalando los cerros fronterizos de Tecate.
El traficante reconoce que él y la mayoría de los que cobran como “polleros”, no van a todas las travesías. Para eso existen los “guías”, que generalmente es gente joven que conoce perfectamente en camino. Casi siempre van dos por viaje.
Ya estando del lado estadounidense, “El Coyote” tiene gente esperando a los emigrantes. Normalmente en los freeways 94 y 8. De ahí, los llevan a San Francisco, Chicago, Washington, Nueva York. A donde puedan pagar por sus sueños.
“Es cierto que a veces se pierde gente, o que a veces el mismo pollero abandona a las personas a su suerte. Pero nosotros también somos parte de este sistema. Surgimos como cualquier empresa destinada a cubrir las necesidades de la gente”.
El Grupo Beta
En lo que va de este año, 36 personas han muerto tratando de pasar a los Estados Unidos, reportó el Doctor José Luis Hernández Meléndez, Coordinador General del Grupo de Protección a Migrantes Beta, en Tecate.
Las causas principales han sido deshidratación y desnutrición, provocados por el abandono de sus guías en zonas donde difícilmente pueden orientarse para buscar ayuda.
“Las zonas que escogen los ‘polleros’ para pasar generalmente a los emigrantes, son muy complicadas, con topografía agreste e inhóspita, accidentada, rocosa, montañosa, desértica y de difícil acceso. Además de que en Tecate se tienen temperaturas extremas tanto en verano como en invierno. Y la fauna la componen animales muy peligrosos, como víboras de cascabel, coyotes, tarántulas, alacranes… En fin, es mucho riesgo”.
Los indocumentados, según Hernández Meléndez, son en su mayoría gente joven. Algunos niños. Casi siempre procedentes de los estados de Puebla, Michoacán, Tlaxcala, Oaxaca y Chiapas. Aunque seguido observan a centro y sudamericanos.
Informó en este sentido que su agrupación ha realizado este año 756 rescates de emigrantes que estaban perdidos y con mala condición de salud en 640 operativos realizados.
“Tecate es el lugar ideal para la emigración ilegal, ya que contamos con 154 kilómetros de frontera, que no toda puede ser vigilada por lo complicado del terreno”.
Adelantó que en esta temporada decembrina el flujo migratorio bajará, ya que la mayoría de la gente que reside y trabaja en Estados Unidos regresa a pasar la navidad con sus familias y quienes pretenden entrar de manera ilegal, se esperan a que inicie el año.
El inmigrante delincuente
Cuando el inmigrante no logra su cometido, se queda a vivir en Tecate. Lo hace sin empleo y por ello comienza a probar todo tipo de drogas, sobre todo las que son más adictivas, convirtiéndose en un potencial delincuente y violento.
“Hemos notado que cada vez se ponen más violentos los emigrantes que nos visitan. Es triste porque lo que nosotros hacemos es ayudarlos”, aseguró Livio Angeli Soriano, Presidente del Patronato de la Casa del Migrante de Nuestra Señora de Guadalupe, en Tecate.
Afirmó que la mayoría de los indigentes que recoge la Policía Municipal y que casi todos los delincuentes menores de la ciudad, son emigrantes que no lograron su cometido.
“Nosotros lo que hacemos aquí es darles alojamiento por una noche, alimentos, ropa, calzado, baño, trámites de derechos humanos, traslado a centros de salud y ayuda espiritual. Pero a veces llegan tan afectados por la droga que se portan extremadamente agresivos con las madres y con la gente que trabaja aquí”.
Detalló que la mayoría de los indocumentados que se quedan en Tecate son hombres de entre 20 y 30 años de edad. En plenitud física.
“Antes llegaba gente más tranquila, pero hoy están más amargados, con miedo, sin saber qué pasó con sus familias. Muchas veces hemos tenido que llamar a la policía para que los calmen o se los lleven”.
Angeli Soriano mencionó que normalmente recibe su institución a 30 personas, pero en épocas de frío como ésta, la cifra se eleva hasta 60.
“Un gran problema es que los últimos tres ayuntamiento no nos han apoyado en nada económicamente. Solamente recibimos 7 mil 500 pesos mensuales del Gobierno del Estado, pero antes nos daban 15 mil”.
La Casa del Migrante sobrevive entonces con donativos de la iniciativa privada. El presidente de su patronato externó que de tener más dinero, ofrecerían bolsa de trabajo, servicio médico, trabajo social, dentista y más empleados.
El fenómeno migratorio
“La percepción de los emigrantes, si bien siempre ha sido etiquetada como causantes de diferentes males, hoy se fortalece la idea de que están asociados con actos criminales. Por eso, la frontera será en el mediano plazo una frontera cerrada, es decir, con enormes dificultades para los indocumentados cruzar a Estados Unidos”, consideró Víctor Clark Alfaro, Director del Centro Binacional de Derechos Humanos en Tijuana.
Previno también mayor vigilancia en la línea divisoria con la utilización de tecnología, muros, barreras y mayor número de agentes de la patrulla fronteriza.
“En promedio fallecen de una a dos personas indocumentadas diariamente, en su intento por alcanzar el ‘sueño americano’. El número de indocumentados muertos desde fines de 1994, es de más de cuatro mil personas. No sabemos cuántos de éstos son indígenas y cuántos restos de ellos no han sido encontrados, por lo que el cálculo de muertos es muy conservador”.
Clark Alfaro consideró que a partir del Operativo Guardián implementado por el gobierno norteamericano para frenar la emigración, los “polleros” se convirtieron en una herramienta indispensable para atravesar los terrenos agrestes de la frontera norte.
“Por eso fue inmediato el aumento de las tarifas de los ‘polleros’. Por ejemplo, hasta 1994, Tijuana–Los Ángeles, costaba entre 250 a 300 dólares; después de 1994, de mil 200 a mil 500 dólares. Hoy estamos hablando que cobran de 2 mil a 2 mil 500 dólares”.
Los “polleros”, según Alfaro, trabajan con el mismo esquema que las agencias de viajes, incluso con similar eslogan: “Viaje ahora y pague después”. Dijo que generalmente los familiares que se encuentran en Estados Unidos, son los que financian la inmigración indocumentada.
Consideró que actualmente existen dos generaciones de traficantes de personas:
–Los que surgieron en el escenario fronterizo al término del programa Bracero, en 1964. Quienes de acuerdo al entrevistado, tienen fama de preocuparse porque toda su gente llegue sana y salva a su destino. Saben que dependen de una clientela cautiva y que en el momento en que la agredan, roben o violen, pueden cambiar de “pollero”, y la competencia es numerosa.
–La segunda generación, que tiene características distintas. Se trata de jóvenes, usuarios de drogas en muchas ocasiones, sin conocimiento de rutas y caminos para el cruce de indocumentados y que están empezando a copiar el modelo de violencia utilizado por el narcotráfico.
“Sobre todo en el área de Arizona y Sonora, han habido enfrentamientos armados entre bandas de ‘polleros’ por el robo de la clientela. En Tijuana han aparecido en los últimos años varios ‘polleros’ ejecutados por otras bandas: Prácticas violentas que no eran propias de la primera generación”.
En esta nueva camada de traficantes de personas, prosiguió, aparecieron norteamericanos que se han ido involucrando en el negocio ilícito, aprovechando su nacionalidad. Se trata de delincuentes que cruzan a su clientela no por las montañas y desiertos, sino con diferentes métodos, por los puertos fronterizos.
“Por sus niveles de organización identificamos a dos tipos de polleros, los que clasifico como ‘polleros’ locales, que se trata de organizaciones muy pequeñas, integradas por dos o tres ‘polleros’, y las que han alcanzado la categoría de cárteles, es decir, de grandes empresas, con capacidad para trasladar a otras personas a Estados Unidos, como los chinos, por ejemplo. Son organizaciones con gran capacidad corruptora, infraestructura, vehículos y casas de seguridad”.
Para el promotor de derechos humanos, en México los máximos depredadores de “polleros” y emigrantes son policías que se dedican a la extorsión y los asaltantes sin uniforme. Ambos, combatidos ineficazmente por los diversos órdenes de gobierno.
Apuntó que la figura del “pollero” está muy criminalizada por las autoridades de ambos países. Incluso las penas para el delito de tráfico de indocumentados aumentó en nuestro país de seis a doce años de prisión.
“Hasta ahora, las redes de ‘polleros’ han funcionado con relativo éxito. Si bien pocos han sido arrestados y están en prisión en Tijuana, el resto continúa trabajando”, concluyó. |