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La atención a la educación, es el punto de partida

Héctor Ramón González Cuellar

¿Tienen solución los problemas de la educación, su demanda de cobertura, inversión, infraestructura, calidad docente, la deserción escolar y la falta de puentes con el sector productivo del mismo Estado y de los empresarios?

La respuesta es negativa. Dentro de este sistema capitalista neoliberal salvaje, donde cada vez por (i)responsabilidad política de los gobernantes, sus instituciones y los poderes facticos son incapaces de resolver el fondo del problema por sus intereses, los  rezagos se tornan más grandes y complejos.

¿Pero hay soluciones? Claro que sí las hay, pero no provienen de un sistema con instituciones decadentes, acabadas, probadamente ineficientes o en algunos casos  francamente inútiles para atender las necesidades cada vez más complejas de la sociedad marginada de una pobreza que tiende a la miseria. De un Estado del  prometido bienestar que sólo en campañas políticas electorales demagógicas se instala en el gastado discurso del “presidente del empleo, la pasión por el hueso, o las manos limpias”.

Sólo existe en las palabras pero se pierde dentro de las políticas, los programas y presupuestos de gobierno.

La vía de intento real de soluciones está en la sociedad, en su organización, en su conciencia de la comunidad, en su poder de vertebrarse desde los ciudadanos, la familia,  la comunidad, los barrios, las escuelas, los sindicatos, los centros de trabajo social. La clave de comprometer los recursos para atender sus demandas de empleo, salud, educación, trabajo, seguridad, cultura y justicia.

Los retos de la educación superior fue la línea que se marcó el pasado viernes 29 de febrero para analizar las circunstancias del proceso que literalmente sufre el país en la formación de conciencia y capacidades de los jóvenes.

Profesionistas por la Democracia convocó a cuatro catedráticos de educación superior donde estuvieron profesores del Cetys, la UABC y el ITT, donde ofrecieron su visión del campo fundamental de la formación del conocimiento de las vías del aprendizaje de los retos que vivimos los mexicanos en la instrucción.

Fueron cuatro los desafíos prioritarios más graves que la sociedad mexicana enfrenta en el campo educativo. La falta de inversión para crear la capacidad instalada con los espacios de formación teórica y práctica para atender la demanda de millones de jóvenes que aún no ejercen el derecho a una profesión técnica social o humanista.

El acceso a la educación superior en México es de un privilegiado 22% de los jóvenes entre edades de 18 a 24 años. Sólo citemos Argentina, Brasil o Chile, donde el 50% de los jóvenes de ese rango de edades tiene oportunidad de cursar una licenciatura en ciencias económicas o ciencias exactas. Pero en Chile, Bolivia, Venezuela o Panamá también las personas jóvenes y de bajos ingresos tienen mayores expectativas de  ingresar a un campo que les cambia la vida al cursar una carrera porque la inversión es superior a la que los políticos mexicanos de la federación y los estados le han asignado en las ultimas décadas.

Esto se agudizó en contra del desarrollo del país, desde 1982 que arribó el azote del  capitalismo neoliberal con De la Madrid, acentuado por Salinas, Zedillo y Fox. Con Calderón será cada vez peor, al menos los institutos tecnológicos están a la suerte de las cuotas de sus estudiantes para sobrevivir. Esta realidad consta en los hechos.

Las escuelas se han convertido en fábricas de expulsión de niños, adolescentes y jóvenes por diversas causas, desde la falta de métodos didácticos de los maestros, la ausencia de capacitación de los docentes, pasando por los magros sueldos de los profesores que no tienen ingresos dignos ni condiciones adecuadas para ejercer su profesión. Un salario de 2,100 pesos quincenales por 16 horas a la semana frente a grupo, en educación superior es un insulto.

Pasando por estudiantes que provienen de familias desintegradas social, moral y económicamente, con fisuras de violencia intrafamiliar, padres o hermanos con problemas crónicos de desempleo, alcoholismo o drogadicción.

Los alumnos opinan que se van de la escuela por razones económicas, pero también, porque las deficiencias de los maestros, no se pone el acento ni propicia el ideario de razonamiento crítico autodidáctico y la línea de disciplina técnica, moral y honesta de los altos directivos del sistema educativo son cualquier cosa menos líderes de la educación. Reyes Tamez Guerra y su sucesora no pintan con el perfil deseable para líderes de la educación.

El otro problema no es menos grave, el tema es ideológico: la educación está diseñada para hacer generaciones autómatas, profesionales incompletos sin conciencia social. La mala educación se ha hecho costumbre. El abandono de la clase política del universo de la educación es claro al privatizarla en los hechos. El déficit económico, la corrupción, el sindicalismo torcido descompuesto, moral y técnicamente, mediatiza  y neutraliza la capacidad cuestionadora y por tanto la idea de cambio de transformación evolutiva de  la sociedad, al crearles un estado de confusión que neutralice la inconformidad y lucha social de las comunidades locales y regionales.
Esta inyección de veneno ha creado una actitud de rechazo al cambio. El pobre reaprendizaje de los maestros se ve como una pesada carga por muchos docentes. La irresponsabilidad del alumno de asumir su rol con el tiempo de estudio es producto de un sector de profesores que carecen de auténtica vocación pedagógica.
Los maestros no aprenden como debieran para renovarse y al estado no le interesa invertir en su actualización. El contraste más evidente es el desarrollo de la educación a la par con la productividad y competencia de India, China, Corea, Singapur y Japón que han quintuplicado y modernizado sus espacios educativos, sus presupuestos para  construir lo primero que hay que “fabricar”; lo más importante de una sociedad son las atenciones, los cuidados a los nuevos seres humanos, sus cerebros, capacidades y las actitudes que les permiten avanzar a una calidad de vida con rango más humano.

Héctor Ramón González Cuellar es profesor e investigador del Instituto
Tecnológico de Tijuana.
Correo electrónico: hrgcuellar9@hotmail.com


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