|
|
 |
 |
Militares
Jesús Alberto Sandoval Franco
Para fortuna de los mexicanos, nuestro país ha vivido una larga etapa de paz interior, alterada mínimamente por efímeros brotes de imitadores de la guerrilla. Por fortuna, también hemos estado alejados de participar en conflictos bélicos en el extranjero, por lo cual el ejército nacional no ha tenido necesidad de verse involucrado en tareas que podrían considerarse como las más típicas y riesgosas de la milicia, a través de la guerra civil o foránea.
El mayor éxito contemporáneo mexicano, aún con sus sinsabores y desilusiones, es la revolución política del año 2000, sin armas, ni sangre.
Las circunstancias de la vida política en suelo azteca han deparado para nuestra fuerza castrense otras tareas, como lo ha sido emblemáticamente el auxilio a la población en casos de desastre, mediante el anteriormente programa más conocido con participación de los militares nacionales, el reconocido plan DNIII, donde hemos visto solidarias imágenes de cumplidos soldados rescatando a desvalidas víctimas de la fuerza de la naturaleza.
También se reconoce al ejército en su celebración anual, cada 19 de febrero, a partir del año 1950, cuando el presidente Miguel Alemán declaró ese día para tal propósito. Los soldados y sus tanques forman parte infaltable en los desfiles, cuando se lucen las armas nacionales y el Presidente de la República se deja ver en su carácter de mando supremo de las fuerzas armadas.
Sin embargo, paulatinamente la figura del ejército en México ha ido transformándose ante los ojos de propios y extraños, principalmente por dos factores, por una parte, la incapacidad y corrupción de las autoridades civiles, y por otra, la creciente fuerza del narcotráfico y la delincuencia organizada, lo que en conjunto ha generado una población convertida en víctima del crimen y el vicio.
Frente a esa cruda realidad, al gobierno federal no le ha quedado más remedio que enviar a los soldados a la primera línea de combate a la inseguridad, y si al principio sólo era en la sierra destruyendo plantíos, luego se trasladaron a las vías de comunicación a través de retenes y filtros, llegando ahora hasta donde antes no los imaginábamos, como es patrullando las calles, encabezando los operativos y el grado máximo, de cara a la sociedad y a los medios de comunicación.
Esto último, por inusual y extremo, ha despertado inquietudes en ciertos legisladores, académicos y defensores de los derechos humanos, y debe de hacernos reflexionar a todos acerca de cuál debe de ser el rol del ejército mexicano en la actualidad y en su futuro a mediano plazo.
Un punto de partida podría ser el decir que para que se emita una opinión objetiva y realista, hay que evitar las posturas radicales en el tema. En este momento, ni deben de quedarse los militares en el cuartel, ni debe pensarse que permanecerán indefinidamente en la calle.
Por una parte, es cierto que la constitución mexicana establece claramente el papel del ejército y que el estado de derecho en que nos desarrollamos implica que la sociedad se regule ordinariamente por las autoridades civiles, pero, especialmente en Baja California y sobretodo en la Ciudad de Tijuana, está más que claro que sin la presencia y actuación militar no habría habido freno a la inseguridad.
Es un hecho, la delincuencia rebasó en actuación, recursos y armamento a las corporaciones y sólo con la participación del ejército se han podido dar golpes contundentes al crimen organizado, pero también es verdad que los soldados se rigen por otras formas con las que no siempre comulgamos los civiles, lo que implica roces y riesgos que en estos momentos son menores a la inseguridad en que vivimos, y deben considerarse costos transitorios, mientras no se conviertan en patente de corso.
Tras de estas realidades, a nuestro juicio, más bien debemos de centrarnos en el proceso mediante el cual la sociedad y los tres órdenes de gobierno, a través de sus tres poderes, trabajemos en la evolución de los acontecimientos, para que en una forma adecuada se produzca el retorno de la milicia al cuartel, una vez que esté garantizada la seguridad de la población.
Todo es cuestión de contar debidamente con los militares.
El Licenciado Jesús Alberto Sandoval Franco es Director de ALAS, S.C. y Coordinador del Comité de OSC’s promotores de Cultura de Legalidad.
Recibe correo electrónico en: as@alasweb.com y su página de internet es: www.alasweb.com
|
 |
|
 |