Borrar la historia
Concepción Vizcarra de Arámburo
La Constitución política de los Estados Unidos Mexicanos, fue promulgada por el Congreso Constituyente el 5 de febrero de 19l7 en la ciudad de Querétaro; su texto, que consagra postulados sociales de la revolución mexicana, fue una aportación de la traducción jurídica mexicana al constitucionalismo universal, dado que fue la primera constitución de la historia que incluye derechos sociales.
Las conmemoraciones de los hechos relevantes y heroicos… están siendo relegados al olvido, la historia ya no cuenta como materia en la Secundaria, gran parte de la población escolar ignora qué es lo que se conmemora el 5 de febrero. Borrar la historia es conveniente para el conservadurismo de quienes dirigen los destinos de la patria a fin de que las nuevas generaciones no conozcan una historia heroica de constante lucha de ideas y propuestas entre conservadores y liberales.
Los congresistas de aquel año de 19l7, al plasmar en la Constitución un ideario social y liberal, a pesar de la fuerte oposición del poder político, económico y eclesiástico, pudieron lograrlo gracias a la capacidad de reconocer el profundo sentido de la historia y de hacer valer su férrea voluntad de servicio a la patria. La ambición a los sueldos infamantes que en la actualidad lleva a los pleitos electorales para ocupar las curules en el congreso y los escaños en el senado, no tuvo cabida en ese debate de altura.
La Constitución plagada de reformas, violada en las garantías individuales y derechos sociales que otorga a la ciudadanía; infringida en la potestad y soberanía de la patria mediante el saqueo de los recursos naturales, el gran daño a la ecología, la venta a extranjeros de playas y tierras fronterizas, en fin la Constitución por lo general ha sido letra muerta para las autoridades que al iniciar su cargo protestan cumplirla y hacerla cumplir.
Incumbe a la ciudadanía conservar el marcado contenido social, ideario y sentido liberal de la Constitución, así como la potestad sobre todos los recursos naturales de nuestro país. Ya sean las reformas o una nueva constitución como se pretende, no se debe permitir dar retroceso suprimiendo las garantías individuales, y derechos sociales. Tal vez en un futuro, la participación de la ciudadanía en una política del pueblo, logre hacerlos efectivos.
Por ahora está en juego la privatización o no de la industria petrolera, que nunca ha estado al servicio de los mexicanos sino de la más grande corrupción administrativa y sindical. Quienes prefieren la privatización porque los grandes intereses económicos en juego de alguna manera les aportarán beneficios, esgrimen toda clase de argumentos para justificarla.
Para quienes pensamos que PEMEX debe conservarse como patrimonio de la nación, no permitir que la explotación extrajera mediante la inversión se lleve las utilidades, creemos que el camino para que la industria petrolera pueda salir del hoyo en que se encuentra, para que pueda rendir beneficios a los mexicanos, es necesario librarla de la corrupción, explotación, ambición y latrocinio, del saqueo de su sindicato, sus dirigentes, sus contratistas, de la ordeña de sus ductos, de la codicia gubernamental que tiene petrolizado el gasto público, en fin de todos los vicios a los que desde siempre ha estado expuesta.
Para finalizar, una pregunta que no creo tenga respuesta. ¿Para dar autorización de uso de suelo al tan cacareado magno proyecto del Valle de las Palmas, consideraron el daño a la ecología y cómo obtener agua para abastecer a los grandes negocios y proveer el consumo de millones de personas cuando se prevé la escasez cada vez más grave del vital líquido? Por lo pronto, va a circular mucho dinero, que es lo que cuenta; por lo demás, que sé: averigüen quiénes lo van a sufrir.
Concepción Vizcarra de Arámburo es luchadora social y reside en Tecate, B. C.
Correo: concepcion_vizcarra@hotmail.com
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