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Malo y cursi
Contrariedadez | Raúl Paredes y Hernández
“Dícese de la persona que quiere ser fina y elegante sin serlo”. Es la definición que nos otorga el diccionario.
Pero a lo mejor Usted se dio una mucho más clara idea si se detuvo a leer la semana pasada, en este mismo Zemanario, la nota (pagada por supuesto) en la que se describieron las “virtudes” de un nuevo desarrollo habitacional que se construye en la mera entrada –más bien salida– de Tijuana, frente a lo que ya conocemos como “Pueblo Amigo”.
El nuevo conjunto al que me refiero se tuvo que llamar, claro: “New City” (ciudad nueva, para los que no tatachen el inglés). En fin, por originalidad, no queda…
Pero eso no es todo, no; aunque en el tema de publicidad, lo he comentado hasta el cansancio, “se vale de todo”, hay veces que “se pasan” como dicen los modernos chavos.
Un paréntesis grande (mire, se me había olvidado pero esos de la publicidad de la leche LaLa, siguen sin dar una por acá. ¿Se recuerda que les hice ver que, su frase en las carteleras “Yo soy de aquí, y mi leche LaLa, también” contiene una doble falsedad? Una, la del tipo, claramente un yucateco con guayabera y cabeza cuadrada, indudablemente extranjero de estas tierras diciendo: Yo soy de aquí…; y, la otra, la leche, que no es de aquí, sino proviene de la región de La Laguna. ¡Doble engaño!
Bueno, pues el publicista no da una como le digo. Ahora promociona un queso de la misma marca, que se lee: “que está en boca de todos”. Lo que pasa es que la figura que apoya la frase en la cartelera resulta ser a las claras ¡un conejo! ¿Desde cuándo –que sepa yo– el queso ha sido de la preferencia de los conejos? A este cuate ya lo hubiera corrido…)
Bueno, pero debo de ir al tema de hoy: lo cursi.
Es más, no sé si debiera usar “cursi” o “exceso de chilanguez”. Deje, mire, le explico:
Ya hemos aceptado que, desde hace algún tiempo, en las primeras planas de nuestro periódico, se anuncie algo que los empresarios –emprendedores ellos– ofrezcan, y han juzgado que, por la fuerza de penetración del ZETA, mejoren sus ventas. Así, en esta sección, se han anunciado, desde tacos y compañías telefónicas, hasta casas.
Este fue el caso de la semana pasada. El promotor, por voz de un representante, ingeniero él, describió las virtudes que –dice– tendrá el desarrollo y que, concluye, haría que para los futuros ocupantes sea “como vivir en Estados Unidos, pero en Tijuana”.
Hace ya treinta y tantos años, cuando era yo chilango, al venir a radicarme en Tijuana adquirí un departamento para vivir allá, en San Diego. Tenía, lo mismo que ofrecen éstos de acá, alberca, canchas de tenis, jardines, limpieza pero…estaba rodeado de gringos.
“Vivir en Estados Unidos” significa que además de las comodidades, que nadie niega –y hay que pagarlas–, tiene uno que soportar a los americanos; a su tipo de vida, y la falta de convivencia entre ellos…
Además, agrega: “se está creando un pequeño Manhattan dentro de Tijuana” ¡Hágame Usted el re cab…n favor! ¿Cómo puede decir eso…?
“…se logró, con la ayuda del municipio (sic), mover la línea SENTRI hacia la Vía Rápida (re contra sic), desahogando el tráfico de manera definitiva.”
Mire, y Usted y yo nos creímos lo que dijo la prensa sobre esta modificación: que había sido Capella, quien hasta asistió a la ruptura del camellón del bulevar Centenario…
No sé sinceramente qué hubiéramos hecho los tijuanenses sin los “…20 años de experiencia y respaldo de Banorte”, el “grupo de inversionistas de la Ciudad de México” y los “algunos” locales que han desarrollado este espacio… según nos recalca al ingeniero promotor, al inicio de su perorata.
“Vivir como en Estados Unidos” ¡Ni loco! ¡Vaya argumento…!
En fin, si quiere vivir como en “el otro lado” ¡éntrele!
Y como ya estoy encarrerado tengo que comentarles lo que hoy, lunes 11, leo en el Frontera cuando habla sobre ¿qué cree? ¡Claro! La vivienda…
El diario pone en boca del director del INFONAVIT, el Ing. Víctor Manuel Borrás, algunas aseveraciones que ojalá tenga tiempo para aclarárnoslas.
Mire, por ejemplo, sobre el tamaño de las casas, dicen que dijo que el INFONAVIT no puede normar ni intervenir en el tamaño de las casas.
Me permito recordarle al ingeniero, si no lo sabe, que lo menos que podría hacer es no financiarlas. Al nacer el “Programa Financiero de Vivienda” en los sesenta y tantos, el FOVI, iniciador de todo este chisme, dentro de sus normas excluía proyectos que no entregaran, cuando menos, catorce metros cuadrados por persona en las viviendas, es decir, para una familia típica debían construirse entre 55 y 60 metros cuadrados habitables; ya después hemos visto con pena, que este mismo organismo “ha doblado las corvas” ante la presión de los promotores (y de los mismos gobiernos e institutos que quieren “promocionarse” con la construcción de vivienda).
Y, en un recuadro de la página, el director de la CANADEVI de los promotores, el señor Melo, apoya diciendo: “son más chicas en otros países”.
Debo aclararle que se refiere a Japón que, con 125 millones de habitantes en 372 mil kilómetros cuadrados no le queda de otra; mientras tanto México tiene un millón 972 mil kilómetros cuadrados. ¡Tres veces más superficie de terreno! Y todavía le faltó, hubiera dicho que en África y en el corazón del Darién, son de bejuco, adobe, palmas y piso de tierra…
Por si fuera poco, en la misma plana del diario –más abajito– nuestro arzobispo Romo anuncia que “Irá la Iglesia a domicilios, por el diezmo ‘voluntario’ (éstas comillas son mías)”
No, si le digo…hay días que dan ganas de salir corriendo…
El Ingeniero Civil Raúl Paredes y Hernández, reside en Tijuana, B.C. Correo electrónico: raul3824@prodigy.net.mx
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