Walesa en Baja California
Germán Orozco Mora
“En primer lugar, aprendí a creer en el destino como me enseñó mi madre. Por último, enriquecido por la experiencia, tuve la revelación, gracias a la Iglesia, de lo que envuelve la palabra Fe. Esas son las nociones que, con mi propia intuición, orientan las opciones de mi existencia, y que hasta ahora me han salvado de las peores catástrofes”. Lech Walesa, ex presidente de Polonia. Premio Nobel de la Paz 1983.
Lech Walesa es un humilde electricista polaco que llegó a ser presidente de Polonia y premio Nobel de la Paz 1983, compañero y discípulo del Papa Juan Pablo II. Junto con millones de personas de Europa del Este, desafiaron al régimen soviético comunista. Que finalmente se derrumbó al concluir los ochentas.
Walesa dirigirá una conferencia en Mexicali este 23 de febrero, dentro del Congreso Internacional sobre la Vida.
Es un honor para Baja California recibir la visita de este premio Nobel de la Paz; esencialmente un carismático líder político social inspirado en la libertad religiosa que intentó desaparecer el régimen ateo soviético de Moscú.
En Wadowice, pueblo natal de Karol Wojtyla, puede observarse la unidad de sentido que tiene la vida político-religiosa de los polacos. De un costado frente a otro, la casa familiar junto a la Iglesia y enfrente el museo del Sindicato Solidaridad fundado por Walesa y los obreros del mar Báltico desde 1970.
Cientos de miles de obreros, intelectuales, familias, niños, jóvenes, inspirados bajo la protección de Nuestra Señora de Czsestokowa murieron en las prisiones comunistas, en las calles, en sus propias casas. Pero lograron restablecer la perseguida cultura católica polaca. Milenaria como puede admirarse en el castillo de Wawel, la catedral de Cracovia.
Repletos hoy de hamburgueserías, y comercios, antros y la modernidad encima, los polacos están olvidando el sentido del sacrificio que de su vida hicieron sus padres en generaciones masacradas por la Alemania nazi y la Rusia soviética; Juan Pablo II no se murió sin habérselos dicho cara a cara, en sus visitas a Polonia.
Si el ejemplo de los líderes humanos fuese perpetuo no surgirían siglo con siglo personajes como Lech Walesa; pero si con Jesús Nuestro Señor los mismos apóstoles tenían embotada la mente pensando en qué comer, las generaciones actuales necesitarán otros líderes espirituales para continuar por los caminos de la vida, la libertad, los derechos humanos.
Miles de negros están más interesados en el rap y la vida cómoda que colaborar con Obama en refundar Estados Unidos con los ideales de Emerson, o de Luther King. A los polacos también no les llama ya la atención, por ignorar muchos el sacrificio de Walesa y Wojtyla. Igual muchos advenedizos ignorantes de la historia de Baja California no saben ni quién fue Esteban Cantú, Ernesto Ruffo o Héctor Terán. Lo mismo ha de pasar en la India con Tagore y los Gandhi.
Y Walesa estará en Baja California este 23 de febrero del 2008.
Un sencillo electricista líder del sindicato Solidaridad que desafió a uno de los regímenes más atroces de la historia rusa. Nunca estuvo solo, jamás lo habría logrado; él estuvo en la cárcel, mientras millones de polacos murieron en campos de exterminio rusos o nazis, otros asesinados como el padre Jerzy Popieluzko en Varsovia en 1984, a manos de de la policía secreta.
En México, los amigos de Walesa no se llamaban polacos porque no colaboraban con el régimen criminal de Jaruzelski, se auto nombraban poloneses en el exilio, motivados por sencillas publicaciones como ARKA bajo la dirección de Jerzy Skorina.
Walesa debe sentirse en México como en su casa. Su personalidad es inseparable de la de Juan Pablo II. Juntos guiaron los destinos de Polonia para superar la difícil situación de Polonia asfixiada por el comunismo soviético que finalmente cedió a la fuerza del cristianismo internacional. Como reconocía Billy Graham, líder evangélico, invitado en 1977 a predicar en las catedrales católicas polacas por su entonces amigo el Cardenal Wojtyla.
Al visitar Baja California vienen a la memoria del bienestar aquellos momentos inspiradores de la historia actual, cuando la responsabilidad recayó en personajes como Lech Walesa, Vaclav Havel, Nelson Mandela, Desmond Tutu, Mijail Gorbachov, el Dalai Lama, Madre Teresa, y otros líderes.
Desde finales de 1984 tras el secuestro y la muerte del mártir amigo de Solidarnosc, Jerzy Popieluzko, sacerdote en Varsovia, escribe Walesa que los polacos cantan inspirados en la fuerza moral de aquel testimonio sacerdotal:
El padre Jerzy
Mi Patria
tantas veces en la sangre ahogada.
Que profunda es hoy tu herida
Que interminable tu sufrimiento.
Tantas veces deseaste la libertad
tantas veces te estranguló el verdugo;
pero siempre era la mano de un extraño
en tanto que ahora, mata el hermano al hermano…
Germán Orozco Mora reside en Mexicali.
Saeta87@yahoo.com
|