Historia del periodismo cultural en México
Humberto Musacchio asegura que su obra reúne a las publicaciones “más importantes, los periodistas más destacados” del ámbito cultural de México, desde el Siglo XVIII hasta el año 2006. Además, responde a duras críticas.
Enrique Mendoza Hernández
Editada por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CONACULTA) en 2007, la obra más reciente de Humberto Musacchio, “Historia del Periodismo Cultural en México”, se presentó en Tijuana.
Previamente, el autor hizo referencia sobre la expresión “periodismo cultural”, título acuñado y legitimado por la costumbre, mismo que, aduce, es usado para hacer referencia al que proporciona información, análisis, reflexión y crítica sobre las manifestaciones intelectuales y artísticas.
“El propósito de este libro es hacer la crónica de las manifestaciones más importantes de ese periodismo (cultural), mostrar el camino que ha recorrido para andarlo de nuevo y reconocernos en él. En suma, lo que aquí se intenta es esbozar el árbol genealógico de quienes nos dedicamos a esa especialidad para acercarnos a él en busca de identidad, con la actitud reverencial que merecen los adelantados y el respeto que debemos a los viejos de la tribu”, cita en la presentación el autor de títulos como “Ciudad Quebrada” (1985), “Hojas del Tiempo” (1993) y “Urbe Fugitiva” (2002).
El periodista asegura que reunió a las publicaciones “más importantes, los periodistas más destacados”; bueno, al menos desde un punto de vista centralista:
“La historia de México lamentablemente se reduce a la Ciudad de México, pero hasta donde fue posible recogí algunos títulos y publicaciones de periodistas de otros estados que han tenido eco más allá de su localidad.
“No recoge en gran medida la producción de los estados, porque traté de incluir lo más trascendente, lo más importante del periodismo cultural a lo largo de 200 y tantos años. Lamentablemente los esfuerzos de los estados para hacer periodismo cultural son siempre aislados, heroicos, pocas veces trascienden, pocas veces llegan a la Ciudad de México”, refiere sobre el libro.
“Le tocará a otros hacer una historia más precisa”
Musacchio responde a las severas críticas vertidas por Raquel Tibol, Emmanuel Carballo y, específicamente, a las de Rogelio Villarreal, publicadas en distintos medios nacionales con el título de “El Estilo del Periodista”. Sus críticos dejan caer sin piedad todo el peso de las acusaciones:
“En la ‘Historia del Periodismo Cultural en México’ (Conaculta, 2007) Humberto Musacchio alude a las razones y circunstancias en que naufragaron publicaciones como La Piedra Rodante, editada por Manuel Aceves, que cerró porque ‘desde la prensa más conservadora se lanzaban grandes cantidades de agua bendita hasta que la ahogaron ante el beneplácito del gobierno’, pero no menciona el autor el papel decisivo que tuvo Carlos Monsiváis en ese episodio, asustado por el concierto de Avándaro, de la mano del periodista y diputado priísta Roberto Blanco Moheno, como también omite las explicaciones en torno a la desaparición de El Machete, la incómoda revista del Partido Comunista dirigida por Roger Bartra, ni se molesta en contar por qué el antropólogo dejó la dirección de La Jornada Semanal”, denuncia Villarreal en medios nacionales.
“La de Musacchio es una historia aséptica, descolorida y sin relieves. El conflicto entre Octavio Paz y la revista Nexos a causa del Coloquio de Invierno, con la resultante expulsión de Víctor Flores Olea de la presidencia de Conaculta, es abordado someramente -y vaya que en este librote lo que sobra es el espacio-, y el lector que quiera ahondar en la polémica entre el premio Nobel y Monsiváis en Proceso se quedará en las mismas si se limita a la sosa referencia de este volumen”, subraya Villarreal enumerando sucesivamente en su artículo lo que denomina “imprecisiones” y “ausencias”.
Para empezar, Humberto Mussachio revira a quienes lo acusan de no usar un método propio del historiador.
“Yo soy un periodista. Los periodistas lo somos porque sabemos recabar la información, porque sabemos presentarla ordenadamente a los lectores. Lo que he hecho es eso: Llevar el ejercicio periodístico a las dimensiones de un libro, que es una nota mayor. Yo no soy de métodos, yo soy un periodista empírico, yo no sé de métodos”, refiere a ZETA.
– ¿Qué criterios tomó en cuenta para seleccionar cuáles publicaciones y cuáles no entraban en su obra?, pregunta el reportero.
“Las pocas publicaciones de la época dan noticia de cuáles eran los periódicos más importantes. Repasé las publicaciones del Siglo XVIII, he leído bastante, nunca es bastante, pero he dedicado 30 años de estar leyendo los recuentos del periodismo del Siglo XIX y XX. Entonces, a partir de esas lecturas, lo que me dicen, lo más importante de esos momentos fue lo que yo recogí”.
– ¿Cuál es su juicio sobre las críticas publicadas por Rogelio Villarreal, Raquel Tibol y Emmanuel Carballo cuando señalan que su edición contiene graves “imprecisiones” y “ausencias”?
“Supongo que debo tener omisiones muy lamentables, errores que debo enderezar, pero afortunadamente no es lo único que hay en el libro”.
– ¿Es su obra confiable para ser citada en un trabajo serio, aun con las “imprecisiones” denunciadas?
“Las imprecisiones que él (Villarreal) señala, creo que no invalidan un trabajo del volumen que tiene éste. Si lo invalidan, pues que no lo citen. Conforme me acercaba al presente, el universo que tenía que tratar era cada vez más grande. Lógicamente no se pueden abarcar todas las publicaciones del presente, o del pasado más inmediato. Tuve que darle preferencia a las publicaciones más importantes. Lo que hace Rogelio Villarreal es muy loable, es un esfuerzo que yo aprecio, pero Rogelio Villarreal no es Fernando Benítez; entonces yo le voy a dar toda la importancia a Fernando Benítez simplemente por la trascendencia de la obra de uno y de otro”.
Y para no abundar sobre el porqué de las “imprecisiones” y “ausencias” que sus acérrimos críticos le reclaman, Musacchio refuta de una vez por todas, respiro que aprovecha para salir de paso:
“Le tocará a otros hacer una historia más precisa, más puntual de lo que hoy es el periodismo cultural”, concluye irrebatible. |