Sicarios ya no entrenaban en la Independencia; balas, armas y muebles estaban empolvados.
La casa abandonada
La Secretaría de Seguridad Pública Federal hasta reporteros trajo de la Ciudad de México para ver la llamada “escuela de sicarios”; sin embargo, las condiciones de abandono fueron evidentes. La residencia era una propiedad que ni al crimen organizado le interesaba… no asistía nadie desde hacía meses. Hoy, debido a la falta de precaución de las autoridades, el sótano-tiro al blanco se ha convertido en piscina luego de que rompieron tubería y no la repararon.
Rosario Mosso Castro
Ni cerca estuvieron de detener a alguien.
Varias capas de polvo sobre paredes y muebles, una hilera de rosales descuidados, revistas y recortes de periódicos viejos, y el penetrante olor a deshechos de perro fueron la prueba que hacía muchas semanas…meses, que los miembros del crimen organizado habían suspendido el uso de la casa de seguridad y el mini-campo de tiro, ubicados en el número 716 de la calle Reforma en la colonia Independencia de Tijuana.
Las autoridades no tenían oportunidad de realizar alguna aprehensión. El gran descubrimiento, se convirtió en una residencia abandonada sin mayor impacto en la lucha contra el crimen organizado.
Ropa de mujer y de bebé, de niño y de niña en una de las habitaciones superiores, alguna en el piso, otra sobre la cama y otra más en una cómoda, no había sido usada en semanas, pero evidentemente fue dejada en una salida apresurada.
En el cuarto de lavar en el patio, quedaron juguetes de peluche, una caja de pañales vacía, una andadera equipada con juguetes para niña, una carriola y dos sillas de bebé para auto.
Es evidente que los habitantes estaban preparados para abandonar la casa cuando fuera necesario. A pesar que los pocos objetos encontrados muestran que habitaban por lo menos una mujer con dos niños y posiblemente un hombre, se localizó sólo una cama montada, y otra sin armar. Nada de cunas.
Los vecinos aseguraron que la casa estaba vacía; hacía mucho que no veían movimiento. A lo más una pareja de jóvenes que periódicamente alimentaba a los tres perros que cuidaban el lugar.
También el sótano lleno de polvo. Sobre los estantes cajas de balas nuevas, encima el tripié empleado para calibrar las armas y la grúa para mover las cuatro cajas metálicas llena de pedazos de llanta usadas como tiros al blanco.
Las partículas se veían en los bultos de poliuretano, las cajas organizadoras de plástico que contenían miles de casquillos percutidos en ese subterráneo. Mucho polvo a pesar que las fuerzas federales encendieron el aire acondicionado 30 horas atrás. Recortes en el suelo eran de periódicos de 2003 y se referían a la participación de policías en actividades del narcotráfico.
No hubo trabajo de inteligencia de la Policía Federal. Tampoco iban tras algún miembro del cártel de los hermanos Arellano Félix (CAF). De existir investigación previa, habrían esperado a quienes usaban o cuidaban la casa, investigado en los alrededores, estudiado modus operandi y el operativo habría concluido con detenciones concretas. Por lo menos los cuidadores o el responsable de hacer las armas de los sicarios más mortíferas, además de lijar los cañones de las AK-45 y R-15 para cambiarles el rallado y despistar a los de periciales.
Realmente los federales respondieron a una denuncia. Lo bueno: En el inmueble había más de 35 mil balas de diversos calibres sin percutir, 24 armas de alto poder y cinco camionetas, dos blindadas. Todo quedará fuera de circulación para el crimen.
En el recorrido que la Secretaría de Seguridad Pública organizó, un agente explicó el descubrimiento diciendo que durante la revisión de la casa, la estructura sospechosa de un lavamanos les llamó la atención y así localizaron la entrada al sótano.
La casa
De norte a sur, es la segunda casa en la calle reforma, entre Josefa Ortiz de Domínguez y cañón Guerreo. Una barda de material pintada de verde tiene un frente de aproximadamente 15 metros. Como está en una cuesta, la barda mide tres metros en la parte más baja del terreno y metro y medio en la parte más alta, le agregaron otro metro y medio de malla cubierta con una material que impide tener, desde el frente de la casa, una vista del interior. Pero si querían vigilarla, desde la esquina más alta, localizada a menos 10 metros de distancia la visibilidad hacia casa y patio es total.
El acceso es a través de un portón de madera con mecanismo eléctrico, al costado izquierdo una jardinera con más de 10 rosales secos, dos canastas de basquetbol, y un alambre con ganchos tirado, enredado y empolvado. De frente un patio de unos 150 metros cuadrados, seguido por otros 45 metros cuadrados de patio techado usado como cochera; ahí se encontraron los autos.
Al fondo del lado izquierdo, la casa. Dos plantas y unos 30 metros cuadrados de construcción en cada piso; equipada para habitarla, aire acondicionado y antena sky.
En la primera planta una sala-comedor con estufa, refrigerador, comedor y sillones, de ahí escaleras a dos cuartos, en uno bicicletas estacionarias, aparato para hacer cintura y ejercitar los brazos. En el otro un baño y la recámara.
En el cuarto del fondo, al abrir la puerta una hielera cerrada, encima una caja de plástico con cañones, resortes y percutores de armas largas. Un paso adelante la mesa y los tres tornos; en el costado izquierdo de la maquinaria un inhalador para asmáticos, que según los investigadores no es interesante. Del lado derecho del “taller”, un sofá de poca calidad y mediano uso. Al fondo el baño, con un inodoro y un lavamanos que “tenía juego”. Se movía, el mueble era rústico, hecho a mano y tenía un doble fondo; ahí estaba la entrada de 80 por 80 centímetros para bajar al sótano con una hechiza escalera de madera. Al descender invadía el olor del drenaje.
Focos en el pequeño pasillo de acceso, a un lado de las escaleras bultos de poliuretano, cajas con casquillos; de frente, estantes llenos de balas con leyendas a mano indicando calibre. Alrededor: más cajas con casquillos y bultos con plástico de llantas.
El sótano se construyó como pila bajo el patio, ni siquiera realizaron trabajos de protección: cavaron el cuadro con más de dos metros de alto y más de 50 metros cuadrados de espacio. La estructura eran barrotes delgados, madera comprimida y forraje de esponja aislante y hule espuma. La barda de tierra y los barrotes de la pared del fondo fueron recubiertos con llantas para retener las balas que no dieran en las cajas del blanco.
Especialistas en la construcción indican que la zona de tiro y armería tendría un valor de menos de 135 mil dólares, considerando la falta de acabados, el material aislante, los cinco purificadores y el equipo para el aire. De hecho la pudo realizar un “maestro albañil” con experiencia.
Aunque resulta increíble pensar que los vecinos no escucharan las detonaciones, dado que el techo tenía poco aislante, el comandante de la Policía Federal, General Antonio Guzmán Cueto, aseguró que los impactos eran inaudibles, y un especialista confirmó que el hule espuma absorbe y dispersa el ruido que el cartón o madera comprimida termina por amortiguar. En cuanto al olor de la pólvora que podría haber salido por el sistema de ventilación, era limpiado por los purificadores. Además suponen que no tenían a decenas de personas tirando todo el día “porque conocían la capacidad de los depuradores de aire sobre todo”.
Operativo: Resultados a medias
El domingo 20 de enero, a través de un comunicado de prensa la Secretaría de Seguridad Pública Federal informó la localización de una casa que aparentemente era utilizada por el CAF para “entrenar sicarios y reparar las armas” que utilizaban en los diferentes actos delictivos.
Los vecinos atestiguaron la llegada de policías federales la medianoche del sábado 19 de enero. Ése fue el primer movimiento que los residentes de la zona observaron durante meses en la casa.
La presencia de federales que declararon el operativo como un trabajo de inteligencia, se dio en una casa vacía. No hubo ninguna detención importante, y era evidente el abandono de la residencia. La lógica indica que a los sicarios ya no les interesaba el lugar como para utilizarlo.
Sin embargo, el gobierno federal anunció el descubrimiento como el gran combate al crimen organizado. De hecho destinaron recursos para transportar a más de 20 reporteros de la Ciudad de México, sólo para que vinieran a tomar imágenes. De un operativo para asegurar la zona, no hubo nada. De hecho, vecinos informaron que en la misma cuadra bajando hacia el sur, en la esquina frente a una casa de dos pisos, dos jóvenes venden droga en plena calle.
“Con ellos no se acercaron y desde que llegaron los federales los muchachos ya no se ponen en la esquina a vender droga, pero sabemos que en cuanto se vayan van a regresar, por eso preferimos hacer como que no los vemos. En lugar de investigar para quién trabajan, los agarran con unos globitos y los sueltan.
“Es más, en la calle de enfrente, a un lado de la escuela hay una casa muy llamativa que también pudieran investigar si de verdad quieren hacer algo”, comentó otro vecino.
La última denuncia ciudadana se refirió a dos construcciones localizadas en la misma calle Reforma pero hacia el norte, media cuadra después del inmueble asegurado. No tiene número, pero está ubicada en medio de las casas numerada 1993 y1965 y frente a la 1964.
Datos publicados en ZETA señalan que en esas residencias vivían dos familias que fueron privadas de su libertad por un numeroso comando negro el 21 de septiembre de 2007. Las mujeres de la familia trataron de localizarlos, sin éxito.
Finalmente, reporteros locales y nacionales solicitaron informes respecto a las razones que hacían a las autoridades federales declarar que se trataba de un inmueble de los Arellano, pero no hubo respuesta.
Pasaron los días, y la propiedad antes empolvada, se llenó de agua y no precisamente por las lluvias. Policías rompieron tubería que no fue reparada. El sótano pasará de ser un tiro al blanco, a una cisterna.
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