Teatro pensado y documentado
2007 fue un año en el que volvieron las reflexiones de teatro, mismas que no se realizaban desde finales de los noventa. Dramaturgos, críticos, directores y teatreros en general presentaron sus ponencias en conferencias y mesas de análisis sobre el arte escénico local y nacional.
Enrique Mendoza Hernández
El teatro debe hacerse y, como sugiere el dramaturgo Ignacio Flores de la Lama, también debe pensarse. Habría que agregar: El teatro también debe documentarse.
Siguiendo la última premisa, no es práctica del Centro Cultural Tijuana (CECUT) documentar sus conferencias a través de una publicación. El único registro que se tiene de las charlas de literatura o la plástica, incluido obviamente el teatro, es la cantidad tanto de ponencias como de participantes, mismos que se suman a los registros cuantitativos de logros y metas, así como al más de un millón de visitantes que el organismo reporta anualmente.
Sin embargo, el contenido de la gran cantidad de disertaciones que se llevan a cabo en el CECUT es pasajero, ya que no existen publicaciones al respecto, salvo algunas grabaciones de video, la mayoría incompletas que, de acuerdo con la Directora del organismo, Licenciada Teresa Vicencio Álvarez, “ahí están y más adelante pueden servir” para alguna edición.
La asignatura pendiente de documentar viene a colación debido a la gran cantidad de pláticas que se llevan a cabo en el CECUT anualmente. Haciendo cuentas: Dos encuentros a la semana (mínimo) por 50 semanas al año, sumarían por lo menos 100 conferencias. Algunas ponencias, incluso, llegan al ensayo. Sin embargo, la riqueza no se preserva.
Por ejemplo, en el rubro del teatro resultaron importantes las 12 conferencias dictadas durante el XI Encuentro de Teatro 2007. Más trascendente aún porque desde finales de los noventa no se llevaba a cabo tal actividad. En aquellos años se llamaban “Jornadas de Reflexión” y fueron auspiciadas por Ignacio Flores de la Lama, cuando dirigía el extinto Centro de Artes Escénicas del Noroeste (CAEN). Aunque durante el primer sexenio de la Licenciada Vicencio al frente del CECUT y como responsable del CAEN, una extensión teatrera dependiente del Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), las “Jornadas de Reflexión” desaparecieron. “Lamento que no se sigan haciendo este tipo de encuentros”, expresó De la Lama. En junio de 2007, la funcionaria dijo a ZETA que “sí se volverían a organizar”. Afortunadamente, durante el XI Encuentro del Teatro las reflexiones sobre teatro se llevaron a cabo. Ojalá 2007 no haya sido la excepción y se continúen realizando los próximos años.
Dramaturgos, críticos, directores y teatreros fueron convidados a participar con sus reflexiones. Luz Emilia Aguilar Zinzer, Luis Torner, Rodolfo Obregón y Claudia Villa presentaron sus ponencias con el título “Los Retos del Director Escénico en la Era de la Globalización”. También participaron Sergio Rommel Alonso, Ignacio Flores de la Lama, Jesús Padilla, Fernando López Mateos e Ignacio Escárcega con “La Formación del Profesional en el Teatro”.
Enrique Mijares disertó sobre “El Quehacer Teatral en la Frontera”, y al final del Encuentro, “El Trabajo del Dramaturgo en el Contexto del Teatro” fue el título con el que Bárbara Colio y Juan Carlos Rea dieron a conocer sus reflexiones.
El director escénico en la era de la globalización
“Los Retos del Director Escénico en la Era de la Globalización” es el título de una de las mesas de análisis. Luz Emilia Aguilar Zinzer abre el debate sobre lo que “debe ser” el director de escena.
Antes de ser un organizador, un administrador, un pedagogo, gestor ante el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA), las secretarías o institutos locales de cultura, el director de escena “debe ser, como lo ha sido en sus mejores expresiones, un intelectual, un creador de mundos imaginarios, de ideas que es capaz de hacer tangibles sobre el escenario. El director de escena en sus mejores expresiones es un creador que trabaja en equipo, que abreva de lo que proponen sus colaboradores”.
Porque al fin y al cabo, el quehacer teatral es el “más social de las artes, la más anclada en el presente.
“El director de escena es el primer espectador de sus obras, eso lo obliga a ser un fino, extraordinario espectador. Esta condición, en México, rara vez se cumple hoy. Lo que puedo decir en el constante enfrentarme al teatro en distintas partes de la República, es que las generaciones de directores de escena surgidas a partir de los ochenta me parece cada vez más que no saben ni qué ni cómo”.
Remata de una vez por todas: “El teatro se hace sin convicción, sin pasión, sin rigor y sin urgencia”.
En su participación, el crítico Rodolfo Obregón aporta:
“No existe hoy día la posibilidad de circulación internacional del teatro que no pase por las coproducciones entre varias instancias de diferentes países. ¿Cuál es entonces la función del director de escena frente a este panorama? La misma que ha sido desde su aparición al Siglo XIX: La de un escudriñador de la realidad, una realidad cuyos fenómenos viejos y recientes nos convoca; la de aportar una mirada individualizada sobre estos fenómenos por medio del leguaje polifónico de la escena; la del formulador de nuevas estrategias para relacionar esa visión particular con el segmento de la sociedad con el que desea su intenso diálogo”.
Obregón agrega sobre el quehacer teatral en tiempos de globalización:
“En el terreno de la creación escénica, esto repercutió en la disolución del concepto de ‘teatro de grupo’ y a olvidar que desde los tiempos arcaicos hasta el pasado más reciente, el teatro fue siempre espacio de resistencia”.
Por su parte, Claudia Villa, Subdirectora de la Escuela de Artes de la Universidad Autónoma de Baja California (UABC) Campus Tijuana, subraya el reto al que se enfrenta como directora escénica en los tan afamados tiempos globales:
“El reto al que me enfrento como directora escénica en esta era de la globalización, es a enfrentarme al actor que acorta el camino, que da por hecho, que sustituye la experiencia de vida con la información que obtiene por medio de la red, pero por sobre todo, el mayor de los retos del que me ocupo la mayor parte del tiempo, es no poder, bajo mi dirección, hacerlo vivir la vida de la escena”.
Más parco, Luis Torner no se espanta ante las “calamidades” de la globalización. Y cierra la mesa:
“A semejanza del mito circular de los soles aztecas, la humanidad ha pasado ya por otros cismas culturales que alteraron las costumbres. Y al menos en los últimos 2,500 años de civilización occidental registrada, el teatro ha estado allí. Y siempre sobrevivió”.
La profesionalización en el teatro
“La Formación del Profesional en el Teatro” es el tema que provoca las reflexiones teatreras a propósito de la incipiente Licenciatura en Teatro de la UABC. De entrada, Ignacio Escárcega abre el debate: “Es preciso revisar la relación entre la formación y la práctica profesional del teatro a partir de una pregunta clave: ¿Para qué se forman profesionales del teatro? Esa revisión tiene básicamente dos ámbitos, el conceptual y el técnico. ¿Qué entendemos como práctica profesional del teatro? ¿Cuáles son las herramientas adecuadas a trabajar con los estudiantes?”.
Sergio Rommel Alonso Guzmán, Director de la Escuela de Artes de la UABC, en su intervención ensaya:
“Tres líneas estratégicas que deben orientar el esfuerzo institucional en los próximos años. Primero, el fortalecimiento de los procesos de autoevaluación y evaluación externa tanto de los programas académicos como de las instituciones que los ofertan. Es decir, abandonar la práctica del autoelogio a favor de una de contrastación de las fortalezas y debilidades a la luz de indicadores y evaluadores desde afuera.
En segundo lugar, destaco la necesidad de propiciar la vocación transdiciplinar (sic) de los programas académicos en artes que permita el surgimiento de ‘nuevas arquitecturas de lenguaje’ (Jesús Martín Barbero); y, finalmente, un decidido impulso a la investigación formal sobre el fenómeno artístico que nos permita dejar atrás definitivamente esa falsa dicotomía entre teoría y práctica”.
El reconocido dramaturgo Ignacio Flores de la Lama recuerda un foco crucial: “Existen con frecuencia planteamientos equivocados respecto a lo que una escuela puede aportar al actor en formación. El primero y el más común es pensar que las escuelas forman actores; esto es inexacto, las escuelas son guías en el proceso formativo”.
Y subraya: “El actor se hace a sí mismo, tomando como base para su entrenamiento a la escuela, que de manera conjunta con muchos otros elementos podrían -o no- hacer de él un buen actor… Nunca, ninguna escuela aportará la vocación o el talento necesarios para el profesional de la actuación”.
Así concluye De la Lama sus reflexiones:
“Las buenas escuelas de actuación forman buenos estudiantes de actuación, pero las mejores forman actores”.
Y para terminar con esta mesa de la profesionalización en el terreno teatral, Fernando López Mateos aprovecha la oportunidad para dar a conocer su nuevo proyecto: LOFT, proyecto que surge después de la Licenciatura en Teatro de la UABC:
“La visión que da origen a LOFT es muy parecida a la que fundó al CAEN, sólo que la misión varía: Se reduce a cubrir un sector de formación profesional independiente, el cual da cabida a otros individuos que optan por los cursos aislados a pesar de que el concepto de carrera ya está sobre la mesa. Sucede que ahora que existe la carrera, hay muchos que no pueden recurrir a la misma con el mismo compromiso de tiempo completo debido a sus prioridades, tiempos y situaciones particulares que no se lo permiten. Pero eso no será impedimento por el que dejarán de acercarse o incursionar en el teatro. LOFT cubre ya ese renglón y buscará llenar otros huecos que la formación teatral siempre estará demandando”.
El quehacer teatral en la frontera
El reconocido crítico de teatro Enrique Mijares aporta sobre “El Quehacer Teatral en la Frontera”. Para empezar, indica que temas como maquila, drogadicción, identidad, migración, indocumentados, enfrentamiento cultural, discriminación, racismo, antros, asimetría económica, contrabando, narcotráfico, trata de personas, prostitución, no son exclusivos de Tijuana o de la zona fronteriza México-Estados Unidos, o de la frontera sur de México y el resto de Latinoamérica, o del Mediterráneo que funge de frontera entre África y Europa.
“Al hablar del teatro del Norte, Jacqueline Bixler se refiere a esta distinción entre contexto como tema y como estructura, de la siguiente manera: Una diferencia notable es que ese teatro centralizado del D.F. tiende a ser más egoísta, más narcisista, más preocupado por el individuo y sus problemas, y por la pareja y sus problemas amorosos, mientras los dramaturgos norteños usan el mismo monólogo para dialogar y así expresar de manera colectiva los problemas que a todos les afectan, desde Chiapas hasta Chihuahua. Si al Norte de México aún le faltan unidad y fuerza política, está claro que el Teatro del Norte sí se ha unido en términos de su identidad y su colaboración teatral, y que sus dramaturgos sí están conscientes de su lugar dentro de esa identidad a la vez geográfica, cultural, económica, política y dramática”, ensaya para rápidamente concluir:
“... Es la intención reflexiva y la interacción con el espectador lo que constituye el carácter del teatro fronterizo mexicano”.
El trabajo del dramaturgo en el contexto del teatro
Juan Carlos Rea y Bárbara Colio participan con la mesa “El Trabajo del Dramaturgo en el Contexto del Teatro”. Para empezar, el título llama la atención a Juan Carlos Rea:
“No sé si se trata de una obviedad o una limitante destinada a evitar observaciones o comentarios sobre, por ejemplo, política cultura, marginación, elitismo”, ironiza.
Sus reflexiones definen al dramaturgo: “El dramaturgo es un ser social cuya responsabilidad no se limita a escribir textos para escenificar. El dramaturgo es un político que no se puede dedicar exclusivamente a entretener al público… es un observador consciente de lo que sucede en su entorno, que analiza los sucesos políticos y sociales de toda índole no sólo para tener elementos que lo auxilien en la composición de sus dramas, sino también para poseer información que le permita actual en consecuencia en la vida cotidiana”.
Bárbara Colio aprovecha el foro para atraer nuevamente el tema del “teatro del norte”, y sin rodeos afirma respecto a éste: “Actualmente no nos podríamos referir a él, salvo con el uso de alguna licencia poética. Ya que tal agrupamiento generalizado, es por demás un espejismo. Existe una individualización del dramaturgo en México, que se antoja a primera vista, saludable”.
Su ponencia abarca sobre las escuelas de teatro, donde dice, “minimizan la enseñanza sistematizada de la dramaturgia. Si es cierto, como dicen, nadie te va enseñar a escribir, entonces ¿por qué en España, Inglaterra, Alemania y en otros países donde el teatro es considerado verdaderamente un patrimonio de identificación cultural, sí hay escuelas de dramaturgia? Independientemente de que se pueda enseñar a crear o no, lo que bien es cierto es que el estudio riguroso, la investigación y el análisis profundo de un arte, inevitablemente propicia un acercamiento ante la comunidad que lo sustenta.
“Se crean lazos de familiaridad y correspondencia, de apreciación y conocimiento, más allá de por la mera formación académica, por la constante búsqueda y enfrentamiento con lo que produce nuestra sociedad, cultural y humanamente hablando”.
Por último, los fragmentos anteriores son sólo una pequeña parte de la riqueza que se puede encontrar en las conferencias y mesas de análisis. Quedará de tarea al CECUT buscar la forma de documentarlas. Un intento gris ya ha demostrado que es factible: Las incipientes documentaciones de la Bienal de Estandartes, pero en cuanto a la documentación de los discursos, debe ser uno de los renglones a atender en el segundo sexenio de la Licenciada Teresa Vicencio Álvarez al frente del CECUT.
Y a propósito de las exitosas e importantes conferencias de teatro que regresaron al Encuentro de Teatro después de casi una década, Jesús Padilla no tiene empacho en exigir:
“Quienes están al frente de las instituciones en un esfuerzo conjunto, deben convocar a un foro teatral anual o bianual en donde no sólo se piense en la profesionalización, sino en la dignificación del quehacer teatral y no esperar a momentos como el presente (durante el Encuentro de Teatro) para poder exponer las ideas y pensamientos de quienes de una u otra manera están dedicados a la realización teatral como profesión.
Pero esta convocatoria debe ser amplia, incluyente, integrar a todos los directores, los dramaturgos y los actores que día a día siguen trabajando desde sus particulares espacios y trincheras. Para que estos foros nos permitan tener un panorama real de la situación por la que atraviesa el teatro en Baja California, se debe escuchar la voz de todos los sectores”. |