Tiger Woods: Ni sombra le hacen
Con la sexta conquista del Buick Invitational, el golfista acumuló un total de 62 victorias dentro del Tour de la PGA, ubicándose en el cuarto lugar general en la historia, compartiendo los honores con el mítico Arnold Palmer. En 2009 buscará igualar al gran Jack Nicklaus.
Arturo Durán Hernández
Como es costumbre, Tiger Woods ganó una vez más el torneo Buick Invitational, realizado en los terrenos de la reserva estatal de Torrey Pines en La Jolla, California.
La celebración del domingo fue la sexta en tan sólo diez años para el “Tigre” dentro de los terrenos sandieguinos.
En su debut, allá por 1998, en el siglo pasado, el entonces joven de 22 años terminaba empatado en el tercer lugar de la competencia, anunciando lo que a la postre sería un dominio inconmensurable.
Para 1999, logró su primer triunfo tras nueve meses sin hacerlo, gracias a lo que con el tiempo se ha convertido en el mejor récord para cualquier golfista dentro de la competencia en los terrenos de Torrey Pines.
Un total de 17 golpes bajo par en las rondas finales (266 en total), hacían de ésa una histórica actuación.
Para las primeras ediciones del nuevo siglo, solamente Phil Mickelson (2000-2001), José María Olazábal (2002) y John Daly (2004) se metían en el camino del “Tigre”.
Ya en 2003, la historia era escrita nuevamente por el portador de los colores rojo y negro, quien con ocho bajo par durante aquel fin de semana, se alzaba como campeón. No fue sino hasta 2005 que comenzó con su actual y triunfante reinado.
En esta, su primera participación en el Tour del nuevo año, Woods coronó con un golpe bajo par, su sexto triunfo en la historia del torneo, afirmándose como el mejor de la historia en cuanto a ingresos económicos se refiere.
El dominio ejercido por el “Tigre” se ha convertido en una costumbre que antes era difícil de visualizar, pues mientras se pensaba que estaba destinado para la grandeza del deporte, la imaginación de los muchos expertos apenas alcanzaba a ver un pequeño esbozo de lo que estaba por venir.
Rompiendo barreras cada vez que pisa el campo e imponiendo récords que desde ya se antojan inalcanzables, el “Rey del Golf” ha dejado claro que llegó para colocarse como el mejor golfista de la historia, y de paso también, como el atleta más exitoso del orbe.
Si su carrera se mantiene como hasta ahora, al comienzo de la nueva década, cuando el “Tigre” tenga 35 años de edad, podrá convertirse en el jugador más ganador en la historia de la PGA. Distinción que hasta el momento le corresponde a Sam Snead, que con 82 victorias es el golfista que más triunfos ha conseguido en la historia del serial. En segundo lugar, no sin menos méritos ni brillantez, se encuentra el legendario Jack Nicklaus, quien cuenta con 72 galardones, nombre que hasta hoy sigue siendo una gran marca para el Tour. Mientras que en tercer lugar se ubica Ben Hogan, con 64 trofeos de campeón.
Como mínimo, Woods ya aseguró el cuarto lugar con la victoria del domingo, a la par de Arnold Palmer, escalafón que seguramente ostentará en solitario y que podría convertirse en realidad, de lograr coronarse este 3 de febrero en Scottsdale, Arizona, alcanzando así la cifra de las 63 victorias.
Es por ello que la posible proyección del año, su actual condición de siempre favorito, su calibre y calidad de juego, además de que su edad le ha permitido encontrar un talante más sólido tanto fuera como dentro del campo, son todos factores propicios para que en próximos meses, el nombre de Woods se convierta en sinónimo de excelencia por antonomasia.
Credenciales envidiables que tenían dicha etiqueta, inclusive antes de iniciado el sandieguino y tradicional torneo.
Las rondas iniciales del Buick Invitational vieron cómo mejoraba su mejor récord en el campo, casi sin esfuerzo y tomando en tres días una delantera de ocho golpes sobre su más cercano perseguidor, dejando casi sin emociones la ronda final.
Durante la primera ronda en el campo sur, terminaba con cinco golpes bajo par, gracias a un gran rendimiento en el inicio de los nueve finales. Para el segundo día y con la amplia ventaja a cuestas, Woods trasladó su talento hacia el campo norte y nuevamente resultó con una gran vuelta en los nueve finales, acrecentando su ya respetable delantera a doce golpes bajo par.
Desde ese momento la interrogante de si conquistaría nuevamente el torneo, se esfumó, dando paso a una nueva, la cual cuestionaba por cuántos golpes de ventaja lo lograría.
Ya en el tercer día, con ciertos dejos de sustos climáticos, el “Tigre” continuó con su espectacular paso, pues ahora, de vuelta en el campo sur, logró tirar ocho golpes por debajo de par, manteniendo esa cifra de ventaja sobre el segundo lugar y dejando en menos 18 su promedio total.
La ronda final se acercaba, amenazada por los cambios climáticos y sometida al libre albedrío del dios Tláloc.
Los organizadores tomaban sus precauciones y el estacionamiento del estadio Qualcomm como espacio alterno, en caso de no poder albergar a los visitantes en los terrenos de tierra acostumbrados.
Pero lo anterior quedó solamente en simples amenazas. Como si el cielo se hubiera puesto de acuerdo con la historia, tanto Woods como el Rey Sol se asomaron con fuerza sobre los acantilados, e hicieron de Torrey Pines algo suyo.
Si bien, todos su números y triunfos le avalan como el número uno del mundo, el desempeño que mostró el domingo por la tarde, no fue el más brillante de su carrera.
Tal vez por la gran ventaja con la que arrancaba la ronda final o la imponderable del acecho climático que en todo momento se hizo sentir durante la semana del torneo, Woods no tuvo la más acertada de las participaciones.
Rápidamente empezó a mejorar su ventaja, realizando un birdie en el primer hoyo, pero después se mantuvo, sabedor de su posición, golpeando solamente lo necesario.
Al finalizar los primeros nueve, solamente llevaba un golpe bajo par.
Para los últimos nueve, Tiger tuvo que contender además con el factor lluvia, pues tras un soleado inicio que inclusive provocó un aumento de temperatura, el viento se hizo presente acompañado de una pertinaz precipitación. Provocando que el juego de Woods decayera, ya que por primera vez, cometió tres bogeys de forma consecutiva, siendo que en los primeros tres días, solamente había sufrido uno.
Hecho que no había ocurrido desde el año pasado, cuando en Bay Hill cometió no sólo tres bogeys, sino que lo hizo de forma creciente, acumulando un bogey en el hoyo 16, un doble bogey en el 17 y uno triple en el 18.
A pesar de ello, la ventaja que ostentaba era basta y suficiente como para pensar siquiera en ser alcanzado, mucho menos superado.
Fiel a su costumbre y tras los errores cometidos, el “Tigre” mostró sus rayas y consiguió un birdie en el último hoyo, para finalizar con un golpe bajo par en el día y un total de menos 19 en la competencia, embolsándose 936 mil dólares y sacando ocho golpes de ventaja sobre el segundo lugar.
Tras Woods quedó el japonés Ryuji Imada, gracias a un impresionante día final en el que cosechó 67 golpes (5 bajo par), logrando la bolsa de 561 mil 600 dólares.
En tercero, se ubicó Stewart Cink, quien no tuvo el mejor de los días, pues tras ser el más cercano perseguidor de Woods, finalizó con un golpe arriba de par (73).
Por su parte, el segundo mejor jugador del mundo, de acuerdo al Ranking Oficial de Golf Mundial, Phil Mickelson, culminó su participación compartiendo el sexto lugar final.
Mientras que el mejor jugador latinoamericano ubicado fue el chileno Camilo Villegas, quien con un total de 285, se posicionó en el treceavo escalafón, también de forma compartida.
Tras la premiación, Tiger se dio el tiempo para declarar sus impresiones del torneo y explicar el porqué de su baja de juego.
“Hoy no tuve mis mejores golpes iniciales, pero aun así pude conseguir el juego que conseguí durante esta semana. Solamente tengo que mejorar esos primeros golpes y ojalá el resto de mi juego sea igual, si no es que mejor”, precisó.
Previo a la competencia, el jugador había declarado que buscaba elevar su juego a otro nivel, asomando así la posibilidad de que el mejor Tiger está por venir, a lo cual se refirió:
“Uno nunca llega, estoy empezando a mejorar, estoy realizando golpes que antes no podía hacer, inclusive en el 2000, la gente piensa que uno juega muy bien, pero yo en lo personal creo que estoy jugando mucho mejor ahora que en ese tiempo. Es una evolución constante, todavía tengo aspectos que necesito mejorar, pero creo que hasta ahora voy en la dirección correcta”.
Cuando se le cuestionó si ésta ha sido su mejor forma de juego, de forma tajante contestó un rotundo no.
Sobre su sexta victoria en Torrey Pines, dijo entre risas que el campo ha sido demasiado benevolente con él.
“Desde mi etapa infantil hasta la profesional, simplemente siempre he jugado bien aquí, me siento muy cómodo. Puedo leer muy bien los greens y eso me ayuda mucho. Es una de esas cosas donde ciertas personas tienen cierta afinidad con un campo en específico, como Sam (Snead) en Greensboro y Nicklaus en Augusta”, expresó Woods.
Acerca del récord que está por imponer y la cantidad de torneos que ha ganado, comentó: “Pues es como el récord de Nicklaus, como el de Snead, toman tiempo. No van a ocurrir de la noche a la mañana y van a tomar mucho tiempo, ellos lo lograron en una carrera entera y yo creo que en éste, mi treceavo año en el Tour, apenas estoy empezando mi propia carrera”.
Respecto a cómo se da cuenta de sus propias deficiencias y de sus fortalezas, respondió:
“Pues, es con el toque, lo tengo o no lo tengo, me siento lo suficientemente cómodo con la bola en mi juego corto, y sí tengo la capacidad para lograrlo. Me pregunto si le imprimí la velocidad suficiente, todo ese tipo de pequeños detalles. A fin de cuentas uno lo siente. A finales del año pasado me costó trabajo mi juego corto, así que me puse a trabajar en eso y creo que lo arreglé”, concluyó.
El seis veces campeón en el torneo sandieguino, se despidió esperando volver en el verano próximo, cuando se dispute el Abierto de Estados Unidos en los campos de Torrey Pines, seguro de su fortaleza y madurez en el juego, que ha adquirido con el pasar de los años.
Con esto, el mejor jugador del mundo en la actualidad y cuarto mejor en la historia del deporte al que nadie le hace sombra, ha afirmado que espera que su mejor momento en el golf todavía esté por venir.
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