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El divo

Gurú de la música

El productor musical Gustavo Santaolalla, ganador del Óscar por su trabajo en “Secreto en la Montaña” y “Babel”, fue homenajeado en el XXIII Festival Internacional de Cine de Guadalajara. En los últimos años el argentino ha tenido una relación por demás exitosa con el séptimo arte.

Juan Carlos Domínguez

El año pasado se instituyó el “Premio Guadalajara”, siendo el cineasta Guillermo del Toro, hijo pródigo de tierras tapatías, el primero en recibirlo. Ahora el reconocimiento con el que abre el XXIII Festival Internacional de Cine de Guadalajara, se le concede a un músico argentino: Gustavo Santaolalla.    

Para quien pudiera inquietar el hecho de que un galardón tan importante se le entregue a un productor musical en un certamen eminentemente cinematográfico, sobre todo  más reconocido entre los grandes públicos por su prolífera y destacable carrera como compositor y productor de muchísimos discos  para grupos y cantantes de rock y pop; tales como Café Tacuba, Maldita Vecindad, Molotov, Julieta Venegas y Juanes -por mencionar sólo algunos- , basta traer a la memoria la relación, además muy exitosa, que Santaolalla ha mantenido en los últimos años con el séptimo arte, precisamente musicalizando filmes como “Diarios de Motocicleta”, “Amores Perros” y “21 Gramos” -las dos últimas del mexicano Alejandro González Iñárritu-, que le han valido no sólo una buena cantidad de Premios Grammy, sino nada más y nada menos que el Premio Óscar, aspiración máxima de todo el que realiza cine, y que él ganó como encargado de la banda sonora de “Secreto en la Montaña” (“Brokeback Mountain”), del realizador Ang Lee; y por segundo año consecutivo el mismo galardón -haciendo mancuerna otra vez con González Iñárritu-, por “Babel”. Al par de estatuillas también hay que agregar un Globo de Oro y el Bafta, otorgado por la Academia Británica.

Si en el ámbito de la industria discográfica su excelencia no estaba en duda -es considerado un gurú en ese mundo-, los frutos cosechados en el cine no son menos valiosos y, como buen argentino, el propio Santaolalla lo presume. Y es que la Academia renovó su forma de apreciar los soundtracks en las películas.

Aunque el productor argentino se dice especialmente honrado y conmovido por haber recibido el “Premio Guadalajara” en un país que tanto ama y con el que ha mantenido una estrecha relación, acepta que los premios no le son tan importantes: “Los reconocimientos no dejan de sorprenderme, no es una cosa a la que ya esté acostumbrado, pero nunca he hecho nada por obtener un reconocimiento, nunca he hecho discos diciendo ‘éste lo voy hacer para ganarme un Grammy’ o ‘voy hacer esta película para ganarme un Óscar’.

Y si bien los reconocimientos otorgados por la Academia de Artes Cinematográficas de Hollywood le han reportado millonarios ofrecimientos y contratos (recientemente se encargó del musicalizar el primer videospot publicitario para la firma Louis Vuitton), Santaolalla también descarta la ambición: “Nunca hice nada por dinero, no digo que el dinero no me sirva ni me interese como al resto del mundo, pero nunca ha sido la motivación que me ha llevado a hacer las cosas. Por suerte igual mis hijos pueden ir a buenas escuelas y todo eso, y por suerte los reconocimientos han llegado sin buscarlos también”.                

Santaolalla no se siente genio, pero contrario a lo que señalaba antes, tampoco un privilegiado de la buena fortuna. “Uno puede tener suerte una vez, dos veces, tres; pero ya cuando tienes 11 Grammys, dos Óscares, dices, ‘bueno, algo debo tener yo que conecta con la gente’”. Se considera,  pues, simplemente talentoso, y con muchísimo trabajo de por medio.

“Lo que sí me siento orgulloso, en el caso de los Óscares, es haber sido parte de un cambio, un gran cambio dentro de la mentalidad de la Academia, porque ésta tenía una gran tendencia, casi instalada, de premiar o celebrar o reconocer sólo el score de carácter orquestal. No es que tenga algo en contra de eso, pero no me parece que es una manera en que uno pueda propulsar una historia o que pueda musicalizar una película; entonces cuando gané con ‘Secreto en la Montaña’ me pareció un gran cambio, porque es un soundtrack, como todos los que he hecho, bastante minimalista; y el otro año volver a ganar con ‘Babel’. Y si bien es distinta en la música, tiene ese tipo de parámetros, el uso de silencios, de espacios, de poca instrumentación; fue una confirmación. Entonces creo que hoy puede ganar un soundtrack con una orquesta o puede ganar un soundtrack hecho con una flauta. Y me siento orgulloso de haber sido parte de ese cambio”.

Dos grandes pasiones…  y mucho tango
   
Compositor y productor de más de cien álbumes musicales, además de liderar a la banda  Bajofondo Tango Club, Gustavo Santaolalla deja claro que la música es su gran pasión. La gran cantidad de discos en su haber contrasta con las solamente siete películas en las que ha tenido participación. No obstante, ama con la misma intensidad el cine.                  
El artista de ahora 55 años, empezó a los cinco a tocar la guitarra. A los 10 ya componía, a los 15 formó Arco Iris, su primer grupo; a los 16 ya producía sus discos, estudiaba la secundaria y tenía todo el afán de una preparación profesional: “Eso estaba caminando y tenía intenciones de hacer cine; siempre me encantó y me fascinó el cine. Desgraciadamente en Argentina vivimos muchos años de horror, y entre esas consecuencias del horror, aparte de la desaparición de 30 mil personas, existían medidas como por ejemplo cerrar el Instituto de Cinematografía, por considerarlo un foco de subversión. Entonces me quedé sin hacer cine. Seguí con la música pero siempre fue un interés que estuvo ahí, y que afortunadamente en los últimos años se me ha dado la oportunidad de estar cerca del mundo del cine”.

Y fue el XXIII Festival Internacional de Cine en Guadalajara la ocasión de descubrir la misma intensidad con la que el músico argentino vive su faceta dentro del séptimo arte con “Café de los Maestros”, filme que inauguró oficialmente el evento. Dirigida por Miguel Kohan, la cinta tiene una especial significación para Gustavo, porque no sólo participa musicalmente, sino que es la primera en la que funge como co-productor y guionista.  Estrenada en el Festival de Berlín, el público en Guadalajara fue el primero en conocerla en Latinoamérica. Junto a estos elementos, la excitación en Santaolalla se acrecienta porque ahí está su identidad.   

“Café de los Maestros” se centra en el tango, baile, y más que baile forma de vida, del Río de la Plata, y nos presenta a los creadores, excepcionales y maravillosos como los califica su compatriota, de los temas clásicos del tango, así como músicos e intérpretes de orquestas de los años cuarentas y cincuentas, época dorada de ese género.

Ubicado en al ámbito del rock y el pop, es decir, la parte comercial de la música, Gustavo Santaolalla en realidad nunca se ha desprendido de las raíces musicales de su cultura y del folclor latinoamericano en general, y de cierta forma desde adolescente lo había venido aplicando en su música, o en los discos que ha producido de artistas como Café Tacuba o Maldita Vecindad. Ha venido haciendo pues, desde siempre, eso que ahora llaman fusión. De hecho, en los ochentas recorrió la Argentina de punta a punta, junto con el cantautor León Gieco, registrando los orígenes más honestos de la música, la de aquellos hombres comunes que la hacen porque la llevan integrada a su vida y no piensan en grabar discos o aparecer en televisión.  

La tarea investigativa era titánica y faltó tiempo, además de los altibajos del país, y nunca se concluyó el proyecto: “En mi vida el tango era una asignatura pendiente, y me dediqué más a la fusión con el folclor: el tango siempre lo vi como una música muy sofisticada, la cual sabía en algún momento de mi vida iba a abordar”.  

Entonces creó Bajofondo Tango Club, grupo contemporáneo con mezclas electrónicas conformado por músicos argentinos y uruguayos, en el que se llega a difuminar la esencia del tango, pero que finalmente conectó a Santaolalla con la semilla: “Me dio la necesidad de ir a buscar realmente la fuente, con la gente que había originado la música de tango en su forma más pura”.

Con Bajofondo, el productor argentino cerró una obra total tanguera que tenía bien definida. Hacer unos discos, luego un libro, después un concierto en el emblemático Teatro Colón, y finalmente todo ello reunido en la película “Café de los Maestros”.
Con ello no sólo deja una obra fílmica, sino un legado artístico al que afirma haberse acercado con mucha inocencia y curiosidad ante el desafío de poder reunir a 30 eminencias del tango en su era más gloriosa, gente muy vieja  a las que ahora les caracteriza su escepticismo frente a los géneros modernos, y más al lado de un productor venido del mundo del rock y el pop, para el que fue un logro ganarse su confianza: “Pero la verdad, y creo que lo van a ver en la película, como se sintieron tratados con muchísimo respeto y muchísimo cariño, se entregaron totalmente al proyecto, y hoy en día son los mejores defensores de ese proyecto, y los que llevan la bandera realmente son ellos, gente que oscila entre los 70 y 95 años de edad. Desgraciadamente tres de ellos ya han fallecido luego de haber hecho la película”.


Mucho cine… y más

Entre 300 filmes, una treintena de países representados, además de homenajes, presentaciones de libros y funciones de gala, transcurre el XXIII Festival Internacional de Cine de Guadalajara, que se celebra desde el 7 hasta hoy 14 de marzo en la capital tapatía.

El Auditorio Telmex fue la sede de la ceremonia inaugural, con alfombra roja por donde pasaron menos celebridades de las que se esperaría, o muchas de ellas simplemente por ser realizadores o actores extranjeros desconocidos para el público mexicano.

Entre aplausos y ovaciones para la figura de Germán Valdez “Tin Tan” -homenajeado en esta edición- y abucheos para el alcalde del municipio de Zapopan, el evento arrancó entregando de manos de Yolanda Montes “Tongolele”, el galardón post mortem al legendario actor cómico: “Como diría mi padre, es un agradecimiento muy ancho”, expresó la actriz Rosalía Valdez.

Por su parte, Joselo, integrante del conjunto Café Tacuba, entregó el “Premio Guadalajara” al productor musical Gustavo Santaolalla.

Además de 115 largometrajes en competencia y 39 documentales, se presentan películas de Argentina como país invitado este año, y en voz de su Embajador en México, Jorge Raúl Yoma, “… temía mucho que después del partido Boca Juniors con Atlas, me hayan quitado de los invitados, así que no se enojen muchito”. “El Café de los Maestros”, filme argentino, abrió oficialmente el festival.

En el transcurso de la semana también se ha homenajeado a la productora Bertha Navarro (“Un Embrujo”, “El Laberinto del Fauno”, “Cronos”, “Cabeza de Vaca”), al cineasta, poeta y pintor argentino Fernando Birri, y a los realizadores Fernando Pino Solanas y Lita Stantic.

En funciones especiales se han presentado los filmes “Away from Her”, de Sarah Polley; “Fados”, de Carlos Saura; “Honneydripper” de John Sayles y “Redacted”, de Brian de Palma. Así como la magna obra “Napoleón”, de Abel Cancel, en función concierto con orquesta sinfónica dirigida por Michael Zearott, en el seno del Auditorio Metropolitano de Guadalajara.

Las fiestas es un apartado en el que el festival también se destaca, por parte de muchas de las producciones participantes y la misma ofrecida por el comité organizador, celebrada este año en la antiguo Arena Coliseo, al ritmo de los sones y homenaje pachuco de la Maldita Vecindad, y al calor del ron y el sabor de tacos al vapor.

El día de hoy concluirá el Festival, con la ceremonia de premiación para las producciones que participan en el rubro de Mejor Largometraje de Ficción Iberoamericano, Mejor Largometraje de Ficción Mexicano, así como Documentales y Cortometrajes Mexicanos e Iberoamericanos, donde se distinguirá no sólo a los realizadores, sino también a los actores, musicalizadotes, fotógrafos y ópera prima.


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