Agentes de Rosarito dicen que el día del atentado a Montero estaban en antidoping.
Policías se defienden
Seis de los señalados como sospechosos, explicaron sus actividades de ese día, incluida la forma en que se enteraron del atentado del Capitán de la Municipal en el quinto municipio, y cómo fueron requeridos para apoyar, sobre todo, acordonando el área. Ya declararon ante la PGR
Rosario Mosso Castro
El afán de coordinación entre la Procuraduría General de la República (PGR), la Agencia Federal de Investigación (AFI) y la Procuraduría General de Justicia del Estado (PJGE), en la investigación sobre el atentado del Capitán Eduardo Montero Álvarez ocurrido el 18 de diciembre en Rosarito, no está dando resultados óptimos.
Los personajes implicados han sido llamados a declarar dos o tres veces en distintas dependencias. Los cabos siguen sueltos.
23 días después que los primeros testigos, escoltas de Montero, señalaron a 13 policías de Rosarito como presuntos protectores del crimen organizado y copartícipes del atentado, los agentes señalados no habían sido llamados a declarar. Pero sus nombres se hicieron públicos cuando el General de la II Región Militar, Sergio Aponte Polito, los dio a conocer y los acusó directamente.
Fue hasta el 14 de enero cuando los llamaron a declarar. Y no fue la Procuraduría del Estado, sino la PGR quien notificó a la comandancia de Rosarito que enviara un oficio a los 13 agentes para que se presentaran el lunes 14 de enero al área de atención al narcomenudeo.
Seis agentes se presentaron a la PGR: José Inés Lucas, Mario de Jesús Lisan Nájera, Marco Antonio Arias Hernández y Eduardo Bustos Ramírez; sin ser requeridos porque estaban de vacaciones, también se presentaron Manuel Miguel Ayala, César Beltrán Saldívar, porque sus compañeros les avisaron del citatorio y “para que esto termine rápido”.
En las oficinas de ZETA, los agentes dijeron confiar en que la investigación judicial se desarrolle correctamente y no piensan tomar medidas legales. Pero sí se protegerán en la vía laboral si el ayuntamiento trata de quitarles el trabajo por pérdida de confianza sin una investigación.
“No hice nada ilegal o irregular”, dijo Arias, mientras sus compañeros explicaron que en la PGR no les preguntaron si habían participado en el atentado contra Montero. Menos si protegían a criminales, y no los cuestionaron sobre sus actividades y ubicación en días en los que han ocurrido sucesos criminales en Rosarito.
Comentaron los agentes que las preguntas versaron sobres sus actividades durante el 18 de diciembre de 2007; de qué manera se relacionan, y quÉ saben de las actividades de los otros coacusados. Qué información conocen de los principales lugartenientes del Cártel de los hermanos Arellano Félix (CAF). “Nos mencionaron nombres que se manejan en la prensa y otros que nunca habíamos escuchado ni leído”.
Los municipales reiteraron que han pasado exámenes de confianza, sin embargo reconocieron que la autoridad local no les ha aplicado el estudio sociológico para verificar su forma de vida y gastos. “Apenas empezamos a enterarnos por algunos compañeros que sus casas están siendo fotografiadas, creemos que por la gente del Instituto del IEP (Instituto Estatal de Policía de Baja California)”.
El día de los hechos
Los agentes explicaron que las primeras horas del día del atentado a Montero, todos los miembros de la corporación fueron citados en el auditorio municipal para el antidoping. De lo que hicieron después cada uno explicó:
José Inés Lucas Rodríguez.- “Del antidoping yo llevé al subcomandante (César Beltrán) al Issstecali Mirador, se indicó por radio y de ahí regresamos y fuimos a desayunar. De ahí me dijeron que me quedara con Ayala, estaba a la altura de la Fish en el carwash, porque iba a pasar (Ayala) por mí. Fue cuando empecé a oír todo el show por el radio, miré que pasaban patrullas nada más y no se paraban por mí. Me atravesé en medio del bulevar y una de las patrullas me levantó y me trasladé al lugar. Luego ahí, nos pusieron a abanderar el lugar, y ahí estuvimos. Estaba lleno de autoridades”.
Mario de Jesús Lisan Nájera.- “Yo salí a las once y media del auditorio. Me fui a la casa, desayuné, me acosté porque yo entraba a trabajar a las 20 horas. Recibí la llamada de un primo que estaba acomodando el salón donde iba a hacer la comercial su posada. Mi esposa contestó, misma que estaba acompañada de una persona que la ayuda a hacer los quehaceres domésticos, porque tiene una pierna fracturada. Me pasó el teléfono y me indicaron que prendiera el radio porque acababa de pasar algo en la dirección y que mi compañero Castro Corona había sido herido; fue cuando yo prendí el radio y estuve escuchando todo. Para posteriormente…yo entré a las 8 de la noche”.
Cesar Beltrán Saldívar.- “Igual fuimos al examen toxicológico, de ahí a Issstecali (con Lucas Rodríguez, es escolta de Beltrán). Regresé como a las once y media, me dejó en la casa con mis suegros, le dije que fuera a dejar mi unidad a la delegación y lo esperaba a desayunar en el Restaurante Hacienda Badú, frente del domicilio de mis suegros. Llego, estaban otros dos compañeros, un jefe de distrito y su escolta; ya iban de salida.
“Desayunamos (Beltrán y Lucas) y terminamos a las doce y veinte, doce y media; crucé la calle y él se retiró. Yo lo comisioné con el subjefe Ayala. A los cinco, diez minutos que entré a la casa de mis suegros, escuché el sonido de las sirenas; salí a asomarme y vi el paso de las unidades. Le hablé al subjefe Ayala, ¿qué estaba pasando? Ya me informa que estaban atentando contra la dirección.
“Voy al carro y saco el radio, escucho y me quedo en la casa. Iba a trabajar, pero andaba enfermó, fui al Issstecali por medicinas, le había avisado al comandante como a las 12:30 que no iba a trabajar, que le entregara el servicio al subcomandante Herrera”.
Beltrán solicitó aclarar un hecho posterior sobre el cual la PGR no lo cuestionó: “Pasados como tres días del atentado, ese día llegué porque andaba fuera de la ciudad, me habló vía Nextel el subjefe, que me comunicara a C4. Me dijeron que una persona en Rosarito dijo que yo la había detenido en mi unidad y que la había amenazado de muerte, y le respondí: ¿Cómo que lo acaban de amenazar de muerte? ¡Si yo estoy fuera de la ciudad y no estoy trabajando!”.
Manuel Miguel Ayala.- “Cuando salimos del antidoping como a las diez, recogí a una supervisora; fuimos de los primeros que nos hicieron el examen y de ahí nos fuimos a desayunar como a las once frente a Coppel. De ahí fui a McDonald al estacionamiento y la dejé.
“Se subió a la patrulla con su escolta y se fueron a su jurisdicción. Como a las 12:30 me fui a Iusasel por un teléfono que había mandado activar, y escuché por vía frecuencia el apoyo que estaban pidiendo por radio.
Salí corriendo, me fui al apoyo y llegamos; fuimos incluso los primeros en llegar de zona centro hasta la colonia Benito Juárez. Empezamos a resguardar, incluso mi esposa trabaja ahí, es la secretaria del comandante (Hilda) y la encontré en un estado nervioso, y ahí nos quedamos a acordonar el área. Me encontré a Lucas, lo habían comisionado conmigo. Acordonamos el área, y acabamos como a las tres, cuatro de la tarde.
Marco Antonio Arias Hernández.- El jefe de la delegación Primo Tapia ya había relatado el pasado viernes a ZETA sus acciones el día del atentado. Después del antidoping salió a las 10:40 y se fue a Primo Tapia. A las 12:40 recibió llamada del comandante Ernesto Silva que iba a checarle el servicio; él le habló para informarle del atentado y en un lapso de 15 a 20 minutos se trasladaron a las oficinas de la Dirección. Acordonó el área de la 1:30 hasta las cuatro y media de la tarde.
Eduardo Bustos Ramírez.- “Soy escolta de él (Marco Antonio Arias Hernández), estuve con él en todo momento. Igual, vi cuando recibió la llamada del comandante que iba para allá, cuando volvió a marcar, y dijo lo que estaba pasando”.
Finalmente los agentes presentes en ZETA aseguraron que no existe ningún tipo de hermandad y que la mayoría ni siquiera conviven entre ellos, y eso es comprobable, aseguraron. Por lo que reiteraron su petición de una investigación seria. |