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Un detenido liberado por inocente y tres arraigados, ningún parecido con “El Muletas”

El caos de la balacera

Una semana después de la balacera entre miembros del crimen organizado y policías, fotógrafos fueron invitados a entrar a la casa en el fraccionamiento Cortez. El caos: Sangre, orificios en todas las paredes, impactos de bala y una veladora en la habitación donde encontraron los seis cuerpos con el tiro de gracia. Sólo tres han sido identificados.

Adela Navarro Bello
Sergio Haro Cordero

El jueves 17 de enero, luego de la balacera que duró más de dos horas en el fraccionamiento Cortez, autoridades federales dieron a conocer extraoficialmente que había cuatro detenidos. Además, que uno de los responsables estaba muerto.

La misma tarde se conoció por la misma vía extraoficial: “Uno de los detenidos tiene un serio parecido con ‘El Muletas’, se referían a Raydel Rosalío López Uriarte o Alfonso Velarde Solís, integrante de una célula del Cártel Arellano Félix.

Llamadas de la redacción a las instituciones federales, arrojaron que el resultado tardaría en confirmarse porque se le estaban practicando pruebas dactilares y de ADN, pero que si se trataba de una comparación física, el parecido era considerable.

Ya por lo noche, pasadas las nueve en el reloj, informaron: No era el detenido, el presunto lugarteniente del CAF. Se hicieron todos los análisis y resultaron negativos.

Sin embargo, nadie, ni autoridades locales o municipales, tuvieron a los detenidos identificados. Se sabe ahora que fueron aprehendidos luego que un integrante del Ejército Mexicano lanzó gas lacrimógeno, pero fueron retenidos por la Policía Federal Preventiva y llevados a la ciudad de México sin que fueran presentados.

A los cuatro se les conoció sólo a través de las fotografías que el Gobierno Federal hizo llegar a los medios de comunicación. Nada más.

Resalta que de entre los cuatro detenidos, no aparezca ninguno que tenga un remoto parecido con Velarde Solís, cuya fotografía fue dada a conocer recientemente por las propias autoridades federales asentadas en Baja California.

Los tres aprehendidos, Ramón Gómez Osuna, Juan José Díaz Morales y Carlos Alberto Espinosa Vega no tienen, ahora sí que ni una pizca de la persona con la cual “los confundieron” la tarde del jueves 17 de enero.
La sospecha luego de la confirmación de la identidad del detenido incluso por autoridades en la Ciudad de México, es que los detenidos hayan tenido otro destino. O que se haya llegado a alguna negociación por parte de las autoridades inmiscuidas. Luego de la versión extraoficial, no se conoció otra. Y hasta el momento, ninguno de los aprehendidos ha sido presentado públicamente como se hace en otras detenciones.

El cuarto detenido resultó no serlo. Antonio Martínez Zarzoza Guerrero, resultó ser lo que su familia exhibió desde un inicio de su detención: Una persona de vida honorable que reside a tres casas de donde se suscitó la balacera y que se dedica administrar una comercializadora de café, pero que tuvo el tino de permitir a las autoridades entrar a su casa en un intento por contener la balacera.

La familia mostró videos donde se aprecia la colaboración de Martínez Zarzoza que al final del día resultó detenido en violación a sus derechos humanos. Un día antes que cumpliera la semana detenido, el hombre fue liberado.

Ocho cuerpos: Todos baleados en la cabeza
“No es común”, aseguró el titular del Servicio Médico Forense en relación a la llegada de ocho cuerpos de personas asesinadas en un mismo evento. Se refiere a lo sucedido el jueves 17 de enero.

Los ocho fallecidos tenían un balazo en la cabeza, sólo variaba el lugar: La nuca, la frente, el ojo y bajo la mandíbula, con heridas producidas aparentemente con un arma del mismo calibre. En algunos casos los cuerpos tenían huellas de haber estado maniatados y, de acuerdo a lo arrojado por la necropsia, todos fueron asesinados en el transcurso de la mañana de ese jueves.

Uno de los cuerpos que llegó hasta las instalaciones del servicio forense fue el del agente federal Miguel Cedillo Gachuz, de 24 años, de complexión robusta, de 1.82 de estatura. Tenía un balazo en la frente.

Otro era un hombre de cerca de 63 años, de 1.68 de estatura, de pelo entrecano y nariz aguileña. Tenía dos balazos en la cabeza, uno en el lado derecho de la frente y otro en la nariz. Presumen que este hombre era parte de la banda atrincherada.

Pero aparte había otros seis cadáveres, todos de edades que fluctuaban entre los 23 y los 30 años y con el tiro de gracia.

El primero fue un hombre gordo, de  1.77 de estatura y de entre 25 y 30 años. Presentaba huellas de sujeción en los tobillos y estaba envuelto en una cobija roja. Tenía un balazo que le pegaron en el lado derecho de la frente que le salió por la nuca.

Otro más, un tipo de cerca de 32 años, de 1.72 de estatura, moreno claro, frente amplia, ojos cafés y huellas de sujeción en las muñecas y en los tobillos. Le dispararon en el ojo derecho y murió de hemorragia cerebral generalizada.

Uno más de 35 años, alto, de 1.97 de estatura, moreno, con bigote y barba descuidada. Tenía dos heridas de bala, una en el lado izquierdo de la frente en la parte alta que le salió cerca de la clavícula y –probablemente– esa misma bala le hirió en el muslo también izquierdo. Evidentemente su asesino estaba de pie mientras él yacía sentado en el suelo.

En la macabra lista aparece un hombre de entre 26 y 30 años, de 1.75 de estatura, delgado, moreno claro, frente amplia y con la barba descuidada. Él tenía un balazo en la nuca que le salió por la parte izquierda de la frente.

Otro de los ejecutados esa mañana tenía entre 25 y 30 años, blanco, de 1.80 de estatura y con frenos en los dientes. También tenía huellas de sujeción en las manos y un balazo en la nuca.

El último de esta lista era un hombre robusto, de 1.80 de estatura, moreno y de pelo corto. Éste se distinguía porque tenía varios tatuajes, uno de un diablo en la región externa de la pierna izquierda y aparte varias calaveras y un diablo en la pierna derecha. Tenía un balazo que entró por la parte de abajo del mentón y le salió por la cara. Traía la barba y el bigote recortados, lo cual sería un indicativo de que no estaba en cautiverio, y por la trayectoria del balazo, podría haberse disparado él mismo y ser parte de los atrincherados.

Los primeros asesinados referidos, presentaban una característica: la barba descuidada, lo que hace suponer que tenían varios días en cautiverio, pero de acuerdo a los resultados del estudio forense, fueron ejecutados esa misma mañana del jueves 17 de enero.

“La impresión es que los asesinaron en el momento en que fueron descubiertos, no presentan signos de putrefacción”, explicó el titular de SEMEFO en la entidad, Francisco Acuña Campa.

Ni sicarios, ni policías, ni narcomenudistas
Aunque sus familiares tardaron en identificarlos, cuatro de las seis personas ejecutadas en una habitación de la casa en el fraccionamiento Cortez de Tijuana, escenario de una balacera entre delincuencia organizada y policías de distintas corporaciones y órdenes de gobierno, fueron finalmente ubicados.

Sus nombres:
* Miguel Ángel Espínola Gerber
* Alfredo Márquez Higuera
* Everardo Barajas Chávez
* Jorge Alberto Corral Barajas

De Espínola Gerber, explicaron sus familiares que era de origen michoacano, que llegó a esta ciudad con intención de cruzar la frontera hacia los Estados Unidos. Extraoficialmente suponen algunos investigadores, que el joven de 22 años fue “levantado” en una casa de Otay donde se encontraba junto a otras personas y el pollero que les había cobrado por cruzarlos “al otro lado”.

Márquez Higuera, un hombre de 53 años con residencia en Tijuana, no acusa antecedentes más allá de una riña en 1971.

Los dos jóvenes que coinciden en el apellido Barajas, se presume que son primos aun cuando no se ha confirmado el parentesco consanguíneo. De Everardo Barajas Chávez, se tiene información de que vivía en la zona de El Florido, y se sabe que estaba desempleado.

En relación a Corral Barajas, se le ubica como ayudante de albañil con residencia en San Felipe, y habría sido reportado como desaparecido unos 30 días antes de la balacera en la Ermita.

Un quinto cuerpo encontrado en la casa de la Ermita, fue identificado como “presunto agresor”. A Juan José Valdés Vascolez, lo ubican en el lado de los delincuentes. Incluso refieren que la hermana encargada de identificar su cuerpo, informó cómo el hombre se comunicó, desde la balacera, con su familia para despedirse de ellos, dispuesto a morir en el enfrentamiento.


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